Educación miércoles, 16 de septiembre de 2020

7 PRÁCTICAS POSITIVAS PARA SOBRELLEVAR EL CURSO COVID

Por fin este ansiado curso ha comenzado, no exento de polémicas y preocupaciones por parte de todos y todas, pero podemos decir que ahora mismo está inaugurado. Y nos vamos de un lado para otro dando bandazos entre burbujas y horarios, entre protocolos que vienen y van para sustituir a los anteriores, entre las mascarillas de repuesto y el gel a la entrada, a la salida y en las zonas comunes, entre las filas y los recreos edulcorados, entre la vida escolar frenética que nos ha dejado el COVID-19. 

No está siendo fácil, pero esto ya lo sabíamos. Estamos todos preocupados, ansiosos, centrados en controlar que no se produzca el más mínimo error, y mientras tanto la vuelta inminente nos plantea mil incógnitas. ¿Cómo empezar con la actividad lectiva este año? Más allá de las consabidas normas que este curso escolar deben ser mucho más claras, y no pactadas sino inducidas por la morfología de los centros educativos, ¿de qué contenidos debemos partir en esta loca vuelta a las aulas?

Está claro que después de los aprendizajes adquiridos en el período de pandemia, no tendría mucho sentido volver a los contenidos más academicistas, sin hacer una transición que contemple el estado emocional de las niñas y de los niños. Las vivencias resultado de ese momento de confinamiento pueden ser determinantes a la hora de empezar el curso con buen pie, por lo que es necesario hacer una revisión del alumnado que más necesite una ayuda para lograr alcanzar esa tan ansiada normalidad. Pero en general, no hay fórmula secreta que pueda arrojar luz en este mar de incertidumbre. Por eso, y desde la humildad, en Atención Selectiva hemos hecho una compilación de 7 prácticas positivas que nos puedan servir de ayuda para sobrellevar el curso 2020-21, el curso del COVID.

7 prácticas positivas para sobrellevar el curso COVID

1. Crear un ambiente que facilite el aprendizaje dentro de las circunstancias.

 

Lo primero es lo primero, con lo cual, solamente tendremos aprendizaje cuando las emociones y los sentimientos, los estados emocionales de nuestro alumnado, de nuestros hijos, estén en orden. Como explicaba en mi artículo anterior, cuando la información sensorial es percibida por nuestro organismo, entra directamente en el sistema límbico, nuestro cerebro emocional. Entonces la amígdala se encarga de interpretar esta información. Si lo que interpreta es una emoción de miedo, estrés, ansiedad, el sistema límbico se hiperestimula y envía la información hacia el tronco cerebral, nuestra parte del cerebro primitiva que nos empuja a la acción de protegernos. Si por el contrario, la información que recibe la amígdala está relacionada con una emoción de alegría, ésta es enviada directamente al neo cortex, es decir, la parte de nuestro cerebro en la cual se produce el aprendizaje. 

Nuestro mayor reto a la hora de educar en estos tiempos que vivimos es crear un ambiente que facilite un aprendizaje aun en el peor de los escenarios posibles. Esto vendrá por tirar de empatía y promover la idea de seguridad, reducir el miedo y fomentar la preocupación, no el temor. Tendremos que reducir la ansiedad de nuestro alumnado, de nuestros hijos, mostrando una sonrisa, aun cuando no nos apetezca, mostrando cercanía aun que no tengamos contacto, mostrando seguridad y confiando en su capacidad. 

Será también muy importante escucharles, así como respetar sus tiempos a la hora de abrirse a los demás. Explicar las causas de esta situación, el comportamiento más científico de este virus, así como las repercusiones que ha tenido a nivel medioambiental y especialmente de consumo, será también muy conveniente.

Pero sobre todo, para crear este ambiente que sea proclive al aprendizaje, no crear miedos, no mostrar que son o están indefensos, sino tomar una filosofía estoica (pronto ampliaré este concepto con el que tengo pensado trabajar este año), comprometida con salir adelante. Minimizar los efectos emocionales de la pandemia es fácil cuando hablamos por ejemplo de porcentajes de personas que lo han superado, cuando hablamos en positivo argumentando que nuestros mayores necesitan ayuda (no que están en peligro), que el contagio depende de todos (no que depende de lo que ellos hagan, culpabilizándolos), que los centros escolares son una red de ayuda y los aprendizajes derivados de esta situación son muy importantes. Habrá que hacer notar que en este curso escolar importan las materias y los contenidos, pero lo más importante será aprender a cuidarse, a manejar hábitos de vida saludable. Los saberes esenciales han cambiado, hay que cambiar la mirada en el aprendizaje y adaptarlo al momento que vivimos.

