Crianza domingo, 31 de marzo de 2019

Ser docente no convalida como experto en maternidad.

Cada vez me encuentro con más personas en lo cotidiano de los quehaceres y rutinas diarias que se piensan que soy experta en crianza. Por el hecho de ser docente, de hecho, muchos consideran que tengo un campo de conocimientos que me hacen "más eficaz". Fíjate, no sé ni cómo definirlo, no sé si es eficacia, eficiencia, capacidad, habilidad o talento. El caso es que si en un parque hago algún comentario en relación al comportamiento de algún niño, no falta alguna madre que me comente, 'bueno, este es tu campo', ''tú eres experta en esto', 'tú, de esto controlas'. Y qué decir... Me hace mucha gracia, pero lo cierto es que estoy tan perdida y tan fascinada como cualquiera.

Cuando tomas la decisión de ser madre, ciertamente tiras de conocimientos. Sabes bastante de cómo funciona la infancia, pero claro, cometes un sesgo bastante generalizado; y es el pensar que tu hijo se comportará igual que lo hace en el colegio, dentro de un colectivo social (el grupo clase), sujeto a una serie de rutinas que nada tienen que ver con las del hogar. Pero el comportamiento de un niño con sus padres no es el mismo que con un docente y la maternidad, para sintetizarla quizás injustamente, es esa bendita locura en la que aprendes y desaprendes un poquito cada día sin llegar nunca a ser experto ni alumno aventajado.

Sí, así de complejo, así de difícil y así de alucinante. Como eterna estudiante que soy, estoy encantada y no me causa ningún problema reconocer mi falta de aptitud, porque sé que esto es algo generalizado y que nadie nace siendo sabio en ninguna disciplina. Los docentes también somos padres, con capacidad de aprender y de equivocarnos.


Ser docente no convalida como experto en maternidad



El efecto halo de los profesionales de la educación.


Lo que sucede desde la óptica de los demás acerca de la crianza de los docentes, es que se ve edulcorada desde el efecto halo.

El efecto halo me parece un sesgo cognitivo impresionante del que tengo mucho escrito en el blog. Gracias al efecto halo, concebimos imágenes sociales de individuos con los que nos relacionamos desde una alta dosis de incertidumbre. Mediante este sesgo, juzgamos de manera más positiva a los profesionales de la educación, entendiendo que son expertos en crianza, cuando no conocemos su estilo ma/paternal ni de sus dificultades o éxitos a la hora de criar. Además, tendemos a juzgar por una única característica, su formación y experiencia en las aulas o entornos educativos; dando por hecho que esta es suficiente para aplicarla también en los hogares.

Este sesgo cognitivo tiene un amplio repertorio de ejemplos en diferentes ámbitos sociales y le debemos a Edward Thorndike, el psicólogo social y pedagogo estadounidense, su estudio y descubrimiento allá por los años 20. Thorndike descubrió que las valoraciones globales que hacemos del otro, pueden estar sujetas a un único rasgo personal, generalmente el atractivo. Este puede ser un rasgo adaptativo, forjado por nuestra necesidad en tiempos remotos de supervivencia. La capacidad de juzgar rápidamente entre amigo o enemigo, pudo ser determinante a la hora de establecer categorías acerca del juicio con personas.

Un ejemplo clásico del efecto halo lo tenemos a nivel histórico con el primer debate televisivo entre Kennedy y Nixon en 1960 cuando ambos optaban a la presidencia de los Estados Unidos. Se cree que el efecto halo fue determinante en la victoria de Kennedy, primando su imagen ante la preparación, la oratoria o incluso la ideología política. De hecho, de entre los más de 70 millones de personas que vieron por la televisión dicho debate, una gran mayoría aseguró que Kennedy había "ganado" con sus intervenciones. Sin embargo, un porcentaje bastante menor, que prefirió seguir el mismo debate por la radio, afirmó todo lo contrario. Se cree que la población estadounidense tendió a valorar la competencia de Kennedy por una única cualidad personal, la belleza física.

El efecto halo está presente en el famoso que creemos siempre está feliz, el adinerado que consideramos que no tiene preocupaciones, y también en ese docente que sabe qué hacer en todo momento cuando de criar se refiere. No se trata más que de un modo de categorizar a los demás, juzgándolos por una única característica, pero ninguna persona es tan simple y nuestras idiosincrasias están compuestas de miles de millones de variaciones personales. Por este motivo, entiendo la posición del observador al que ciega el halo del docente, pero tengo que decirte que los profesores que somos padres no hacemos horas extra, y al llegar a casa sólo queremos jugar y salir a pasear y a disfrutar de nuestros hijos. No tenemos la varita mágica del éxito ante las rabietas, o una habilidad especial para que no sufran o controlen su ira. Por eso, cuando en una tutoría muchos padres me dicen ese clásico "es que no sé qué hacer con él o con ella", yo ya empiezo a contestar "lo cierto es que tú lo sabes y mejor que yo".

Que no te engañe el efecto halo, los docentes somos padres como cualquiera y vivimos momentos de incertidumbre y desasosiego, y nos equivocamos y nos volvemos a equivocar y aunque tengamos mil teorías acumuladas, luego de nada nos valen cuando se trata de nuestros hijos. Porque ser docente no convalida como experto en maternidad, esta experiencia que te da la vida, no se estudia en ningún libro. Porque nadie puede ser docente todo el día, y sin embargo somos padres y somos madres, a todas horas.

La diferencia real entre los juicios científicos de un hombre acerca de sí mismo y el juicio de los demás sobre él, es que ha añadido fuentes de conocimiento.

✓ Edward Thorndike.

Si estás interesado en otros artículos sobre el efecto halo, te recomiendo las siguientes lecturas:


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