Educación miércoles, 29 de abril de 2020

Educación telemática, desde la reflexión

Creo fehacientemente que lo primero que un docente tiene que tener en cuenta a la hora de afrontar la educación de los niños y adolescentes de manera telemática, cosa la cual ahora mismo está en pleno apogeo; es la seguridad. Se nos ha venido encima un reto sin precedentes históricos, la educación desde los hogares y lo primero que hemos hecho, como cabría esperar, es echar mano de las nuevas tecnologías. Dicho lo cual, me pregunto cuándo vamos a dejar de llamarles nuevas tecnologías a herramientas que existían antes de que yo naciera. Pero vamos, que pronto nos hemos subido al carro del educador a distancia y ante una situación de presión social por parte de administraciones y de la opinión pública también, esto es una realidad; hemos tirado con las herramientas tecnológicas que cada uno o cada una poseíamos antes de la pandemia.

Pero claro, algo que no se planifica, que se hace de la noche para la mañana, sin ningún tipo de recomendaciones o de guías para un desarrollo eficaz, tiende a guiarse por la improvisación y por prácticas del estilo ensayo error. Y esto es lo que ha acontecido con la educación en los últimos meses. Aquellas personas que ya realizaban un trabajo de la competencia digital de una manera ordenada y eficaz desde las aulas, bien por estar interesadas en la educación desde esta perspectiva, bien por pertenecer a programas impulsados desde las diferentes consejerías de educación; actuaron de manera muy profesional y al grano. Pero el resto de los mortales, nos hemos tenido que ir adaptando a la situación, como buenamente hemos podido y en muchos casos sin herramientas o conocimientos que otros en este modelo educativo equitativo, sí tenían. Y claro, ante la falta de formación y la exigencia en rapidez, hay un enemigo que puede dilapidar todo futuro progreso en este tipo de modelo educativo, y este es la ausencia de reflexión, tónica general desde que empezó la crisis del COVID-19.

¿Hemos reflexionado los docentes sobre la peligrosidad a la que exponemos a nuestros discentes (y a sus familias) al enfrentarlos a herramientas que en muchos casos no se dominan?

¿Nos hemos preguntado sobre la idoneidad y la seguridad de las plataformas a las que nos unimos?

¿Dónde quedan cuestiones como la protección del menor y la protección de datos en muchas de las prácticas educativas a las que muchos nos hemos sumado?

¿Ya no nos preocupa el ciberacoso entre iguales?

¿Dónde ha quedado esa reflexión acerca de la sobre estimulación que producen los medios tecnológicos en la infancia?

Es curioso como en esta situación, hemos tirado de recursos informáticos sin hacer el mínimo ejercicio de reflexión acerca de lo que es mejor para el alumnado. Si yo tuviera que explicar desde mi punto de vista, cómo el profesorado está desarrollando su práctica educativa en esta pandemia; yo no tendría otro remedio que reconocer de un modo muy crítico, que da la impresión de que a este gremio le ha importado más lo que digan de su trabajo que lo realmente importante, los alumnos.




Plaformas y seguridad.

Cuando dio comienzo a esta crisis, no sé si por moda o por tirar del recurso fácil, la vídeo llamada se convirtió en el recurso estrella del docente. Sin esperar a cualquier tipo de indicación por parte de las administraciones (cuya falta de rapidez es característica fundamental), el profesorado se sumergió en la aventura de impartir clases del mismo modo en el que nos comunicábamos con nuestras propias familias. Y claro, los problemas no tardaron en llegar. El descalabro de Zoom en cuestiones de seguridad dio el pistoletazo de salida. Tampoco había que ser un hacha en informática para darse cuenta de que una empresa que era una auténtica desconocida antes de la pandemia, ha subido sus cifras de usuarios a costa de algo, y este algo es sin duda, la seguridad de estos mismos. Lo siento muchísimo, pero si nadie lo dice, yo sí lo voy a plantear. Ha sido un auténtico error y está demostrado que ha sido una temeridad emplear este modelo comunicativo con menores.