 

2. Consultar fuentes oficiales, discriminando la infoxicación y los bulos.

 
Para atender a las posibles dudas que nos surjan como docentes, así como las que el alumnado y sus familias puedan poseer, será fundamental que recurramos a fuentes oficiales que nos brinden un estilo de información relevante y verídica. En este sentido, es importante remitir o remitirse a la OMS y las fuentes gubernamentales, así como autonómicas. Para todo lo relacionado con el uso de mascarillas, distancias de seguridad, higiene, modos de transmisión, etc., estas serán las fuentes de las que nos podremos fiar realmente, aun teniendo en cuenta que la información cambia constantemente.
 
Será por tanto también importante, hacer notar que la situación de la evolución de la pandemia es cambiante y los datos que un día son ciertos y fiables, pueden ser desmentidos al día siguiente. Fijaros cómo la semana pasada la OMS hacía hincapié sobre una costumbre que ya era un hecho entre todos nosotros, el saludo con los codos. La OMS lo desaconseja, pues, como todos imaginábamos, este tipo de saludos hacen que no se respeten las distancias de seguridad. 
 
En este sentido será necesario combatir la infoxicación, discriminando la información útil de la que no es verídica o simplemente de la que nada aporta, o está hecha para crear confusión y miedos injustificados.
 

3. Emplear un estilo de comunicación positiva.

 

Algo que parece tan básico es lo primero que perdemos en caso de situaciones de estrés, con prisas o ante exceso de actividades, presión, alto nivel de exigencia, etc. Todos conocemos esta situación porque antes del COVID también la teníamos y sin embargo un estilo de comunicación positiva siempre ayudará a que nuestro alumnado sobrelleve mejor esta primera etapa escolar, sin miedos y con resiliencia. 

Por ejemplo, si nos dirigimos a ellos diciendo: "No compartáis material, que os vais a contagiar", estaremos inculcando miedo y promoviendo una indefensión aprendida. Si por el contrario, empleamos un lenguaje más positivo y decimos: "Si tenéis cuidado y empleáis solamente vuestro material, estaréis evitando contagios", entonces estaremos generando conciencia social sin presión y de manera efectiva y pragmática.

Algo que parece que cae de cajón y que debería hacerse siempre, cobra vital importancia este año. Hay que cuidar mucho el lenguaje y nuestro modo de dirigirnos a nuestros alumnos, a nuestros hijos, evitando situaciones que les llenen de culpabilidad, para tomar el camino de la reflexión y de crear civismo social. 

 4. Hacer conciencia sobre los prejuicios.

 

Para mí siempre es buen momento para luchar contra los prejuicios, puesto que esta manera de ver la vida y la educación no es más que un síntoma de una mentalidad abierta que pretende una sociedad más equitativa y justa. La situación del COVID nos ha planteado nuevos modelos de odio hacia los demás. Odiamos y tememos al que consideramos que puede estar infectado, y lo rehuimos de un modo irracional. De este modo, partiendo este virus de la región de Wuhan, hemos presenciado odios injustificados hacia las personas de nacionalidad china. Pero esto no se ha quedado aquí, pues otros países han salido mal parados de esta crisis mundial en lo relacionado a las aprensiones que manejamos por causa del COVID. 

Además, si algo nos ha mostrado esta pandemia es que debemos ser más considerados con el cajero que ayudó a que la comida llegara a nuestros hogares, con la policía que nos protegió y promovió que se cumplieran las medidas de seguridad, con los sanitarios que dieron su vida para salvar la nuestra.

Hazte ver, si eres docente y educa más allá de las aulas. Muestra que con tu vuelta la vida sigue y que mientras muchos atienden desde sus despachos y sus casas por videoconferencia, mientras muchos funcionarios pueden permitirse todavía el teletrabajo ampliando las listas de espera de trámites administrativos, tú te juegas el tipo para que esto vuelva a la normalidad. 

