Todavía no nos queda claro si suenan ya las campanas de vuelta a las aulas y el profesorado ya está dividido entre los que desean volver a e...
Hoy me gustaría dedicarte este escrito a ti, madre confinada, en el día en el que gran parte del mundo celebra tu dedicación, tu esfuerz...
Pero claro, algo que no se planifica, que se hace de la noche para la mañana, sin ningún tipo de recomendaciones o de guías para un desarrollo eficaz, tiende a guiarse por la improvisación y por prácticas del estilo ensayo error. Y esto es lo que ha acontecido con la educación en los últimos meses. Aquellas personas que ya realizaban un trabajo de la competencia digital de una manera ordenada y eficaz desde las aulas, bien por estar interesadas en la educación desde esta perspectiva, bien por pertenecer a programas impulsados desde las diferentes consejerías de educación; actuaron de manera muy profesional y al grano. Pero el resto de los mortales, nos hemos tenido que ir adaptando a la situación, como buenamente hemos podido y en muchos casos sin herramientas o conocimientos que otros en este modelo educativo equitativo, sí tenían. Y claro, ante la falta de formación y la exigencia en rapidez, hay un enemigo que puede dilapidar todo futuro progreso en este tipo de modelo educativo, y este es la ausencia de reflexión, tónica general desde que empezó la crisis del COVID-19.
¿Hemos reflexionado los docentes sobre la peligrosidad a la que exponemos a nuestros discentes (y a sus familias) al enfrentarlos a herramientas que en muchos casos no se dominan?
¿Nos hemos preguntado sobre la idoneidad y la seguridad de las plataformas a las que nos unimos?
¿Dónde quedan cuestiones como la protección del menor y la protección de datos en muchas de las prácticas educativas a las que muchos nos hemos sumado?
¿Ya no nos preocupa el ciberacoso entre iguales?
¿Dónde ha quedado esa reflexión acerca de la sobre estimulación que producen los medios tecnológicos en la infancia?
Es curioso como en esta situación, hemos tirado de recursos informáticos sin hacer el mínimo ejercicio de reflexión acerca de lo que es mejor para el alumnado. Si yo tuviera que explicar desde mi punto de vista, cómo el profesorado está desarrollando su práctica educativa en esta pandemia; yo no tendría otro remedio que reconocer de un modo muy crítico, que da la impresión de que a este gremio le ha importado más lo que digan de su trabajo que lo realmente importante, los alumnos.
Creo fehacientemente que lo primero que un docente tiene que tener en cuenta a la hora de afrontar la educación de los niños y adolescentes ...
La jornada de ayer, ha sido para mí, apoteósica e imagino que de igual manera la habrán vivido no solamente el colectivo docente en sí, sino también las comunidades educativas que venían solicitando por diversos medios, tan solo una premisa para este tercer trimestre: certidumbre.
De las declaraciones de la Ministra de Educación, Celaá, en la comparecencia de ayer, entiendo que esta incertidumbre que ha reinado en torno al hecho educativo a distancia (así lo quieren llamar ahora, para que no insistamos en la brecha digital), se ha reducido, pero también plantea nuevos horizontes y trama nuevos sucesos que prontamente conoceremos. Isabel Celaá habló de proporcionar "certidumbre en un momento de incertidumbre" lo cual venimos pidiendo a gritos todos aquellos relacionados con el actual sistema educativo.
De entre lo que he sacado en claro de las declaraciones de la ministra cuando dice que "se mantiene la duración del curso escolar" es que éste no se acaba, como veníamos pidiendo muchos, abalados en la idea de que este tipo de modelo educativo crea desigualdades palpables. Con lo cual, todos aquellos que trabajamos a diario desde el modelo educativo presencial para limar las diferencias entre nuestro alumnado, tendremos que pasar por el aro y seguir con nuestra labor aun a sabiendas de que no llegará a todos los alumnos y a las alumnas por igual.
En cuanto a la impartición de nuevo contenido en este tercer trimestre, la ministra habla de "adaptar la actividad lectiva a la situación" y de que se "flexibilizará el currículum y las programaciones didácticas". Es decir, que no se posiciona, porque si bien insiste en que los aprendizajes estarán guiados en torno a competencias imprescindibles y a que se favorecerá el repaso y el refuerzo con actividades globalizadoras y competenciales; también recuerda que existe una "autonomía curricular". ¿Y esto qué es? Pues que los centros educativos tenemos derecho a ejercer nuestra labor desde una perspectiva metodológica propia, pero también las Comunidades Autónomas tienen la competencia de organizar los centros dependientes según sus criterios. ¿Qué pasará hoy? Pues que en algunas Comunidades Autónomas se pedirá a los docentes que avancen en contenido y en otras no. Claro que no nos lo van a decir con este lenguaje, nos lo van a decir con otra terminología, pero esto va a ser así. Y no me pongáis a prueba, porque últimamente estoy muy pitonisa, y lo de Zoom y las clases por videoconferencia, lo vi venir antes del descalabro.
