Crianza domingo, 22 de marzo de 2020

El contexto del aula es insustituible.

Se acaba de comunicar la prórroga de otros 15 días de confinamiento domiciliario por causa del COVID-19 y esto ya pasa, honestamente, a preocuparme en buena medida. Pero a preocuparme a nivel educativo, y es que las bondades del teletrabajo podrán ser muy beneficiosas en muchos trabajos de oficina, pudiendo permitir una conciliación real para muchos; pero a nivel educativo, esto es un fiasco. Considero que la respuesta que han tenido los centros educativos a la hora de garantizar toda una serie de tareas extracurriculares para reforzar aquellas que sí lo son, ha sido asombrosa. Recordemos, y hablo desde la vivencia más personal, que nuestro colectivo se enteró del cierre de instituciones académicas a media hora antes de la finalización de la jornada lectiva. Aun así, se nos pidió que realizáramos estas actividades en un tiempo récord y hemos cumplido. Y lo hemos hecho en un desconocimiento total de la situación, sin importarle en un primer momento a nadie, nuestro trabajo. Eso sí, pasados los días de confinamiento, no se han hecho esperar las muestras de respeto hacia una figura que, para disgusto de muchos, es insustituible.

Por este motivo considero que las tareas que los educandos deben realizar en este momento, deben ser por pura ética, extracurriculares y pensadas en desarrollar aspectos básicos a nivel competencial. Porque nosotros, como padres, no contamos con las herramientas del docente, y esto es algo que parece que estamos entendiendo. Tarde llega, más creo que por fin lo empezamos a entender. El docente es un agente activo en la transmisión de contenidos y es el que sabe cómo hacerlo, pues este es su trabajo y no el del padre, madre o tutor legal. Sin embargo, muchos son los que están en una óptica distinta y consideran que es necesario que los niños trabajen como en el aula, enviando actividades de carácter lectivo. Esto me parece muy respetable, pues cada quién es libre de enviar el trabajo que considere oportuno, sin más. Pero hay una realidad que es innegable, desde casa nunca se va a dar el aprendizaje del mismo modo que se da en el aula. Esto es, simplemente, imposible.



Si pensamos en una clase cualquiera, desde Educación Infantil a Secundaria, y más a día de hoy con la apuesta por las metodologías activas; este es un escenario en el que el docente y el alumnado interactúan. Hablan, debaten, escuchan, proponen, realizan juntos, actúan. Esto es imposible que se dé en el contexto del hogar. Ni siquiera con el Fliped Classroom se podría mantener el mismo contexto que el del aula, pues esta metodología necesita del aula para plantear las actividades que hacen posible el aprendizaje, no lo olvidemos.  El resto, son vídeos de Youtube.

El hecho de avanzar en contenidos en este momento me parece del todo improbable. Por más que intentemos dar lo mejor de nosotros mismos, ¿cómo atender a una duda?, ¿cómo comprobar que mi clase lo entiende?, ¿cómo poder sustraer de la información que me dé una supuesta corrección de tareas, los diferentes niveles de aprendizaje? (el alumno que necesita un refuerzo, el que ha aprendido lo básico, el que necesita información a mayores,...). ¿Cómo pues, podremos recibir ese feedback que solo te sirve la interacción del aula?

La parte de las familias tampoco está mejor. No sabemos el nivel de adquisición de contenidos que poseen. No conocemos acerca de las situaciones familiares de cada alumno, de cómo están viviendo esta crisis, si tienen familiares con positivos o con ingreso hospitalario. Puede haber familias que estén sufriendo un infierno, padres, madres o tutores que se hayan quedado sin trabajo, o que ya no lo tenían y se les est´´e haciendo enorme esta situación. Puede haber casas donde ni siquiera se pueda pagar algo como el WIFI. Pero ante todo, el reconocimiento de que yo, como madre, no tengo ni idea de cómo enfrentarme a mi hijo como discente. Y lo digo yo, que soy maestra. No me quiero imaginas cómo se sentirán muchas familias, la inseguridad añadida a los momentos de tensión en esta convivencia tan divergente.

Nadie parece entender que nuestra figura se muestra más necesaria que nunca, pero también que la escuela es un lugar de aprendizaje per se. Si nos fijamos en todas esas enseñanzas que a nivel social se dan en el recreo de un colegio, enseñanzas sobre la convivencia, sobre el respeto, la empatía, la cooperación; es más que evidente que este confinamiento no las favorece, sino que supone un retroceso, pues este tipo de destrezas desde el ámbito familiar más reducido que supone este confinamiento, las reduce en gran medida. Los colegios, los institutos, son los contextos sociales, lo cual en mi opinión, es uno de los principales desencadenantes del aprendizaje. Este, y la formación y preparación del profesorado.

En definitiva, esta situación no es responsabilidad ni de los docentes, que hacemos lo que buenamente podemos, ni de las familias, que obramos tres cuartas partes de lo mismo. En mi opinión, lo que debieran estar contemplando las autoridades educativas en este momento, no son programas educativos para emitir por el Clan, lo cual no, tampoco sustituye a un docente. Lo que deberían estar pensando es en la inversión que tendrán que realizar en lo educativo para el período post coronavirus. Pensar en programas de refuerzo, siempre lúdicos, que no supongan una carga extra de lo académico, y que garanticen que estos aprendizajes que no se puedan dar en un contexto artificial como el de nuestras casas durante el confinamiento, se dé en un contexto educativo de verdad.

Y para finalizar, no quiero ser alarmista, no quiero que ningún padre, madre o tutor piense que estos son días perdidos. Los niños también pueden aprender otras cosas, muy del ámbito familiar. No solo lo del aula es educativo, pero sin duda, sí que es curricular. Así que no pasa nada si no les enviamos a los niños pilas y pilas de deberes y ejercicios con contenido académico, lo importante es reflexionar sobre los roles de cada quien en esta situación tan compleja. El docente es facilitador de contenido en un contexto no replicable, el padre es facilitador de experiencias, que pudiendo ser también educativas, se relegan a lo familiar.

Mejor que mil días de estudio diligente es un día con un gran maestro.

✓ Proverbio japonés.

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1 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo. Creo que no es el momento ni la situación para centrarnos en lo académico. Será una generación marcada por el coronavirus (sobretodo quienes se encuentren en el último curso de una etapa educativa). Quizás habrá que ajustar el currículum y la programación del curso que viene. Sin embargo, no me parece tan preocupante como el hecho de estar tanto tiempo sin poder relacionarse con compañer@s y maestr@s de forma natural. Un abrazo. Laia

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