Pero oye, no nos rasguemos las vestiduras, porque Hangouts de Google tampoco me parece la panacea de la seguridad. Ni tampoco Google Classroom, lo siento. Si hay una empresa que se ha caracterizado por hacer un mal uso de los datos, esta es Google. Y es que a nivel general, todas las aplicaciones de vídeo llamada tienen fallos en la seguridad que proporcionan, motivo por el cual, antes de recurrir a estas deberemos plantearnos si son las herramientas que mejor resuelven esta situación.

En cuanto a los sistemas de mensajería, tres cuartas partes de lo mismo.

Somos animales de costumbres y antes nos dejamos llevar por las modas que por plataformas no tan atractivas pero más seguras. Que yo no he visto, leído o escuchado a nadie que propusiera usar Pidgin, por ejemplo. Pero claro, es que no es tan chula como otras a las que no voy a hacer publicidad.

¿Cuál es la mejor plataforma para transmitir la información a mi alumnado?

¿Si uso plataformas que no son parte del conjunto de herramientas que las consejerías ponen a disposición de los docentes, estoy incurriendo en un delito relacionado con la Ley de Protección del Menor o la Ley de Protección de Datos?

Deberes e Internet 


El formato de deberes que ha generado este nuevo sistema educativo, ha sido en mi opinión, un modelo totalmente insano. No hay que olvidar que en las clases presenciales se hace un trabajo de planificación y de adelantamiento de rutinas del que ahora se carece. Se pone en manos del alumnado o de sus familias este trabajo de ordenar las propuestas académicas (muchas, más que excesivas) lo cual produce estrés y sensación de incompetencia. Esto es algo totalmente lógico porque esta manera de autogestión no está concebida para el trabajo desde las casas.

Por otro lado, muchas veces nos olvidamos que la brecha digital va más allá del alumnado, y las familias también la padecen, no solamente por falta de recursos sino también de formación. Esta situación es incómoda y causa malestar, además de que acrecienta la distancia entre docentes y familias.

Los deberes también han cambiado desde la pandemia, y los hemos enviado sin reflexión alguna.

¿Tienen que sustituir estas actividades las clases presenciales?

¿Tienen que ocupar el mismo horaio?

¿Deben abordarse desde un prisma globalizador o estar organizados por materias?
¿Competenciales?

¿Extracurriculares?

Ciberacoso


Parece que con esto de la pandemia hemos dejado aparcados toda una serie de conflictos y problemáticas sociales que eran parte de nuestras preocupaciones del día a día, pues prima la preocupación sobre el coronavirus y la gestión educativa. Pero claro, estas probleamáticas no han desaparecido, y el ciberacoso supone una de las lacras más preocupantes en el desarrollo de la infancia, pues ya se sabe que es el tipo de acoso entre iguales más voraz y con más presencia.

Este sábado se celebra el Día Mundial Contra el Acoso Escolar, y este año en concreto, deberíamos hacer una reflexión especial por estar el alumnado más sometido y expuesto a la tecnología. No olvidemos que ahora mismo el alumnado puede hacer uso de los sistemas de mensajería o plataformas varias para herir o acosar a sus iguales. Es un momento clave para brindar a nuestro alumnado seguridad, ante el mundo exterior y ante ellos mismos.

Para evitar el ciberacoso, evidentemente no podemos desechar toda la tecnología de que disponemos, pero sería de rigor, haber formado con anterioridad al alumnado en esta materia. Y realmente, me pregunto...

 ¿Cuántos docentes han hablado con las familias y con los alumnos para evitar problemáticas de este tipo?

¿Qué medidas contra el ciberacoso están proponiendo las administraciones en este tipo de metodología educativa?

¿Cómo afecta legalmente a los centros educativos que el ciberacoso se produzca a través de los medios que ofrece para la formación en el tercer trimestre? 

Superexposición.