Todos entendimos, o yo al menos, así lo quise entender, que cuando se habla de aprendizajes competenciales imprescindibles y al menos en mi etapa educativa, que es la que domino (Educación Primaria); la ministra se ha querido referir a la lectura, la comprensión lectora, la destreza escritora y crecación artístico literaria, el cálculo, el conteo, las operaciones básicas y el traslado de este conjunto abstracto a la realidad del alumnado. También las competencias en comunicación artística o en otras lenguas extranjeras y cooficiales, además del acercamiento a la realidad científico tecnológica del mundo que nos rodea. Pero, en general, y para que me entienda todo el mundo: leer, escribir, comprender, ejecutar operaciones, resolver situaciones, avanzar en lo básico que el alumnado ya poseía en la educación presencial. Se habla de refuerzo, de repaso, no de adelantar contenido académico, muy en contra de la línea que muchas CCAA ya habían tomado. Misma línea ejecutiva que la que determinó las acciones del Consejo Escolar del Estado. Por este motivo pienso que aquí cada cual va a actuar de una manera distinta y que como siempre al profesorado y a las familias nos tocará acatar aquellas decisiones que se tomen, según nuestro lugar de residencia. Así de real, dependiendo de donde vivas, tendrás la educación que merezcas.
Pero nada de esto parece ser importante porque lo que los medios han querido retratar desde la tarde de ayer han sido las medidas tomadas con respecto a la evaluación del alumnado. La Ministra Celaá expresó que "se adaptará la evaluación, la promoción y la titulación". Pero de esto a lo que se ha trasladado en los medios con el gran titular del "aprobado general", hay mucha distancia. Lo entiendo, oye, hay que vender periódicos. Estos mismos medios ya lo hicieron en su día con el caso de las medidas educativas que se tomaron en Italia, donde también se reconoció la necesidad de promoción general. El problema es que aquí en España se tradujo como aprobado general, porque en este país tenemos serios problemas para diferenciar la promoción de la evaluación, no digamos ya si hablamos de la calificación.
En grandes rasgos, evaluar es aplicar una serie de criterios fundamentales (criterios de evaluación) que me indiquen que mi alumno domina los conocimientos y habilidades competenciales necesarios para adquirir los objetivos generales impuestos por ley mediante las administraciones. Como también se dijo ayer, debe tener un carácter formativo y de diagnóstico. Pero, ¿es que no lo tenía hasta ahora? ¿Es que no era lo que estábamos haciendo? A fin de cuentas, se evalúa para mejorar la competencia del alumnado en esas destrezas básicas y la competencia profesional del docente que analiza si su práctica está siendo eficaz con respecto al grupo clase y sus circunstancias. Otra cosa muy distinta es la calificación. Calificar es poner un número a una prueba, tarea, trimestre, lo que sea. Calificar es poner una nota, y como te dije en esta otra entrada, Las notas académicas, el engaño; no suma ni aporta información, ni para el alumnado ni para las familias. ¿Qué información me da un 4 en inglés? A mí, ninguna. Simplemente, que el alumno está suspenso. Pero, ¿en qué tiene que mejorar? ¿Qué estrategias debe seguir para llegar al aprobado? ¿En qué habilidades necesita trabajar (habla, escucha, destreza escrita,...)? Esto no me lo aporta un número, una cifra, sino el ejercicio de la evaluación que ya se venía haciendo en el aula. Lo que me ha gustado es que se pida un informe de evaluación, que solo espero no quede en un mero gesto burócrata más que aumente nuestro trabajo de un modo poco consciente. Y por último tenemos la promoción. Promocionar es pasar de curso o de etapa escolar. Se produce tras la evaluación y calificación. ¿Puede promocionar un niño o una niña con una asignatura suspensa con una calificación de un 3? Sí, según nuestro sistema educativo y dependiendo del curso y la etapa. Por tanto no debemos confundir promoción con evaluación, ni tampoco con aprobado. ¿Cuál será el escenario que tengamos este año? Pues que en algunos cursos y etapas el alumnado promocionará con asignaturas suspensas, puede que más que las habituales y lo hará de este modo porque esta situación excepcional tiene que tener de por sí, medidas excepcionales que le acompañen. No hay más polémica. Promocional NO es lo mismo que aprobar.
