coaching domingo, 24 de marzo de 2019

Educar en la era de la distracción.

A veces me da la impresión de que la tecnología avanza más rápido que nuestro propio pensamiento filosófico social. Creemos entender los cambios que se acometen en nuestra sociedad, creemos entender cómo los tiempos han cambiado, que la infancia ya no es lo que era, que nos come la tecnología; pero en realidad, no nos da tiempo para pararnos a reflexionar y consensuar hacia dónde vamos y qué queremos conseguir. Me refiero, evidentemente a nivel educativo, aunque esto es extrapolable a todas las esferas de nuestra sociedad.

A día de hoy, lo normal es vivir rápido, hacer muchas cosas deprisa y consumir un ocio fácil desde las pantallas del dispositivo preferido. Lo normal es atender a muchas cosas a la vez, estar activos, pasar de una actividad a la otra como rayos y por consiguiente estar también distraídos, desorientados, desinformados. Esto parece una incongruencia, atender y desatender como consecuencia, pero no lo es tanto. Nuestro modelo de atención también está variando, también está cambiando con el paso de los años, y cada vez son más frecuentes los casos de desatención tanto en niños como en adultos.


Atención dividida, multitarea e hiperestimulación.


Los medios de comunicación, el nuevo influjo de las redes sociales, Youtube, la publicidad y en general, la mercadotecnia están cambiando nuestros modelos atencionales. El ocio en la actualidad está pensado en la atención dividida, es decir, la productividad. Ya te he hablado en otros momentos del modelo clásico de los procesos atencionales, pero te sintetizo la atención dividida como el procesamiento de la información en la simultaneidad de tareas. Dividimos la atención, esto es, desde un punto de vista de aprovechamiento de los recursos, centramos nuestra atención en distintas actividades y de manera simultánea. Esta es la fórmula del ocio infantil a día de hoy. Películas y series de televisión que cada día suman velocidad y sonido, gran aumento de la variedad de contenidos y de la publicidad, y una actividad y dinamismo frenéticos son, en general, algunas de las fórmulas de Youtube, Netflix, o las páginas de Internet pensadas para el público infantil, los videojuegos, etc.

Este tipo de multitarea lo encontramos en la actualidad en muchas actividades, especialmente en el ocio, pero esta característica del procesamiento de la información está siendo un detonante en la atención de niños y adultos. Si nos fijamos en los últimos, ya es palpable la inoperancia lectora en línea. Acostumbrados como estamos a saltar de una ventana a otra, de un párrafo al enunciado destacado posterior, no tendemos a permanecer en una misma página durante mucho tiempo, pues estamos habituados a cambiar de actividad con frecuencia. Cada día se tiende más a leer de modo sesgado y desde las plataformas de las redes sociales, menos en papel y mucho menos concentrados. Además, tendemos a una dependencia al teléfono móvil (yo incluida), al que acudimos a cada rato, independientemente de lo que estemos haciendo. Nos distraemos con la cantidad desmesurada de información que manejamos, estamos infoxicados y este es el reflejo en el que se ven nuestros hijos y alumnos. 

Por su parte, la hiperestimulación está causando importantes cambios en su capacidad atencional. Las grandes cantidades de juguetes, de objetos que manejan desde la cotidianidad, los dispositivos móviles que NO saben manejar de un modo correcto, las extraescolares,... Todo es abundancia y distracción. Ver un vídeo tras otro en Youtube sin pararse a pensar en una trama, sin entender el hilo conductor; jugar sin un propósito, almacenando juguetes o tirándolos o no sabiendo ni cuál elegir,... Educar en la era de la distracción no es fácil, porque si no es fácil para nosotros pararnos a realizar una tarea concreta, más para ellos que son mentes activas por definición y el espejo en el que se ven, nuestro propio reflejo.


Importancia de la escucha activa y de la atención selectiva.


No es de extrañar que cada día esté más valorada y se empiece a potenciar la escucha activa en la era de los conflictos, algo que se nos venía mostrando como la crónica de una muerte anunciada. Y es que este proceso de la información de un modo dividido puede estar muy bien si las tareas son automáticas, pero como te explicaba más arriba los recursos atencionales también estarán divididos, por tanto, no prestamos la misma atención que cuando seleccionamos por grados de importancia las actividades a realizar, cuando ordenamos temporalmente la acción. Piensa por ejemplo cuando vas conduciendo con música alta. Puedes salir de tu casa y llegar al trabajo centrando la atención en ambas actividades, sin embargo, si te parece percibir el sonido de una ambulancia o bien se produce alguna situación peligrosa porque un coche se sale de su carril frende tuya, lo primero que harás será seguramente, bajar el volumen. Esto, que se produce casi de forma inconsciente, no es más que tu cerebro lanzando señales de alerta, pues necesitas focalizar la atención, necesitas recurrir a tu atención selectiva.