Tampoco se está hablando de la superexposición que hacemos del alumnado a los medios tecnológicos. En este blog lo he comentado por activa y por pasiva, es un mal endémico de nuestra infancia la falta de atención y las dificultades derivadas de los procesos atencionales. El problema es que ya empieza a surgir evidencia científica que correlaciona la falta de atención con la sobre estimulación por medios tecnológicos, así como dificultades en la adquisición del lenguaje o de destrezas motoras, entre otros conflictos pedagógicos de las sociedades del momento. El hecho de considerar las tecnologías como único medio para llegar al alumnado, influye en el número de horas que pasan al frente de una pantalla y creo que esto es algo que directamente no hemos considerado.

No se trata de enfocar la tecnología desde la demonización, pero sí desde la responsabilidad y considerando el criterio sanitario y pedagógico con sus pros y sus contras.

¿Será la falta de atención un problema masivo a la vuelta de las aulas?

¿Cómo habrá influido el período de confinamiento, con un uso excesivo de la tecnología, en la pérdida de avances manipulativos, motrices y de razonamiento lógico?

Herramienta o docente.


Y en general, creo que hemos pecado de no reflexionar sobre algo que era fundamental, y es el lugar que ocupamos en el proceso de enseñanza aprendizaje. Con la crisis del COVID, hemos dejado que el modelo educativo se centrara en lo tecnológico, sin importarnos cómo nos ha comido el terreno la propia tecnología. Los mismos docentes que aplaudían las dinámicas de aprendizaje activo, son ahora los docentes que dan una clase magistral por vídeo conferencia. Los mismos que demonizaban los deberes, son ahora los que elaboran baterías de ejercicios sin fin. Los mismos docentes que trabajaban desde un modelo inclusivo, son los que no tienen en cuenta ahora las Necesidades Educativas Personales. Y en general, todos los docentes desde este nuevo sistema, hemos tenido que dejar atrás convicciones en las que creíamos para amoldarnos lo legislado. Aquí nadie se salva, por más rebeldes que queramos mostrarnos, al final, tendremos que sucumbir a ciertas licencias. Esta crisis nos está mostrando quizás, que no éramos tan perfectos como creíamos; e insisto nuevamente, la reflexión debe ser una constante en nuestra práctica educativa en estos momentos. Debemos cuestionarnos, autoevaluarnos, polemizar (con nuestras propias ideas, no en Twitter), debatir, discutir, escuchar otros puntos de vista, curarnos en humildad para apoyarnos en un trabajo coordinado y global, todos juntos.

Yo, mientras tanto, me sigo haciendo preguntas que espero me lleven a mejorar mi práctica docente día a día.

¿La tecnología es mi herramienta o es el docente?

¿Me sustituye o es un recurso?

¿Soy mejor docente por usarla?

¿Será la tónica general en mi vida profesional a partir de ahora?

Espero que estas letras sirvan para dar respuestas, pero también para plantear nuevos conflictos o interrogantes, porque la reflexión será, desde luego, esa constante que nos lleve a hacerlo mejor en nuestros desempeños profesionales. Hoy más que nunca, no dejes de cuestionarte, docente, y ojalá tengas la fuerza para caer lo menos posible, en el conformismo.


“Si hacemos todo cuanto nos dicen, si seguimos al pie de la letra las reglas del juego social, la vida se vuelve previsible, porque no puedes hacer otra cosa que lo que los demás esperan de ti.”

✓Rafael Estrada Delgado.


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1 comentarios

  1. Creo que también es importante atender a la situación de formación tecnológica que poseen las familias y lanzo preguntas:
    ¿Sería bueno que las familias que no disponen de tecnología en casa pudieran tener en préstamo como norma general durante el curso material informático?
    ¿Sería importante que las familias estén formadas en conceptos básicos como pueden ser escanear un documento, adjuntar archivos, manejo del correo electrónico, plataformas de uso docente?
    En mi caso tengo varias familias que no hablan bien español, ¿se facilita el uso de la tecnología?
    Ceci

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