EDUCAR PARA LA VIDA, EDUCAR PARA EL FUTURO.



Según los datos del último trimestre de 2016 ofrecidos por el INE, la tasa de paro ha caído en España hasta situarse por debajo del 20%. Lo que bien pudiera ser una buena noticia no lo es tanto, pues estas cifras son el resultado de la campaña de contratación de verano, el crecimiento del empleo a tiempo parcial, el crecimiento de la tasa femenina de paro y como viene siendo costumbre en los últimos años, el aumento del paro juvenil. Cifrado en torno al 46% de la población activa menor de 25 años, el paro juvenil es sin duda, el dato más preocupante de la actividad económica española.


Cabe persar entonces… 

¿Estamos educando para el paro?



Así de rotundo. 

Cerca del umbral de la década ya, de crisis económico financiera (teniendo como dato de partida la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008), cabe que nos preguntemos si estamos enviando a toda una generación al paro. Independientemente de nuestros esfuerzos, de nuestra pasión y nuestro desempeño en la docencia, existen fuerzas mayores que nos indican que nuestros jóvenes están sufriendo las consecuencias de este mundo globalizado y en poder de los tecnócratas.

Poco podemos hacer como docentes para mejorar esta situación. Nos podremos desgañitar y exponer una vez más las cuerdas vocales, pero más lejos de lo que pueda representar hoy en día una manifestación, una huelga; estamos atados de pies y manos. Eso sí, nos hablarán de fracaso escolar y de reformas educativas cada cuatro años. Porque en realidad, es mucho más fácil, culpar de esta situación lamentable a un blanco más accesible para la ciudadanía que la clase política. Y lo cierto es que funciona. Pocos son los que hoy en día correlacionan las tasas de paro juvenil y la falta de recursos en educación, pero lo cierto es que estos datos están conectados. Es evidente que en una situación de crisis económica la creación de empleo por parte de gobiernos conservadores no resulta muy factible, pero la disminución de recursos tanto humanos como materiales, influye en el desarrollo económico y esto lo estamos comprobando a fecha de hoy. Más del 46% de parados por debajo de los 25 años nos lo están diciendo a gritos. 



Educar para la vida.




Por tanto, los contenidos academicistas que nos exigen desde el gobierno central y autonómicos, la masa ingente de datos académicos que para nada favorecen una asimilación cultural sana, este ir y venir de reformas educativas; no nos sirven. No nos sirven para enfrentar a nuestra infancia, a nuestros jóvenes, a un futuro tremendamente duro. Y tan duro. Porque lamentablemente, la generación que protagonizan nuestros hijos será probablemente aquella que viva peor que nosotros.

Sé que lo estoy pintando muy negativo, pero creo que una buena dosis de realidad nos hará entender que la memorización sistemática y el aprendizaje mecánico sólo pueden empeorar las cosas. ¿De qué me sirve que mis alumnos memoricen los ríos y afluentes europeos (información que hoy en día poseen a golpe de clic), si no les doy las armas de resiliencia para enfrentarse a su futuro?

¿Cómo pedir a nuestros chicos que se enfrenten el día de mañana a una entrevista de trabajo, sabiendo que serán privilegiados sólo por el hecho de tenerla? ¿Cómo educar a nuestra infancia sin mostrarles que necesitan seguridad en sí mismos para superar con éxito esa entrevista? ¿Cómo no dar las herramientas para mostrar tenacidad y valor para hacer respetar sus derechos laborales? ¿Cómo dejar de ofrecer ese salvavidas, ese brazo al que agarrarse cuando todo se despedaza a su alrededor?



Hoy en día y más que nunca es necesario educar para la vida.
 



Educar en la relación social, en la competencia. Pero no ese cuento, ese humo que nos han vendido durante tantos años como competencia académica. Competencia en su sentido más literal. Competencia para el desarrollo humano. No se puede promocionar una competencia para fomentar el sentido de la iniciativa y el espíritu emprendedor y luego pedir un volumen de contenidos inabarcable. Porque si queremos trabajar el emprendimiento en el aula, los contenidos han de ser lo primero menores, lo segundo flexibles y lo tercero adaptados al alumnado.

Educar para la vida que no es más que educar para el futuro. Aquel problema en el que se compraban manzanas con pesetas, ya no vale. Perto no sólo no vale por el cambio de moneda, no vale porque ahora se hace la compra por Internet o porque ya no es tan importante que te devuelvan bien la vuelta (esto lo calculan ordenadores ahora mismo), sino que importa el precio por unidad y estimar si compensa el kilo de manzanas,  o de qué país provienen y si su clima es apropiado para su cultivo, importa tanto o más la variedad de manzana o simplemente si ese brillo que tiene es saludable o natural. 

Estamos ante nuevos retos económicos, educativos, laborales, sociales. Eduquemos para la vida, eduquemos para el futuro.


La educación es el pasaporte hacia el futuro, el mañana pertenece a aquellos que se preparan para él en el día de hoy.

Malcom X





2 comentarios:

  1. Un post muy interesante, me gusta especialmente esta reflexión final sobre las manzanas. Estoy muy de acuerdo con que la forma de educar no está siendo la adecuada, hay muchos expertos hablando del tema últimamente, que educamos para una estabilidad que ya no existe, que debemos educar para un futuro incierto, incentivando la capacidad de adaptación...
    Creo que ya en este presente que vivimos de poco nos sirve lo que hemos aprendido... yo soy de una generación a la que le decía que teniendo un título lo tendría todo hecho... y es mil veces más importante que sepas defenderte que dónde o qué hayas estudiado... en fin, será cosa del cambio de época histórica

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  2. Hace tiempo que no me paso por las vacaciones (aunque el post que le dedicas a tus alumnos no lo comenté, me pareció precioso).

    Incluso ya en la universidad en el plano del grado te presentan un perfil que supuestamente debes cumplir para esa profesión y luego, ¿lo valoran? ¿o te dan el título por las notas que has sacado? (aparentemente tu conocimiento sobre lo que tienes que hacer para dedicarte a eso toda la vida, aunque viene siendo memoria en exámenes y power points bonitos y que sepas explicarlos y que te desenvuelvas bien en las prácticas).

    ¿Cómo se evalúa si eres capaz de responder asertivamente si tienes un trabajo de cara al público? ¿Si no eres machista y trabajas por ejemplo en violencia de género o directamente con mujeres entrando o cualquier cosa? Hace unos días a una amiga mía estudiante de educación infantil le enseñaron el vídeo de un bebé correteando feliz con un vestido y literalmente dijo que "con eso iban a conseguir que sea gay". Y va a trabajar con niños. ¿Eso les va a inculcar? ¿Conductas homófobas? ¿Le quitará a las niñas los camiones y a los niños las muñecas para seguir fomentando los roles de género?

    Sé que el tema no es precisamente ese pero me preocupó mucho. Es una pena que ni te enseñen a vivir enseñando por ejemplo inteligencia emocional, política, economía, manejo del hogar... Ni se aseguren de que estás cualificado realmente para trabajar de eso.

    Muchos besos de chocolate, para endulzar un poco.

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