Volviendo a la evaluación, será entonces una situación de evaluación de diagnóstico en la que adelantemos para el siguiente curso académico, aquellos aspectos en los que nuestro alumnado debe mejorar, especialmente el que tuvo dificultades propias del aprendizaje derivadas por sus características personales o resultado de la situación de desigualdad generada por el COVID-19. Este tipo de evaluación que se nos pide, continua, de diagnóstico, formativa; estará orientada a elaborar las "medidas de recuperación" en el curso siguiente, el 2020-21.
La palabra clave para entender las adaptaciones del sistema educativo a la crisis del Coronavirus, será por tanto, promoción. Y se nos da a entender que su opuesto, la no promoción, será una medida excepcional. El problema es que la repetición (o no promoción) en el actual sistema educativo también se contempla como una medida extraordinaria, debiendo agotar recursos educativos necesarios (esto en la teoría, porque en la práctica y después de sucesivos años de recortes, no abundan) para evitar tomar esta medida. Sin embargo, España está muy por encima de la media de OCDE en la tasa de repetición, siendo el 4º país de este conjunto con mayores cifras. Yo solamente espero, que todos consensuemos que esta promoción general se aplique sin incidencias y pensando que una medida como la repetición debiera ser para la mejora en el curso siguiente del alumnado, no como un castigo. En el caso de que se tome esta medida, la de no promoción, ayer se estableció claramente que esta decisión deberá estar "sólidamente argumentada y acompañada de un informe de recuperación". Nos dejan claro que la norma general a tomar es la promoción.
Y este es el análisis que en lo personal he hecho de las declaraciones de la Ministra Celaá de ayer, pero sé de buena tinta que las interpretaciones que las diferentes CCAA hagan de esta realidad tendrá muchos matices. Aun con todo, me conformo, y me adelanto en decir que a nivel general sí se ha reducido mi sensación de incertidumbre. Creo que llega el final de las tareas desmedidas y que se empieza a vislumbrar cierto trabajo en la paliación de las desigualdades. Prefiero y elijo ser optimista, por mi alumnado, por mi salud, pero sobre todo, porque entiendo que la educación debe dejar de ocupar un lugar protagonista en esta crisis en la cuál, necesitamos valorar más otras cuestiones fundamentales como superar primero que nada, el riesgo sanitario y emocional. Todo lo demás, puede esperar. Yo, promociono, y a menos que mi Comunidad Autónoma me sorprenda, sigo afrontando este momento como #MaestraDeclaradaEnRebeldía; pero viendo una pequeña luz al final del túnel.
Aprende del ayer, vive para hoy, ten esperanza para mañana.
Creo que con el paso de los años pocos olvidaremos el tercer trimestre del curso 2019-20; pero más certeza tengo todavía acerca de que a día...
Es curioso, como algo tan ridículo y microscópico como un virus, haya sido el responsable de hacernos ver la realidad. Bueno, eso espero, porque a lo mejor necesitamos más que esto...
Verás, hasta donde yo lo entiendo, solo se puede superar esta crisis epidémica, entendiendo que el ser humano es un animal eminentemente social. Como seres sociales necesitamos estar y conectar con los demás, necesitamos vivir en sociedad y colaborar y cooperar, pues ha sido así desde nuestros ancestros; lo cual, al ser determinante en nuestra supervivencia se ha grabado a fuego en nuestro ADN. Necesitamos a los demás, porque solamente así, podemos sobrevivir.
El problema es que durante mucho tiempo, no solamente no hemos estado conectados a los demás, sino que hemos estado ausentes, consumidos por las nuevas tecnologías, enganchados a las pantallas. Hace tiempo que no valoramos a las personas, hace tiempo que muchos de los nuestros que pasan hambre o mueren buscando un lugar mejor donde vivir, han dejado de importarnos. Nos hemos adaptado y habituado a que la violencia nos sea servida en bandeja y le quitamos importancia porque no nos toca de cerca. Permitimos que nos hundan en una crisis económico financiera que no pedimos, pero nos subimos al carro con contratos basura y apoyando la precariedad laboral, comprando por Amazon, desterrando cualquier gasto en cultura para poder comprarnos el último Iphone. Hace tiempo que la economía se corona antes nuestras narices y como la mayor de nuestras drogas, nos creamos necesidades una tras otra, mientras el vecino no tiene ni siquiera un lugar en el que poder dormir. La voz de los niños ya no nos importa, porque hace tiempo que no son considerados como ciudadanos con derechos, y los ancianos son tratados del modo más despiadado sin tener en cuenta todo lo que han entregado para que este fuera un lugar mejor.
