Crianza domingo, 1 de julio de 2018

Yo sí obligo a mi hijo a dar besos.

Desde hace unos años vengo viendo en numerosos artículos tanto científicos como de opinión, la tendencia a decir a los niños que den u ofrezcan besos a los demás sólo si esta es su intención, sólo si expresamente quieren hacerlo. Se recalca desde esta perspectiva, la necesidad de evitar la indefensión o manipulación desde el afecto. Es decir, se les inculca desde bien pequeños la libertad de elección, de decidir sobre su cuerpo y sobre sus emociones. Para mí este razonamiento es más que correcto, pues defiende la idea de que los niños tienen, como todos, sentimientos y emociones educables y que desde muy pequeños se les puede adiestrar en el fortalecimiento de su personalidad ante los demás, en su autodeterminación.


Sin embargo, mentiría si dijese que es esto lo que he hecho con mi propio hijo.




Considero que los diferentes estilos en la crianza no debieran ser excluyentes, ni mucho menos cualitativos. No existe el modelo perfecto, ni la madre o el papá perfectos, ni los hijos mejor educados; sino un conjunto de opiniones y corrientes que brillarían mucho más si se respetasen las unas a las otras. Y en mi caso, considero que me he dejado llevar mucho por la naturalidad y la espontaneidad de la maternidad, más que por mi criterio pedagógico. Y en relación a los besos y abrazos, me he sorprendido a mí misma pidiendo a mi hijo que ofrezca y de besos y abrazos sin distinción, y con especial hincapié a los dirigidos a la familia y amigos.

¿Por qué lo hecho?

Pues verás, no ha sido porque sea una persona tradicional o porque me guste mucho dar demostraciones de afecto de un modo continuado (que también), sino porque he considerado que es positivo para mi hijo, que desarrolle una fuerte autoestima.



Autoestima como colofón de la heteroestima.


Qué tendrá que ver la autoestima…, quizás pienses. Y en realidad tiene mucho. Mi hijo tiene ahora mismo tres años, lo cual significa que su autoestima todavía no está desarrollada. Yo me parto, de verdad y me vas a permitir la expresión; cuando mucha gente (incluidos auténticos expertos en materia pedagógica) hablan de niños de dos y tres años con baja autoestima. Esto es una incongruencia total. Si te pasas por aquí con asiduidad sabrás que la autoestima es un tema recurrente en Atención Selectiva, y siempre defendemos que ésta es un constructo psicológico que proviene del autoconcepto, es decir, del conjunto de ideas y creencias que tenemos sobre nosotros mismos, nuestra percepción más introspectiva. En función de la valoración que nosotros hacemos de nuestro propio autoconcepto, podemos decir que tenemos una alta o baja autoestima. Por tanto, si hacemos una valoración positiva de nuestro autoconcepto tendremos una alta autoestima, y si por el contrario, esta valoración que hacemos de nuestro autoconcepto es negativa, manifestaremos una autoestima baja. Pero, ojo, porque para llegar a la abstracción de nuestro autoconcepto con tres años de edad se necesita de una capacidad cognitiva sin precedentes. Lo normal es que se entienda el autoconcepto a partir de los cinco años de edad como muy pronto, por tanto, la autoestima no llegará hasta que el niño tenga una edad en torno a los seis.  

Pero antes, se puede favorecer que el autoconcepto de los niños resulte de una valoración positiva, si se ha fomentado la heteroestima, o lo que es lo mismo, la hermana no tan popular de la autoestima.

Heteroestima es la valoración que se hace del amor que nos profesan otras personas y por el contrario de la autoestima, no depende del autoconcepto, ya que consiste en el aprendizaje del amor en sí mismo. Cuando un niño entiende que cualquiera es digno de recibir afectos, comprende que él mismo lo es también. Entiende que merece ser tratado con amor y con respeto, que merece ser querido como todos, sin ningún ánimo de protagonismo o singularidad. Fomentar la heteroestima es poner el primer peldaño para alcanzar la autoestima y dar los primeros pasos para entender las emociones y sentimientos que proceden del cariño y del afecto. Si quieres profundizar más en el término, ya hemos reflexionado con éste aquí.



Heteroestima e infancia.


¿Cuándo podemos introducir la heteroestima en los niños? Pues por suerte o por desgracia, desde el minuto uno de vida, o incluso antes. Si un bebé se siente querido, entenderá que es digno de recibir amor y por tanto crecerá feliz y se sentirá protegido. Pero también comprenderá que los demás pueden sentirse igual según el amor que les ofrezcan, cabe pensar.

Aunque esta generalización no es fácil de entender para un niño pequeño, será mejor interpretada en el sentido el cual se trabaje o se favorezca con él que sea afectuoso y que mantenga demostraciones afectuosas como los besos y los abrazos. No es una casualidad que los niños pequeños besen o abracen de modo espontáneo desde muy pequeños. Es totalmente evidente que lo hacen por imitación, pero también como un medio de comunicación cuando las palabras todavía no han llegado. El caso es que personalmente creo que es fundamental que los pequeños entiendan que las demostraciones de afecto son mucho más que un modo de comunicación. Cuando beso y abrazo a alguien lo hago sentir querido del mismo modo que me gustaría que me hiciesen sentir a mí.

Cada día son más los colegios que por el contrario de las corrientes que penalizan el besar o abrazar a la fuerza, animan de un modo dirigido a darse abrazos y besos en una sociedad, no nos olvidemos cada día más individualista, donde es necesaria una alfabetización emocional por el distanciamiento social de la vida moderna.

Yo lo he tenido claro desde un principio, aunque ha surgido de un modo muy natural. Le sugiero siempre a mi hijo que se relacione con un beso o con un abrazo sin distinción, porque entiendo que en el punto en el cual comprenda que todo el mundo merece ser querido, respetado y amado, entenderá que él también es digno de recibir lo mismo a cambio. Sin embargo, esto no quiere decir que esta sea la opción correcta o la única opción, pues como te comento al comienzo de esta entrada, cada modo de actuar tiene sus beneficios y no existe el mejor modelo de educar, pero tampoco el único.

   El único idioma universal es el beso.
✔️Alfred de Musset.

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