martes, 31 de agosto de 2021

Ni vocación, ni conocimiento, ilusión.

Un nuevo curso comienza y aquí estamos, contra viento y marea, y con los preparativos ya en marcha para tirarnos en esta piscina llamada educación. Gran parte del profesorado ya lleva unos días preparando nuevos modos de enfrentarse a la realidad educativa, que todo parece indicar, este año también estará marcada por la COVID-19. Y alumnado y familias, le van diciendo un adiós amargo, pero necesario, a las tardes interminables de playa o montaña, mientras se adentran en el mundano universo de cuadrar horarios y reconvertir horas de sueño y de tiempo libre en rutina. 

Bendita rutina.

Todos la necesitamos al fin y al cabo, pero después de este verano, pocos serán los que quieran volver a los protocolos, al gel hidroalcohólico, a las filas y la falta de contacto, a las distancias de seguridad y otros andares. Aunque esto es inevitable. El segundo curso COVID comienza, y aunque no será tan memorable como el primero (crucemos los dedos, no vaya a ser...) o como el curso del confinamiento; debemos afrontarlo y asumirlo como hacemos siempre.

 

El pasado curso por estas fechas, te pedía un salto de fe. ¿Recuerdas? Era un escrito hacia las familias, hacia las comunidades educativas, y en parte hacia los docentes; para evocar un momento de vuelta a aquella "normalidad" que a todos nos daba tanto miedo. Era un escrito que quería poner en jaque al miedo sugerido, al miedo impuesto y que jugaba con la concepción del riesgo, como algo que asumimos cada día que nos levantamos de la cama, cada día que vivimos. Este escrito, salido del alma de una docente que no tenía menos miedo que tú, fue como un pistoletazo de salida homeostático, que me ayudó a autoconvencerme de que esta era la manera de superar el curso pasado. Y bueno, lo logré, ¿no es cierto? Lo logramos.

Y este año, quiero comenzar también de esta manera, haciendo una reflexión acerca de lo que creo que debiera imperar este curso en las aulas. Y este momento de reflexión me ha surgido, al igual que el curso pasado, mientras hacía limpieza escolar, esta vez en mi casa. Me he encontrado unos escritos de una de las sesiones de nuestro Club de Convivencia en el CEIP Mestre Martínez Alonso, uno de los proyectos que quedó en standby el curso pasado. Se trata de un organismo democrático y asambleario en el que alumnado de todos los niveles se junta para hacer propuestas de mejora de la convivencia y estimular así la participación activa de todo el alumnado. Este proyecto, verdaderamente ambicioso, no pudo crecer el pasado curso por causa de los agrupamientos burbuja; motivo el cual me llenó de pena, pues costó mucho sacarlo adelante. Al igual que este proyecto, fueron muchos aquellos que no pudieron llevarse a cabo, y mejor no hablar de los patios de recreo, porque me pongo realmente triste de pensar que ese lugar eminentemente social y de gran grupo, se vea nuevamente relegado al ámbito del aula con todo lo que esto conlleva. 

En educación, hace muchos años que se polariza con muchas temáticas: deberes, educación emocional, tecnología, dispositivos móviles, metodologías,... Pero mi disputa favorita es aquella entre los bandos de la vocación y el conocimiento. Si eres docente seguro que esto lo conoces muy bien. Un grupo social postula que aquellos que no tengan vocación, nunca serán buenos docentes; y el otro, que solamente serán buenos aquellos que tengan un amplio abanico de conocimientos para impartir su materia. Y como si aquellos docentes con vocación y conocimiento fueran el santo grial, una quimera, un oasis en el desierto o el OVNI más deseado de Íker Jiménez; se van peleando unos con otros para demostrar que su propio arquetipo es el correcto y que en Twitter, alguien tiene que llevar la razón.

Yo, como siempre digo, soy una de esas maestras que voy parapetando contra ambos bandos, con lo que me he ganado detractores en todos los polos habidos y por haber. Y en este caso, no he querido ser menos y me voy a postular anotando lo que creo que este curso necesita, y que está por encima de todo conocimiento y vocación, sin llegar a decir que estos no sean necesarios en su justa medida, es ilusión. 

Creo que necesitamos volver a colegios e institutos con ilusión, un motor que mueve las realidades más dificultosas. Y sin ánimo de caer en esta tendencia tan peligrosa como lo es el optimismo ilusorio, te cuento que creo que necesitamos de un aporte de energía extra este curso escolar y así lo defiendo.

 

Ni vocación, ni conocimiento, ilusión.

 

El curso pasado ha sido durísimo y ha estado marcado por la falta de contacto social, lo cuál ha hecho de un ambiente eminentemente social, un lugar más institucional, cerrado y jerarquizado en cuanto a normas. Ha sido un curso estresante y desgastante, que necesita de un cambio de mirada. Por experiencia sé, que han sido aquellos años en los que iniciaba proyectos nuevos, en los que implementaba nuevas metodologías y en los que en definitiva, hacía cambios; aquellos más prolíficos y memorables, pues estaban guiados en todo momento por la ilusión. Esa ilusión de los nuevos enfoques, de empezar un nuevo comienzo. Esa ilusión contagiosa, que hace que tu compañera se enamore de esa idea y se sume para hacer grandes cosas. Esa ilusión que debiera ser obligatoria, porque aporta alegría en las aulas y motivación al alumnado. Esa ilusión comprometida con crear un ambiente lleno de seguridad, pero también de placer, porque lo educativo también puede ser satisfactorio, y debe serlo. Una ilusión compartida, transformadora, cargada de nuevos aprendizajes. Un momento energizante que dibuje un horizonte lleno de posibilidades. 

Esas ganas de fiesta. Ese pedacito de locura colectiva. Ese tren en el que te montaste después de pasar un buen rato siendo un cascarrabias. Ese frenesí.

Ahora te estás riendo, pero en el fondo sabes que es cierto. Este curso solamente lo podemos afrontar con ilusión por lo educativo y esta la tenemos en todos los bandos. Recuerda que la ilusión está enfocada en los sentimientos de optimismo y de acción, pues es estimulante y se acrecenta a medida que llevamos a cabo acciones que la alimentan. 

La ilusión, tener ilusión, es en definitiva, tener ganas de vivir y no hay mayor vivencia que el aprendizaje. En Atención Selectiva lo tenemos claro, y queremos desearte a ti, que eres docente, a ti, que eres profesor, a ti, que dejas a tu peque de tres añitos por primera vez en el cole; un curso lleno de la sal de la educación, lleno de ilusión.

La noche es más oscura justo antes del amanecer.

✓Stephen King.

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