Este mundo que creamos con cada compra, que afianzamos con cada acto, es lo que nos merecemos, porque hemos destrozado nuestra sociedad con el más potente de los venenos, la falta de empatía.
Y fíjate cómo es el universo, tan equilibrado, que nos tiene que recordar que lo único que necesitábamos era conectar entre nosotros, hablarnos más, estar más tiempo presentes, centrados en lo realmente importante: las familias, los amigos, la sociedad unida dentro del confinamiento. Ha sido necesario hacer reflexionar sobre los modos de producción y el teletrabajo para darnos cuenta de que algunos profesionales son imprescindibles, lo cual es el caso de los docentes. Pero también, que otras personas, otros trabajadores, son el doble de productivos, si les damos la opción de conciliar de verdad. Hemos pasado del maltrato al personal sanitario, al aplauso. Hemos pasado de la actividad frenética al retiro, de no tener tiempo para los seres queridos a echarlos verdaderamente de menos, en lo frío de la ausencia de contacto físico. Hemos pasado de admirar a famosos e influencers a darnos cuenta de lo que aporta un policía, una persona que cultiva alimentos, la cajera de un supermercado. Pero más importante, nos hemos dado cuenta de que hoy en día nadie está a salvo, por más dinero que tenga, por más estatus, por más followers. Y sólo necesitábamos sentir, lo que el otro sentía, ver con sus ojos, compartir su corazón.
Tan solo era una cuestión de empatía. Y ahora dirán que si esto era por el cambio climático, o por los políticos, dirán que fueron los chinos, o alguien que creó el virus en un laboratorio. Pero esto ha pasado por nuestra falta de respeto hacia nosotros mismos, porque nos hemos fallado, porque hace tiempo que se valora la competencia, el liderazgo y todas esas chorradas que te quieren vender, pero solo hacía falta dejar de mirarnos el ombligo y entender que si no estamos unidos, no superaremos ni esto ni nada. La sociedad de la peste bubónica, seguramente al princio también pensaba que no era para tanto. Pues mira, sí que lo es, una pandemia siempre lo es, por más inconscientes que todavía tengan el valor de salir a calle, a costa de otros valientes, que velan por nuestra salud jugándose la suya, caso de las fuerzas de seguridad.
El virus no es lo peor. Lo peor que nos ha pasado es no ser capaces de ver que esto no lo superamos si no estamos todos unidos, si no recuperamos la empatía emocional. Así que, por favor,
#QuédateEnCasa
Esta sociedad totalmente corrompida y destrozada, devastada y aniquilada por sí misma; ha tenido el buen hacer de sumarse a causas individua...
Desde hace varios días se habla de una supuesta reunión para mañana en la que en teoría se hablará de la posibilidad de cerrar el curso académico. Debo reconocer que cuando escuché esto por primera vez, me sentí bastante abrumada, y en lo primero que pensé fue en aquellos alumnos y alumnas que más me necesitan (vamos, al menos, desde mi concepción); pero visto lo visto y tal y como se están desarrollando los hechos, creo que es la mejor solución.
Sé que esto supondría un esfuerzo estratosférico para las familias, que ya están asumiendo un modelo de crianza sin precedentes históricos, pero no encuentro mejor desenlace a esta situación decadente. El cierre del curso ahora mismo acabaría con el estilo académico que se ha venido desarrollando en las últimas semanas; un modelo antipedagógico que en muchos casos, más que ayuda, trae consigo la destrucción de aquellos valores por los que hemos luchado durante tantos años.
Estado de peligro de valores transcendentales en la educación actual.
Y mientras esperamos que el gobierno central tome medidas que igualen el panorama educativo y esto no parezca un contínuo de ensayo error, en el que cada docente y cada centro educativo hacen algo diferente a través de plataformas distintas; recordar que ahora mismo peligran muchas de las convicciones o ideas que son protagonistas del modelo educativo presencial. Sin un ápice de exageración por mi parte, me gustaría reflexionar hoy, acerca de las características del sistema educativo español que están peligrando a costa del modelo pedagógico resultado de la crisis del Coronavirus.
