Crianza domingo, 28 de julio de 2019

Tu hijo te va a decepcionar. Sesgo del falso consenso.

Por más que creas que esto no te va a pasar, por más que creas que tu hijo es especial, que es bueno, que es noble, que representa aquellos valores que consideras imprescindibles para ser buena persona; créeme cuando te digo, que sucederá. Los niños pueden ser muchas cosas, pero sobre todo son personas, con todas sus limitaciones y con toda su idiosincrasia.

Decía Jean-Paul Sartre:

El hombre está condenado a ser libre.

Y nunca mejor expresado estaría este pensamiento para hacernos reflexionar sobre las expectativas que ponemos en nuestros hijos. Creemos que serán de una manera determinada, incluso antes de tenerlos. Fantaseamos con la carrera que estudiarán, con su futuro más inmediato o con los hechos más triviales de sus vidas. Esta manera de control, no es más que nuestro subconsciente que salta como un resorte para evitar que caigan en los mismos errores que nosotros cometimos. Como si errar para ellos fuese un desatino, como si les fuese a causar un trauma insalvable, como si sus errores pesaran más que los nuestros propios.

Puedes pasarte toda una vida intentando que tu hijo sea bueno, listo, educado, que al final él será como quiera ser y en el grado que la genética y sus circunstancias lo conformen. Pero prepárate (y me lo digo a mí misma también y me reafirmo cuando lo escribo), porque su idea de bondad no tiene por qué coincidir con la tuya. Y quien dice bondad, como eslabón superior, dice empatía, dice integridad u honestidad. Somos seres complejos y cada cual vino al mundo para mostrarse de una manera única, que dependerá mucho del ejemplo que reciba, ese gran didacta; pero que pasará un filtro personal que nos define. Lo que más hay en el hombre, es humanidad, y por definición somos diversos y variopintos hasta en las cuestiones más cotidianas.



Efecto del falso consenso.

A mí, el carácter y la personalidad desafiante de los más pequeños, ese retar, ese medirte para ver hasta dónde puedes llegar, me recuerda al efecto del falso consenso. Bueno, más que recordarme, se me espeta en toda la cara y siempre justo en el momento más inoportuno.

Hace unas semanas, mi hijo le daba una contestación a otra niña que me resultó realmente hiriente. Era un comentario que yo nunca jamás haría, ni siquiera en mi infancia y mucho menos ahora. El contenido del comentario es lo de menos, en ese mismo instante me sentí amargamente decepcionada, pero, ¿por qué? Pues porque cuando eres madre entiendes que tu hijo va a tener tus mismos valores, crees que estará aprendiendo a respetar del mismo modo que tú lo haces, que sus ideas serán las mismas que las tuyas, esas mismas que heredaste de tu propia familia, que sus creencias (por más pequeño que sea, no olvido su proceso de aprendizaje que es evidente) serán las que comparten "los tuyos".

El efecto del falso consenso es un sesgo cognitivo que nos lleva a pensar que entre las personas de un mismo grupo social en el que nos relacionamos, existe un cierto de grado de consenso en determinadas ideas. Vamos, que todos pensamos igual, o mejor dicho, que todos piensan como yo. Este es un caso típico en el seno de las familias, pero el ejemplo clásico se da en las ideas políticas. Por tendencia, consideramos que las personas con las que nos relacionamos, en general, tienen nuestra propia ideología, y luego llega la cena de empresa, sale el tema y te llevas un gran chasco... Aquí actúa el sesgo del falso consenso como un resorte autorregulador. Como seres sociales que somos, tenemos arraigado el sentimiento de pertenencia al grupo, y el hecho de pensar que otros son como nosotros nos da seguridad y confianza. Pero este sentimiento, aunque cierto, no está fundamentado en la realidad, pues sobrestimamos el porcentaje de personas que opinan como nosotros.

Ahora bien, con relación a este efecto y lo que acontece en las familias, se genera una bomba de relojería a punto de explotar a cada instante. Como es evidente, los miembros de una misma familia se parecen, por el principio de la familiaridad o incluso por el efecto de mera exposición. Es decir, nuestro cerebro funciona de manera tal, que aquellos estímulos, creencias o ideas que nos resultan familiares, nos parecen más aceptables pues estamos acostumbrados a ellos de una manera repetitiva.

Por este motivo, cuando un miembro de una misma familia, tiene una conducta diferenciadora, distinta, diferente a la considerada como la norma social del grupo, se desatan los mil infiernos. Nos cuesta tanto aceptar que nuestros hijos pueden ser diferentes... El moralismo más rancio se apodera de nosotros, y vemos un error, donde no hay más que el desarrollo personal típico y normal de cada persona.

Te va a decepcionar, porque tu cerebro está diseñado para que así sea. Te va a decepcionar en actitudes éticas, con la música que escuche, cuando te diga que aquel peliculón es una chorrada, que es que eres un carroza, te va a decepcionar y en el fondo lo sabes. Pero por cada paso desafiante que dé, habrá conseguido un avance. Siempre habrá maneras de educar, de intentar hacer ver lo que es correcto, pero la última opinión es suya. Y por más pequeño que sea, ya la está conformando. Así que no seas como yo y te escandalices por esa contestación que dio, porque quizás no vaya a tener tu idea de lo que son modales aceptables, ni la de sinceridad. Quizás no tenga la de nadie de tu familia. Y no por esto, será parte de otro grupo.

Nada puede detener a una oveja negra, orgullosa de sí misma.

✓ Anónimo.


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1 comentarios

  1. Tema sútil que no puede ser manejado con afirmaciones rotundas. Lo mejor es dudar. Desde el punto de vista genético será un homo sapiens, la naturaleza prevalece. El homo sapiens es un individuo social, que nace en un status quo diferente al de sus padres, y que se hace individuo en esa constante interacción con los homo sapiens que lo rodean y elambiente natural que lo circunda. Quiero decir que el niño aprende de lo que el adulto muestra y de "lo que oculta", puesto que no somos perfectos. Con el agravante que cuando el niño es un adolescente es la "obra" terminada que no puede ser corregida a no ser que su conciencia lo permita ver. En otras palabras, los padres debemos estar con ellos en las buenas o en las malas, porque de alguna manera "nuestros errores" se habrán filtrado en ese individuo.

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