Crianza domingo, 3 de mayo de 2020

A las madres confinadas


Hoy me gustaría dedicarte este escrito a ti, madre confinada, en el día en el que gran parte del mundo celebra tu dedicación, tu esfuerzo y tu lucha por salir adelante entregando el corazón por tu familia. Vaya por delante que poco regalo o detalle son unas líneas que puedan compensar todos los retos y altibajos a los que te has enfrentado en esta pandemia especialmente, y siempre. Pero si algo da sentido a este lugar es hacer homenaje con las letras al conocimiento, a la divulgación y por supuesto a aquellos que hacen de este un mundo mejor, que abogan por mantener los estilos sociales basados en las ideas de respeto, de crianza, de amor por los demás, de pedagogía compartida. Hoy te mereces más que nunca un reconocimiento que pocos te dan, porque pocos entienden que después de parir (o no, según el caso), tú te has reinventado para aceptar un nuevo estilo de vida caracterizado por darte y entregarte con cada acto, perdiendo en muchas ocasiones, tu misma esencia




Poco o nada en este mundo hay menos desinteresado que el amor de una madre, y aunque nadie te lo contó, aunque nadie te preparó o te educó para afrontar esta cruda realidad que la publicidad y el mundo influencer te vendió como algo irreal de color rosa; tú has tenido la autodeterminación de seguir adelante demostrando que tu valía y tu entrega están por encima de las modas, de la presión social y de los convencionalismos que nos mienten a la cara, con una idea difuminada de lo que es la maternidad real.

Así te he visto yo, madre confinada, y lo escribo para que lo leas, para que te lo lean, para que lo encuentres sin darte cuenta, para que te lo pasen por Whatsapp dentro una década y lo recuerdes o para leerlo yo misma (que también lo necesito).

En esta pandemia te he visto reír y llorar, hacer ejercicio sin perder la sonrisa, elaborar recetas que sacabas de Internet o replicar las más de un millón de manualidades que se han colgado estos días por las redes sociales. La gente te dice que lo estás haciendo bien, pero tú estás marcando la diferencia en esta sociedad, cuidando de la estabilidad emocional de toda la familia. Te he visto caer y levantarte, te he visto crecer y también he visto tus lágrimas internas cuando tus ojos perdidos en el balcón de las ocho, pedían un aplauso más en la angustia de la incertidumbre. Te he visto con el pensamiento difuso, abrazando fuerte y desesperada por no entender aquel berrinche, aquel grito, aquella discusión con tu hijo, con tus hijas. En esta crisis has teletrabajado en condiciones adversas, mostrando que estás capacitada para contener el caos, para la multitarea que supone trabajar con voces e interrupciones constantes, con la casa y sus quehaceres, siempre con la mejor de tus caras para que nadie se viniera abajo. Has reinventado los escasos 70 metros cuadrados de tu vivienda improvisando un despacho en el poco espacio que te quedaba, mientras te mordías la lengua al ver como los famosos decían lo duro que es pasar este confinamiento, en sus mansiones de hectáreas y hectáreas de espacio al aire libre.

De la noche para la mañana, te han convertido en profesora, y aun pareciendo que podrías estar cerca del colapso para poder hacerles la vida más sencilla a tus hijos en una inmensa montaña de deberes y tareas, algo dentro de ti te dice que echarás de menos las actividades en familia, las cuentas, la complicidad de formar parte de su desarrollo cognitivo. Porque así eres tú, desinteresada por natura. Pero, por si esto fuera poco, también has tenido que ejercer en esta pandemia de psicóloga, de enfermera o de médica, de cocinera, de limpiadora, y especialmente de cuidadora. ¿Quién te ha cuidado a ti, madre confinada? ¿Quién ha compartido tus desvelos, tus preocupaciones, tu ansiedad por el futuro incierto? Tú has tenido que hacer frente a la mismísima meiosis, para poder llegar a todo y te has partido en mil pedazos y te has vuelto a recomponer para suspirar y gritar en silencio al vacío el más profundo: “un día menos”.

Un día menos, como el día de hoy, en el que lo que más lamentas es no poder decirle a tu propia madre lo mucho que la quieres en persona, precisamente ahora que comprendes más si cabe, los esfuerzos que por ti tuvo que pasar. Este año la celebración es amarga, pero todo esfuerzo es poco para volver a abrazarla. Y no te voy a decir: ¡ánimo, tú puedes!, porque estoy harta de tanta hipocresía. ¿Es que no has podido hasta ahora? ¡Pues claro que puedes! ¡Siempre has podido! La duda ofende, lo sabemos todas.

Yo no sé si será para ti un día feliz el de hoy, ni quiero juzgar o darte a entender que estoy por encima de tus sentimientos. Pero sí quiero decirte que te acompaño, que te entiendo, que he conectado contigo a través de las redes, en la distancia de la videollamada, en el balcón con una simple mirada de complicidad al ver a tu bebé. Sí quiero decirte que te entiendo, que vivo lo que tú vives y que este es un camino encrespado en el que no estás sola. Quiero que sepas que en cada momento que han juzgado a una, nos han juzgado a todas; que con cada lección de esas profetas del S. XXI vía Instagram diciéndote lo que tienes que hacer o cómo hacerlo mejor en tu propia casa, me he acordado de ti y me he reído con una mueca amarga por ti y por todas; que en cada momento de bajón, hemos trazado un lazo que nos envolvía y unía en la distancia. Un lazo invisible que solamente nosotras podemos ver, algo que nos une más que nunca en esta pandemia, el agradecimiento de sentirnos unidas en este confinamiento sin necesidad de cruzar palabra. Puede que no sea del todo feliz, pero es un día histórico, el día en el que celebramos que durante este confinamiento, durante este caos, esta locura, nosotras marcamos la diferencia tendiendo entre todas una unión kilométrica de abrazo colectivo en el que no nos dejamos a ninguna. Mi abrazo más sentido y especial a aquellas que habéis perdido a vuestras madres en esta pandemia, os tengo muy presentes hoy y sois sin duda, el motivo de estas letras. Solo vuestra imagen luchadora es el motor suficiente para continuar en esta locura. Y para ti, mamá diversa; para ti, que has decidido embarcarte en la aventura de la monoparentalidad o simplemente así te has encontrado en medio de la pandemia; para ti, que simplemente sientes que no puedes con todo; desde la distancia te ofrezco el extremo de mi cuerda, para unirnos a todas.



La fuerza de una madre es más grande que las leyes de la naturaleza.


✓Barbara Kingsolver.

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AUTORA EN LA OBRA COLECTIVA FLORILEXIO

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