Equidad educativa.
Durante las últimas décadas, ha sido una premisa de nuestro modelo educativo, la idea de equidad. Pero no debemos confundir el término equidad con igualdad, pues la equidad del sistema educativo va mucho más allá de una simple equivalencia. Un sistema educativo equitativo, es un modelo integrador que lucha por atenuar las desigualdades sociales, económicas, culturales, de género, etc; de tal manera que garantice un acceso universal y con igualdad de derechos a este mismo. Así contado, puede parecer que igualdad y equidad son lo mismo, pero nada más lejos de la realidad. La desigualdad educativa se mide en resultados académicos, como una dispersión de la norma por cuestiones como la capacidad, el interés o el esfuerzo del alumnado. Sin embargo, inequidad educativa atendería a una dispersión de esta norma centrada en las circunstancias económicas y familiares de los discentes.
Es más que evidente que ahora mismo, existe una desigualdad palpable en este nuevo modelo educativo, centrado por las circunstancias del COVID-19, en la teleformación. El gobierno central estima que son en torno al 12% del cómputo total de familias, aquellas que no tienen acceso a Internet, y por tanto no pueden acceder al sistema educativo, o más bien, a las conocidas tareas de aprendizaje que estos días se están enviando al alumnado. La famosa brecha digital, que está dilapidando la equidad educativa.
Recomiendo leer el artículo de Laia de Cosetes de no res, en el que hace una aproximación más teórica y mejor traída sobre segregación y la equidad, desde su perspectiva como docente de pedagogía diferencial.
Inclusión.
Por otro lado, al modelo telemático que ya hemos comprobado que a día de hoy no es para todos, se le suma otro efecto de desigualdad en estos momentos, y este no es más que la inclusión educativa. Años y años trabajando en un modelo pedagógico inclusivo, lo cual ha costado y cuesta esfuerzos individuales y globales muy cuantificables, para ponerlo ahora mismo en peligro. Tal y como hemos planteado las tareas o actividades a realizar por el alumnado en casa, no siempre cumplimos con las adaptaciones necesarias para estos nños. Recordemos que existe un porcentaje del alumnado de todas las etapas educativas que sin un tipo de educación personalizada, y un apoyo constante, no alcanza los objetivos de estas actividades extracurriculares (si los tienen).
Numerosos docentes se han manifestado en estos últimos días en apoyo a un tipo de discentes que nos necesitan más que nunca. Que las familias tengan que salir a la calle con un pañuelo azul atado en las muñecas, para que entendamos que hay circunstancias personales que necesitan de medidas extraordinarias; no es más que un ejemplo de lo que nos queda por trabajar a nivel educativo y social en el modelo inclusivo de sociedad.
¿Cómo podemos plantearles a las familias diversas que afronten el trabajo de un docente en estos momentos? Esta es, en mi opinión, la cara más amarga de esta realidad. Como siempre, los más desfavorecidos son los más perjudicados en situaciones como esta crisis del COVID-19.
Recomiendo este artículo de María Eugenia Pérez en el que destaca el paso hacia atrás que estamos dando en este sentido.
Los deberes.
Quizás el punto que más polémica está causando entre las familias es el de los deberes. Dice Toni Solano en su twitter que este puede ser este el año en el que por fin nos demos cuenta de que las actividades extracurriculares o "deberes", son un despropósito que no tiene valor añadido. Bueno, él no dice despropósito, pero lo digo yo. Esos listados incongruentes de actividades faltas de toda lógica educativa que no son más que un mero ejercicio repetitivo, niños y niñas trabajando de sol a sol en una situación de crisis social, sanitaria, económica,...; no son más que el relato de un sistema educativo que en las últimas semanas no deja de dar pasos atrás en el respeto por las libertades de los niños. Por suerte empiezan a leerse cada vez más escritos que nos hacen ser conscientes de este discurso de los deberes desde un prisma adultocentrista, de como no estamos pensando en los niños y en las niñas a la hora de planificar las tareas y actividades a realizar en casa.
En este sentido, a pesar de que no me ha gustado el tono en el que se erije cómo representante de toda la infancia mundial, Mar Romera; me parece que lo que transmite está muy acertado y espero que cada día más personas muestren su desacuerdo con esta locura.
