domingo, 22 de julio de 2018

7 habilidades que antes de trabajar con tu alumnado, debes implementar en ti mismo.

Creo que uno de los conceptos más trillados en materia de educación, es ese que nos incrustan desde bien pequeños y que más se repiten a lo largo de nuestra vida como educadores.

Para enseñar, hay que predicar con el ejemplo.

Algo que cae de cajón, algo que se da por supuesto, algo que es tan básico, que al final no nos damos cuenta de su auténtico significado. Y es que si queremos que nuestro alumnado, que nuestros hijos aprendan, lo que no podemos dar por hecho es que nosotros no tenemos nada que aprender. De hecho, todo lo que enseñamos, nosotros lo reaprendemos, porque desde luego ya debiéramos haberlo aprendido antes. Pero honestamente sabemos, tú y yo lo sabemos, que esto no siempre es del todo cierto.

Y no me refiero con esto a prepararme una lección que no tengo actualizada, un nuevo concepto que emerge recientemente o algo tan concreto. No. Me refiero a habilidades básicas que necesitamos para trabajar como educadores que pretendemos enseñar sin haber aprendido, o al menos, practicado. Es difícil de admitir, pero ser docente es una carrera de perfeccionamiento a tiempo completo que no acaba hasta el día de la jubilación (y en algunos casos, más allá); por este motivo hoy comparto estas 7 habilidades que antes de trabajar con tu alumnado, debes implementar en ti mismo.





1. Ellos sentirán amor por la lectura si nosotros la amamos también.


El amor por la lectura es uno de los pilares básicos para tener un alumnado motivado en el aula. Si aman leer, amarán leer cualquier cosa, y por ende, aprender todo lo nuevo que caiga en sus letras. Pero no te creas que resulta tan sencillo adquirir amor por la lectura. Verás, si obligas a leer a tu alumnado x libros al mes, o en un curso, el mensaje que estás enviando es que leer es una obligación. En un instante estás proporcionando una imagen negativa de uno de los más grandes placeres del ser humano. Leer debiera ser siempre libre y espontaneo, nunca guiado, sino habitual y divertido, aunque como docentes, a veces, metemos la pata.

Una manera de que ellos vean que amamos leer es leer con ellos. Y no me refiero con esto al leer en voz alta (cómo lo detesto, por favor), sino el leer un mismo libro pactado entre todos. Si estás interesado, también puedes realizar un Club de lectura.

Son muchos los profesores que hacen tests o pruebas de velocidad lectora, pero si este es el único modo en el que leen tus alumnos, leerán muy rápido sin poner un ápice de gusto en ello (más que el gusto en competir con el de al lado).

Por otro lado, si no vas a la biblioteca, no es muy probable que ellos lleguen a ser usuarios activos. Como ves, hay mil maneras de hacer sentir amor por la lectura a los niños, pero antes, debemos tener claro que si nosotros no amamos leer, tampoco conseguiremos que ellos lo hagan. Grande responsabilidad, me parece.

2. Ellos estarán preparados para adquirir conceptos emocionales, cuando nosotros los entendamos también.


De nada vale hacer una ficha del Emocionario o contar el cuento del Monstruo de colores si no hemos ejercitado nuestra educación emocional. Si quieres implementar la educación emocional en el aula, el consejo que todas las personas doctas en la emergente materia ofrecen es que empieces por ti mismo.

Algo que una vez más cae de cajón, ¿verdad? Pero, ¿cuántas personas que trabajan la educación emocional en las aulas, lo hacen a base de gritos? O lo que es más sangrante, ¿cómo es posible trabajar la empatía y no ser capaz de ponerte en el lugar de tu propio compañero de trabajo? Pues estas son historias de todos los días, cotidianas, de muchos claustros que seguramente conozcas. Lo cierto es que el primer paso para enseñar lo que los sentimientos nos aportan, es conocer los nuestros propios, nuestros temores, nuestros estados de ánimo, saber diferenciar entre lo que para nosotros es un estado emocional, una pauta o un patrón, etc.

Si estás viendo a un compañero sufrir o pasarlo mal y te da igual, o no eres capaz de alegrarte por aquel otro al que le va de fábula, si no entiendes que los conflictos en lo laboral son positivos y no deben llevarse al terreno personal; quizás debas posponer lo de trabajar la educación emocional en tu aula.

3. Ellos trabajarán de un modo cooperativo, cuando nosotros lo hagamos también.


Y en relación a lo anterior, de verdad que no comprendo a los maestros y profesores que establecen dinámicas cooperativas en sus aulas, pero luego no son capaces de coordinarse con el compañero. Es más que evidente, que el trabajo desde la cooperación empieza por uno mismo, mediante un lenguaje asertivo, con respeto hacia el que trabaja a tu lado e independientemente de si es innovador, de si es tecnológico, influencer o youtuber, de si está actualizado o de si usa libros, fichas o videojuegos.

El trabajo cooperativo se está convirtiendo en un modo más que eficiente para que todo el alumnado se beneficie de nuestro sistema educativo, pero desde luego, si nos creemos tan prepotentes como para reducir a nuestro escaso número de profesores en aquellos a los que consideramos "mejores", quizás nunca lo sepamos llevar a cabo.