Lucir como personas útiles y valientes también es luchar contra prejuicios que vienen de viejo.

 

5. Identificar al alumnado de alto riesgo tanto físico como emocional, de comportamiento y de aprendizaje.

 

Será fundamental este año identificar a varios tipos de alumnado en riesgo:

  • Alumnado de riesgo físico: aquel alumnado que padezca patologías respiratorias, cardíacas o inmunodepresoras. Si bien es cierto que este tipo de alumnado y según lo vigente en cada protocolo, por lo general puede acogerse a una modalidad educativa en el hogar, no siempre las circunstancias de conciliación lo permiten. Por este motivo, este debe ser un tipo de alumnado del que debemos estar más pendientes.
  • Alumnado de riesgo emocional: aquel alumnado que haya sufrido una pérdida, que haya tenido un confinamiento duro (más de lo normal, porque duro ha sido evidentemente para todos), o al que simplemente le cueste la vuelta. También al alumnado que acude a los centros escolares con miedo, o que a lo largo del curso (esto no ha hecho más que empezar) manifieste estados de ansiedad, depresión, ira, etc.
  • Alumnado de riesgo de conducta: aquel alumnado que muestre comportamientos derivados precisamente del punto anterior. Más allá de probables conductas de desafío o violencia, habría que investigar sobre las causas de estas mismas, anticipándonos en aquellos casos que presuponemos la conducta va unida a la sensación de miedo o temor.
  • Alumnado de riesgo en el aprendizaje: aquel alumnado que presente necesidades educativas de aprendizaje, así como necesidades educativas personales, alumnado que no tenga recursos informáticos, etc.

6. Trabajar en equipo.

 

Si tenemos consciencia de que esta es una situación extraordinaria que necesita del aporte de todos y cada uno de nosotros para poder superarla, será necesario que empecemos a hacer consciencia de la pluralidad, del sentido de colectividad, del trabajo en equipo. A pesar de las circunstancias nunca ha hecho más falta que pensemos en superar esto juntos, entendiendo que la solución parte de la responsabilidad personal de cada uno, para lograr cuidarnos a todos.


7. Prever posibles situaciones y anticiparse.

 

Y por último, me parece muy notable anticiparse a toda una serie de situaciones que nos encontraremos en las aulas. Entre estas hipotéticas situaciones nos podremos encontrar con miedo a la separación de las familias después de un largo tiempo viviendo 24 horas juntos, miedo a contagiarse o miedo a la muerte. También, dificultades en el rendimiento académico y falta de concentración debido a una superexposición a las pantallas durante el período del confinamiento. La atención será una de las capacidades más mermadas, probablemente, por un uso excesivo de los dispositivos electrónicos para el ocio, al haber estado un largo tiempo sin juego social. 

También deberemos estar atentos, a posibles trastornos del sueño o de la alimentación, y especialmente a conductas de rebeldía, ira, ausencia, tristeza, depresión, etc.

Una vez sabidas estas posibles circunstancias, se puede actuar desde la prevención, llevando a las aulas actividades o rutinas de educación emocional todos los días, durante un breve período de tiempo. Este tipo de actividades deberán fomentar el debate, el pensamiento crítico y una apertura de mente hacia esta situación extraordinaria. Para los que me digáis que no tenéis tiempo, recuerdo que este tipo de dinámicas pueden relacionarse con estándares de aprendizaje del área de las lenguas orales, o bien escritas si es este el medio elegido. Así que en lugar de plantear un ejercicio oral sobre una temática determinada, hablar sobre la situación de la vuelta al colegio con el alumnado puede ser un ejercicio muy provechoso para anticiparnos a posibles conductas negativas y transformarlas en aprendizajes positivos.

Y porque cualquier esfuerzo es poco y este curso toca trabajar en equipo, y para acabar, te enimo a que dejes en comentarios tus propuestas positivas para sobrellevar este curso académico atípico. Compartir es crecer, más que nunca en nuestros días.

Ser valiente no quiere decir que no tengas miedo, es actuar a pesar de éste.

✓ J. K. Rowling


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