Para la administración, los docentes no somos más que personas que elaboran listas de deberes o hacen vídeos de Youtube para luego poner más deberes. Así de trágica es una situación que por más lamentable que sea, vuelve a poner el foco de mira en uno de los contextos que más discrepancias y más distancia han generado entre familias y docentes.
Metodologías activas.
Y, ¿dónde quedan las metodologías activas en el desarrollo curricular en casa? A mí que no me vendan que se puede trabajar por proyectos o mediante el trabajo cooperativo en el hogar, porque esto es radicalmente imposible. Con lo que nos ha costado dejar de ser el foco de atención en el modelo educativo, para que los niños comenzaran a ser los auténticos protagonistas de su aprendizaje... Si no paramos esto, volveremos a la clase magistral antes de lo creemos.
Convivencia y valores.
Evidentemente no es culpa de nadie, pero los niños y las niñas, adolescentes y personas en edad escolar, perderán el elemento social que tantos aprendizajes a nivel de valores otorga la convivencia escolar. Aunque no exento de polémica, la formación en valores ciudadanos, en mi opinión no debe nunca contemplarse desde un prisma reduccionista que la relegue al ámbito familiar, pues es el centro educativo el mejor escenario para entender y comprender qué es convivencia. Sin embargo esta situación, deja en el ámbito de los hogares, estos aprendizajes, que si bien son parte de la educación familiar, en mi opinión se ven incompletos pues sesgan desde la ideología de cada familia y muchas veces no promueven un espíritu crítico en el alumnado. Y sí, de esto pecamos todos, incluida yo misma.
Toda una serie de contenidos relacionados con las habilidades sociales, la empatía, y en general, con el amplio abanico de la educación emocional en su componente más social, saldrá perjudicado por algo tan simple como es la falta de contacto.
Competencia digital.
Con esta pandemia se ha abierto una caja de Pandora que se preveía estallaría con todas sus fuerzas y esta es, ni más ni menos, que el desarrollo de la competencia digital tanto de alumnado como de profesorado. Resulta que tenemos a toda una generación de alumnos que tienen cierta destreza y habilidades en el manejo de plataformas como Youtube, redes sociales, videojuegos, etc; pero que no sabe cómo poner un acento en un documento escrito. Esto, para hacernos una idea de cómo hemos manejado esta competencia en el desarrollo curricular del alumnado. Por otro lado, en el caso del profesorado, tenemos tres cuartas partes de lo mismo. Cada uno de nosotros nos hemos especializado en las plataformas que hemos considerado oportunas o pertinentes, como herramientas para el ejercicio de la docencia, pero todo esto lo hemos hecho en muchos casos de manera autodidacta. Esto ha favorecido que no exista un consenso o unión acerca de las destrezas que un docente debe desarrollar ni tampoco una plataforma única que nos hubiese permitido estar todos formados para hacer frente a una situación como esta.
Recomiendo también la lectura de este artículo de IneveryCrea en el que he tenido el placer de compartir con otros 18 docentes, mis sentimientos acerca de esta crisis educativa. Aquí encontrarás a docentes que sí han hecho los deberes a la hora de trabajar la competencia digital en las aulas, para poder llevarla a cabo estos días.
Calidad docente.
Y por último, me gustaría acabar con la pérdida de calidad docente resultado de los nuevos métodos de enseñanza online. Espero que nadie se sienta ofendido con alguna de mis ideas, pero especialmente, cuando afirmo que hemos perdido calidad como docentes, calidad y calidez. Yo creo, que este era el momento de reivindicar nuestra valía, pero nos ha llevado la marea... Este era el momento de hacer ver a nuestra sociedad que nuestro trabajo es imprescindible, que sin nosotros, este mundo se para, que los docentes somos el motor de los cambios sociales que se dan a gran escala en nuestra sociedad. No teníamos más que hacer ver que nuestro trabajo no se puede replicar en los hogares, que se nos necesita, que durante años nos hemos estado formando para la sociedad del futuro y aunque con la competencia digital, a nivel general, aprobada por los pelos; hemos logrado un nivel de calidad docente fruto de nuestro sacrificio y trabajo a pesar de la situación de recortes continuados. Pero no, nos hemos sumado, de un modo totalmente disperso a hacer lo que buenamente hemos podido hacer, sin darnos cuenta del detrimento hacia nuestro propio colectivo.