4. Ellos entenderán que significa inclusión, cuando nosotros lo hagamos también.


Y muy en la línea del apartado anterior, algo que es evidente que los más pequeños aprenden desde el ejemplo es la ideología inclusiva. Si yo me declaro inclusista, pero mi manera de ayudar al que tiene otras necesidades es señalándolo, en lugar de dando oportunidades o creando ambientes que favorezcan que estas diferencias se disipen; los primeros que van a entender mal el concepto de inclusión el nuestro alumnado. Realmente no es fácil, y reconozco que yo misma he tenido éxitos y fracasos en este ámbito, pero si algo he aprendido en este trabajo es que lo inclusivo parte por hacer sentir al diferente igual que los demás, y que los demás no se sientan superiores, receptores de lástima o paternales incluso.

Entender ciertos conceptos que abarcan tantos matices es ciertamente una habilidad difícil de alcanzar, mejorable y sobre todo, entrenable.

5. Ellos darán importancia a las materias artísticas, cuando nosotros se la demos también.


Recientemente empiezan a surgir corrientes de apoyo a las materias artísticas, como fuentes de creatividad y de desarrollo del intelecto, algo que desde nuestra tradición academicista era impensable. Pero esta tradición pesa más de lo que creemos, y estas "marías" son consideradas como asignaturas vagas en las cuales el alumnado tiene un segundo recreo.

Cuando un grupo de niños llega a una clase de Educación Artística de un modo relajado, sin jaleos, y con una actitud calmada, generalmente (con sus consabidas excepciones, hay de todo) vienen de un aula donde se ha trabajado el respeto por estas asignaturas, donde se ha dado importancia a las materias de índole artística y muchas veces también, donde el ambiente de trabajo no es restringido. Si tenemos a los niños sentados en sus sillas con las mismas actividades monótonas de siempre, también es lógico que acudan a música como alma que lleva el diablo.

Deberíamos replantearnos la importancia que damos a algunas asignaturas, tanto como la poca que damos a otras, porque ellos se dan cuenta de todo y España es un país donde la educación cultural y artística es el vivo reflejo de la sociedad que hacemos cada día. Y ahí lo dejo.

6. Ellos sabrán comunicar, cuando nosotros lo trabajemos también.


Cuántas veces nos habremos quejado de que no llegamos a nuestros alumnos, de que no se saben expresar, de que no hay entendimiento... La comunicación no surge de manera espontánea, se trabaja. Hay quien se comunica mejor con letras y hay quien lo hace con la palabra oral, quien canta, quien pinta, pero todo es educable. Los maestros nos acostumbramos a un modo de trabajo que muchas veces es estático y que nos cuadricula trabajando entre estándares y rúbricas, pero realmente necesitamos de una formación permanente en muchos aspectos que dejamos olvidados. La comunicación verbal es una asignatura pendiente, pues como alumnos, nosotros mismos no la tuvimos. Creo que sería de gran ayuda que tomáramos clases de cómo expresarnos en público porque aunque creamos que sí, no lo tenemos convalidado por experiencia docente.

Como igualmente creo que debemos mejorar nuestra expresión escrita. Para mí, tener este blog es una manera de mantenerme actualizada y cuando leo las primeras entradas me doy cuenta de lo mucho que he mejorado, pero también del camino que me queda por andar.

Cantar, bailar, pintar, todos lenguajes que necesitan de práctica y de estudio. Cantar una canción porque me gusta la letra sin entender que los niños tienen un oído armónico por educar, que tienen un ámbito vocal que podemos dañar, que no cualquier tema es válido; es un concepto que muchos docentes no entienden, como yo no entiendo de lo necesario para realizar un trabajo de la Educación Plástica de calidad.

Como ves, la comunicación es una habilidad pendiente en nosotros mismos. ¿Por qué en los centros educativos no se enseña lengua de signos como didáctica bilingüe? No sé, qué cosas tengo...

7. Ellos aprenderán a respetar, cuando nosotros lo hagamos también.


Y por último, y aunque ya te he venido haciendo spoiler, un niño no aprende a respetar si yo no le tengo respeto a los demás. Si no le hablo con respeto a mi alumnado, éste jamás sabrá lo que es respetar. Hasta aquí todo claro, ¿verdad? Pero lo cierto es que faltar al respeto puede llegar a ser muy sutil.

¿Qué respeto le tengo a un autor de un libro que mando leer por obligación?
¿Qué respeto le tengo al que llora y mando parar?
¿Qué respeto le tengo al compañero que critico porque no sigue mi misma metodología?
¿Qué respeto le tengo al alumno que integro para sacar una foto?
¿Qué respeto le tengo a la materia de plástica cuando preparo una fotocopia de una careta de carnavales en la hora anterior?
¿Qué respeto le tengo al que no puede comunicarse con palabras si no sé comunicarme en su método alternativo de comunicación?

Como ves, el respeto tiene una variabilidad muy palpable y si queremos que nuestro alumnado tenga muestras de respeto, quizás nosotros debamos trabajar una serie de habilidades antes, para que entienda que respetar es un conjunto muy elevado de conocimientos y saberes que nos acercan a una sociedad mucho más avanzada, libre y justa para con las diferencias.

El carpintero hábil no se hace torpe para poder ser imitado por cualquiera de sus ayudantes.

✓Confucio


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