En la actualidad tendemos a perder el hábito de la escucha, pues estamos demasiado pendientes en lo que nosotros mismos hacemos. Los procesos atencionales divididos hacen que desde un egoísmo implícito, cuando nos hablan, prestemos parte de los recursos atencionales a otra actividad. Y generalmente esta actividad suele ser el pensar qué vamos a contestar. Esta es la consigna general de los trabajos de escucha activa. A buenas horas, pero en la actualidad nos preguntamos acerca del porqué tenemos tantas dificultades para escuchar al otro concentrados en su discurso. Y yo creo realmente que aquí juega un papel fundamental el entrenamiento en la atención selectiva, y siento que no me redundo, una vez más al hablarte de este proceso.

Una correcta selección de los recursos atencionales, nos hará prestar atención a lo realmente importante en cada momento. Si queremos educar a los niños y niñas en la era de la distracción, no nos quedará otra que recapacitar sobre cómo hemos incidido en la división de sus recursos atencionales. Pensemos por un instante en cómo ha cambiado la infancia desde que nosotros fuimos infantes. Ha sido nuestra incapacidad para centrarnos en lo que realmente importa, lo que nos ha llevado a hiperestimular a nuestros hijos y alumnos con tecnología, con juguetes, con objetos, con actividades innecesarias.

Educar en la era de la distracción.


Para educar en la era de la distracción lo primero que necesitamos es paciencia. Aunque suene a topicazo, necesitamos parar y centrarnos primero nosotros, entender cómo piensa nuestra infancia inmersa en el estilo de niñez que le ha tocado vivir y ser pacientes con ellos. Los niños son, en la actualidad, más activos y movidos que antaño, porque este es un momento social caracterizado por un estilo de vida frenético, y ellos son el ejemplo de la rapidez con la que convivimos. Es realmente necesario centrarnos en sus inquietudes y talentos para practicar la atención selectiva. Dónde hay motivación, hay atención, ¿cierto? Qué mejor manera de empezar que por aquí. Si tu hijo o tus alumnos tienen un hobbie o un talento latente, centrarán su atención hasta llegar a un estado de flow (o fluir) natural. En este instante la concentración es absoluta y la atención selectiva. Los estímulos distractores estarán anulados. Debemos entonces, educar en la consciencia de este resultado atencional. Una consciencia plena en el estado de relajación y de atención a una tarea de modo que podrían pasar horas sin atender a otro estímulo.

Por otro lado, además de paciencia, aprovechamiento de los recursos y atención consciente, debemos desechar distractores. Las nuevas tecnologías no hacen más que robar tiempo y descentrar de lo realmente importante. Conectar con la naturaleza, ser conscientes del momento, atender a lo necesario y relevante que generalmente son las personas y no tanto los objetos materiales (por ejemplo, los juguetes), serán un modo de escuchar a los demás, de escucharnos a nosotros mismos, de fomentar en los niños la escucha activa, la atención selectiva, etc.

Por último, y para acabar, no podría dejar de hablar del aspecto emocional de la atención, nuestro mayor distractor. Los problemas emocionales son cada día más patentes en la infancia, cuando surgen conceptos como PAS (personas altamente sensibles) por varios motivos. El primero de ellos, que se habla en clave de emoción, que empieza a ser importante y que existe un campo científico que apoya su estudio desde diversas disciplinas (psicología, psicopedagogía, neurociencia,...); y el segundo, que nuestro modelo atencional no puede con tanto estímulo. En el caso de los niños, estos viven desde una sobre estimulación constante que en clave de emoción se traduce en un estilo parental que tiende al consentimiento, no siempre por decisión propia, sino por la sociedad económica del momento. Cada día son más frecuentes los trabajos en la superación de sentimientos de ira y frustración, porque este tipo de actitudes no dejan que nuestra infancia se centre, que seleccione los estímulos realmente importantes. Por este motivo, es fundamental educar en los efectos que nos dejan sentimientos y emociones, para lograr un desarrollo emocional sano, que deje un hueco para el aprovechamiento de nuestros recursos. Porque vivimos, sí, en una era destructiva, donde todo es obstáculo, donde todo es distracción, y resulta fácil perderse entre tantos avatares. Y resulta fácil quedarse en lo cómodo, en lo que hace la mayoría, en lo que nos da la publicidad, pero más fácil resulta dejar de atender, dejar de ser nosotros mismos, distraídos en ver pasar la vida sin darle un sentido o una identidad.

 Cuando está demasiado exaltada y excesivamente activa, la mente se distrae con facilidad.

✓ Dalai Lama.

Te dejo ahora un listado de entradas por si quieres profundizar en el concepto de Atención Selectiva, motor de este blog. Siento si este artículo es algo ecléptico, pero son cuatro años ya hablando de este concepto desde lo científico a lo filosófico y a veces me resulta repetitivo entrar en comparaciones.

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