No era el momento de llevar la educación a los hogares, ni lo será nunca, porque hacemos falta. Si se pudiera replicar lo que sucede en un aula mediante las TIC, ya no seríamos necesarios. Y esto es lo que había que reivindicar, que nuestro trabajo importa, que sin nosotros no hay educación. Los primeros días de confinamiento, ante una convivencia de veinticuatro horas en los hogares y con las primeras actividades, creo que se entendió la capacidad de trabajo, siempre criticada, que poseemos. Este era el momento de parar. Pero no. Queríamos más. Queríamos ser los mejores docentes, porque si hay algo que abunda en nuestro colectivo es la competitividad. Comenzaron a salir los listados de deberes inacabables, las sesiones de trabajo empiezan de mañana y acaban de noche y un Twitter lleno de docentes que afirmaban que trabajan más con el confinamiento que durante las sesiones presenciales... Pues perdónenme colegas, pero si esto es así, ¡qué pena! Qué lástima tener reconocer que no se da el 100% en el contexto en el cual sí se tiene que dar, la educación en las aulas. Pero es que además, no me lo creo. Lo siento, pero esto no puede ser cierto por una razón, y es que hay actividades propias del docente que no estamos levando a cabo (trabajo de departamentos y equipos, conmemoraciones y festividades, convivencia, blibliotecas escolares, actividades complementarias, tareas de dinamización de lenguas, y un largo etc.). Hay tanto del trabajo docente que no se puede hacer con el confinamiento, que me resulta insultante que no seamos conscientes de que en circunstancias normales trabajamos y el doble. ¿A qué tenemos miedo? ¿A la crítica? ¿A que digan que tenemos muchas vacaciones? En estos momentos, lo siento, pero todo esto es secundario, lo que importan son los niños.
Lo peor de esta crisis educativa no es la falta de criterios comunes, la incertidumbre, la problemática de los deberes o la brecha digital. Lo peor de esta crisis es que hemos dejado que nuestra figura y nuestro trabajo vayan a menos y para la opinión pública seamos esas personas prescindibles que solamente sirven para enviar deberes.
Por este motivo y tantos otros, que sin duda quedarán para próximos artículos; yo, como docente y como madre solo pido una cosa, y esto es: acabar el curso académico antes de que sea tarde.
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Podcast sobre la temática:
La filosofía del aula en una generación será la filosofía del gobierno en la siguiente.
Es inevitable en estos momentos no hablar del COVID-19, pero es que además, considero, resulta una necesidad imperiosa. Ante tal acumulación...
Por este motivo considero que las tareas que los educandos deben realizar en este momento, deben ser por pura ética, extracurriculares y pensadas en desarrollar aspectos básicos a nivel competencial. Porque nosotros, como padres, no contamos con las herramientas del docente, y esto es algo que parece que estamos entendiendo. Tarde llega, más creo que por fin lo empezamos a entender. El docente es un agente activo en la transmisión de contenidos y es el que sabe cómo hacerlo, pues este es su trabajo y no el del padre, madre o tutor legal. Sin embargo, muchos son los que están en una óptica distinta y consideran que es necesario que los niños trabajen como en el aula, enviando actividades de carácter lectivo. Esto me parece muy respetable, pues cada quién es libre de enviar el trabajo que considere oportuno, sin más. Pero hay una realidad que es innegable, desde casa nunca se va a dar el aprendizaje del mismo modo que se da en el aula. Esto es, simplemente, imposible.
Si pensamos en una clase cualquiera, desde Educación Infantil a Secundaria, y más a día de hoy con la apuesta por las metodologías activas; este es un escenario en el que el docente y el alumnado interactúan. Hablan, debaten, escuchan, proponen, realizan juntos, actúan. Esto es imposible que se dé en el contexto del hogar. Ni siquiera con el Fliped Classroom se podría mantener el mismo contexto que el del aula, pues esta metodología necesita del aula para plantear las actividades que hacen posible el aprendizaje, no lo olvidemos. El resto, son vídeos de Youtube.
El hecho de avanzar en contenidos en este momento me parece del todo improbable. Por más que intentemos dar lo mejor de nosotros mismos, ¿cómo atender a una duda?, ¿cómo comprobar que mi clase lo entiende?, ¿cómo poder sustraer de la información que me dé una supuesta corrección de tareas, los diferentes niveles de aprendizaje? (el alumno que necesita un refuerzo, el que ha aprendido lo básico, el que necesita información a mayores,...). ¿Cómo pues, podremos recibir ese feedback que solo te sirve la interacción del aula?
