Crianza domingo, 23 de diciembre de 2018

CUANDO LOS NIÑOS LLORAN...

Hace un tiempo viví una situación que me hizo reflexionar profundamente en cómo expresamos esas emociones consideradas típicamente como "débiles", estados emocionales relacionados con lo infantil y con una visión del ser humano incompleto. En una sala abarrotada de gente, sucedió algo muy emotivo, algo que haría que el mismísimo Chuck Norris se emocionase y el que más y el que menos soltó esa lagrimilla que causa tanta vergüenza; que genera ese momento entre el ridículo y el enfado porque se presupone que no se es capaz de dominar ese momento emocional. En mi caso esto es el pan de cada día y mis ojos de llenaron de lágrimas. Claro, al instante recurrí al pañuelo de papel y entre emocionada y ofuscada mi mirada se paró en un hombre que estaba en la misma sala. Éste lloraba y dos lágrimas le surcaban lentamente la cara. Le recorrían el rostro poco a poco y sus ojos enrojecidos no paraban de llorar. Tuve que dejar de verlo porque me resultó incómodo. ¿Por qué? Al principio creí que una vez más, porque nuestros sentimientos no dejan de estar ligados a lo genético y con el transcurso de los años el llanto se ha asociado a esa debilidad humana de mostrar un sentimiento. Con los años me he dado cuenta de que este no fue el motivo.

Como lloró aquel hombre en aquella situación, sólo se llora en las películas o si eres niño. Generalmente, cuando uno llora (cuando un adulto llora); tiende a secarse rápidamente las lágrimas, a reprimirlas o a esconderlas. Cuando alguien muestra esta expresión de tristeza o de emoción de una manera tan llamativa, considero puede ser por dos causas. La primera, no tiene este sentimiento o esta expresión del sentimiento acorde en su repertorio, por tanto lo emula para encajar en una situación cotidiana socialmente hablando. Es decir, esta persona ha aprendido a imitar este momento emotivo, para actuar como el resto. O, en segundo caso, estaba fingiendo esta situación y quería mostrar ese llanto para que todos lo viesen.





El llanto.


El llanto es una expresión de un estado emocional que bien puede ser de alegría, de tristeza o incluso de ira. Totalmente involuntario, te hace preguntarte ese qué vino antes, la emoción, el sentimiento, o la lágrima. Es decir, ¿primero actúa el sentimiento y luego la expresión, o es la expresión la que genera este sentimiento? De cualquier manera, el llanto es lenguaje, te cuenta, te dice, te explica muchas cosas. 

Podemos llorar de alegría porque nos ha tocado la lotería ayer, podemos llorar de tristeza, por la falta de los seres queridos en estas fechas, o podemos llorar de enfado y de rabia, por una injusticia que nos supera. Pero en todos estos casos, nos estamos comunicando. El llanto es lenguaje. Incluso fingido, es lenguaje. Cuando alguien hacer ver que llora, busca la atención de los demás, busca consuelo o aceptación; porque el llanto es una expresión reguladora de lo social y en situaciones de conflicto interno, tendemos a éste para que nos arrope nuestro entorno.

Llanto y niños.


El llanto ha sido por tradición, una expresión identificada con los niños y con lo infantil en nuestra sociedad, especialmente en aquellas clasificadas como individualistas (frente a las colectivistas, menos frías y más conscientes emocionalmente). El que llora "es un bebé", "llorar es de niños" o incluso sumando el prejuicio de género, también es muy típico ese "los niños no lloran" que en su día cantaba Miguel Bosé.

El caso es que los niños sí lloran y lo hacen por muchos motivos, tan variados como dispares, pero generalmente lloran por sufrimiento o por frustración y muestran su emoción sin reparos pues todavía no están influidos por los códigos sociales, como te comentaba en la introducción. Pero sobre todo lloran, porque quieren comunicarse. Que un niño llore siempre será un buen comienzo para hacer entender sus emociones y sentimientos. 

Cuando los niños lloran.


En el caso de la tristeza, el llanto favorece a la economía de recursos. Ayuda a afrontar esa situación en la que no se puede hacer nada o escapa de nuestras posibilidades. Es cuando muchas veces decimos, llora por frustración. Y esto es una verdad a medias. Evidentemente este niño está frustrado, pero también está afrontando su sentimiento. Y no está pidiendo que vayas y le digas ese tan trillado "no llores más", simplemente está gestionando su emoción. 

Un niño, puede además emplear el llanto para decir lo que no puede, en el caso de ausencia del habla. El llanto se transforma aquí, en un medio para comunicarse, pues al carecer del otro, no sabe cómo mostrar su enfado o su falta de acuerdo. Muchas veces los niños lloran o estallan en rabietas y pensamos que esto es un proceso madurativo, que cuando cumpla los tres años aproximadamente se le pasará. Sin embargo esto no es así. Lo que sucede es que se habitúa al código social que nosotros imponemos, porque resulta incómodo que un niño llore. Entonces, pedimos como garantía de desarrollo y de maduración la ausencia de este llanto. Bueno, en realidad nos resulta incómodo a los adultos. Un niño que ve a otro llorar, generalmente responde con una muestra de afecto o llorando igualmente. También tendemos a decir que "se contagian". Pero esto no es cierto, en realidad este es un síntoma de empatía en estado puro. Pero este tipo de reacción espontánea se va perdiendo con el paso del tiempo.

Esto sucede porque somos, en general, represores de los estados de ánimo y por tanto la visión de un niño llorando nos es incómoda. Nosotros, desde nuestra perspectiva de adultos, evitamos y retiramos la atención de estímulos que nos causan estados emocionales fuertes, que nos lleven al llanto. En este sentido, cuando los niños lloran, no les mandamos que paren por considerarlo mejor para ellos, sino para nosotros mismos. No deja de ser el reflejo de nuestra empatía. Sentimos ese pesar, pero nos es molesto, por tanto enseñamos a reprimirlo.

Cuando los niños lloran, nos están hablando con el alma. Lloran para ser comprendidos, lloran porque necesitan de nosotros, lloran por frustración, lloran por incomprensión, lloran porque es parte de su lenguaje. De hecho lloran desde el minuto uno de vida, porque el llanto es innato. La evolución ha hecho que esos niños que lloraban llamando la atención de sus progenitores, sobrevivieran ante los que no lo hacían desde tiempos inmemorables. Llorar, es en conclusión, un síntoma de inteligencia. 

Por este motivo, resulta importante poner atención al llanto, empatizar desde el lado emocional y no desde la incomodidad o el lado más cognoscitivo, volver a ser un poco niños para entender estas expresiones.

Por último, recordar los peligros de la habituación. Un niño que es desoído en sus emociones más primarias, un niño cuyas lágrimas ignoramos, es un niño que se acostumbra a ir por la vida sin que le presten atención, entendiendo que cualquier preocupación, problema o molestia será desatendida por los adultos. Por tanto, será un niño que se acostumbrará a que sus problemas no son importantes y a que haga lo que haga, no hay modo alguno de solución. Aprenderá a estar indefenso ante la sociedad.

Cuando los niños lloran, en definitiva, te buscan y te necesitan. Creer que son inmaduros o débiles, es un error prejuicioso que habla más del que se siente molesto (y me incluyo) que de ellos mismos.


No te rías nunca de las lágrimas de un niño. Todos los dolores son iguales.

Charles Van Lerberghe.


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