La parte de las familias tampoco está mejor. No sabemos el nivel de adquisición de contenidos que poseen. No conocemos acerca de las situaciones familiares de cada alumno, de cómo están viviendo esta crisis, si tienen familiares con positivos o con ingreso hospitalario. Puede haber familias que estén sufriendo un infierno, padres, madres o tutores que se hayan quedado sin trabajo, o que ya no lo tenían y se les est´´e haciendo enorme esta situación. Puede haber casas donde ni siquiera se pueda pagar algo como el WIFI. Pero ante todo, el reconocimiento de que yo, como madre, no tengo ni idea de cómo enfrentarme a mi hijo como discente. Y lo digo yo, que soy maestra. No me quiero imaginas cómo se sentirán muchas familias, la inseguridad añadida a los momentos de tensión en esta convivencia tan divergente.
Nadie parece entender que nuestra figura se muestra más necesaria que nunca, pero también que la escuela es un lugar de aprendizaje per se. Si nos fijamos en todas esas enseñanzas que a nivel social se dan en el recreo de un colegio, enseñanzas sobre la convivencia, sobre el respeto, la empatía, la cooperación; es más que evidente que este confinamiento no las favorece, sino que supone un retroceso, pues este tipo de destrezas desde el ámbito familiar más reducido que supone este confinamiento, las reduce en gran medida. Los colegios, los institutos, son los contextos sociales, lo cual en mi opinión, es uno de los principales desencadenantes del aprendizaje. Este, y la formación y preparación del profesorado.
En definitiva, esta situación no es responsabilidad ni de los docentes, que hacemos lo que buenamente podemos, ni de las familias, que obramos tres cuartas partes de lo mismo. En mi opinión, lo que debieran estar contemplando las autoridades educativas en este momento, no son programas educativos para emitir por el Clan, lo cual no, tampoco sustituye a un docente. Lo que deberían estar pensando es en la inversión que tendrán que realizar en lo educativo para el período post coronavirus. Pensar en programas de refuerzo, siempre lúdicos, que no supongan una carga extra de lo académico, y que garanticen que estos aprendizajes que no se puedan dar en un contexto artificial como el de nuestras casas durante el confinamiento, se dé en un contexto educativo de verdad.
Y para finalizar, no quiero ser alarmista, no quiero que ningún padre, madre o tutor piense que estos son días perdidos. Los niños también pueden aprender otras cosas, muy del ámbito familiar. No solo lo del aula es educativo, pero sin duda, sí que es curricular. Así que no pasa nada si no les enviamos a los niños pilas y pilas de deberes y ejercicios con contenido académico, lo importante es reflexionar sobre los roles de cada quien en esta situación tan compleja. El docente es facilitador de contenido en un contexto no replicable, el padre es facilitador de experiencias, que pudiendo ser también educativas, se relegan a lo familiar.
Mejor que mil días de estudio diligente es un día con un gran maestro.
Se acaba de comunicar la prórroga de otros 15 días de confinamiento domiciliario por causa del COVID-19 y esto ya pasa, honestamente, a preo...
Este año, he sido nominada en la categoría de "Educación analógica y digital" en este certamen que tanta visibilidad da a los blogs como el mío, y aunque como cada año digo: "no voy a hacer campaña porque no tengo tiempo"; no me he podido resistir, como de costumbre. Y es que me siento plenamente agradecida por lo que Madresfera me ha dado de manera totalmente altruista, y con esta entrada pretendo sumarme a las muestras de tantas personas, que estos días aportan visibilidad a la comunicación y divulgación vía blog.
Como cada año, la organización de Madresfera , comunidad de blogs, vídeo blogs y podcast sobre crianza y educación, convoca una cita inel...
Por este motivo, no se me ha ocurrido mejor manera de celebrarlo que iniciarme en el mundo del podcast. Así como te lo cuento. Ya había tenido un acercamiento con las colaboraciones que he podido realizar en el podcast Buenos días, Madresfera; y tengo que reconocer que engancha, por muchos motivos. Es divertido, es muy directo y ves el resultado final mucho antes que una entrada de un blog. Aunque ya sabéis que a mí, lo que me enamora es la comunicación escrita. Sin embargo, después de mucho pensarlo y vencer alguna idea limitante, me he tirado a la piscina y ya podéis acceder tanto en Spreaker como en Ivoox al primer podcast de Atención Selectiva.
El pasado viernes 28 de febrero cumplimos años. Concretamente cinco, desde esta primera entrada sobre atención selectiva , que dio inicio a ...









