coaching domingo, 12 de agosto de 2018

Breve reflexión sobre la desinformación y el control en educación

A lo largo de la vida, el maestro, lo mismo que cualquier profesional del tipo que sea, acaba planteándose si lo que hace va bien, si camina en una buena dirección, si debe cambiar ya sea mínima o significativamente su modo de trabajo. Lo que comúnmente venimos llamando desaprender. Ese desaprender para volver a aprender y seguir creciendo. Aquel que no se replantea su propio método, su trayectoria, jamás avanzará, muy por el contrario quedará estancado en una altura difícil de superar. Parece entonces una buena práctica, por más vértigo que dé, replantearse los aspectos que han sido trascendentales en nuestras carreras.

Bien, este es mi caso. En este período vacacional he reflexionado sobre la profesional que quiero ser, tanto como la que no quiero ser, y para esto he tenido que ejercer el pensamiento más crítico del que dispongo.




Hace unas semanas recordaba las clases de sociología de las que disfrutaba en la Facultad de Santiago de Compostela, cuando estudiaba Magisterio. Tengo un recuerdo algo difuso, y como ya conté en otras ocasiones, como por ejemplo en lo relativo a lo aprendido sobre el currículum oculto; pocas fueron las lecciones notables que recuerdo de este período de mi vida. Sin embargo, en estas clases aprendí a dudar hasta de mí misma. Nuestro docente, Jorge, puso un especial énfasis en insistir en el pensamiento crítico y en la idea del control que las estructuras de poder ejercen sobre los ciudadanos para mantenerlos dominados y sumisos.

No es una idea poco común o peregrina que desde tiempos lejanos los poderes políticos ejercen un control focalizado en ocuparnos para acogernos fáciles de manejar. Desde la Edad Antigua, con las grandes civilizaciones, mediante los sacrificios o el circo romano hasta el fútbol en la actualidad, el poder tiende a distraer y a canalizar el pensamiento a lo fácil, lo anodino, lo puramente hedónico y carente de toda cultura. En este sentido, la educación juega un importante papel, pues el principal gesto de rebeldía y contrataque a los sistemas de control.

Ya lo decía Tomás Bulat, el economista y también docente argentino:

Cuando se nace pobre, estudiar es el mayor acto de rebeldía contra el sistema.

Y esto es algo que también cae de cajón. Una sociedad informada, educada, formada, es una sociedad que sabe lo que quiere, que exige, que no se deja engañar por los fuegos de artificio de los poderes tecnócratas y financieros.

Por tanto el control de la sociedad viene siempre camuflado, escondido detrás de un envoltorio al que resulta difícil resistirse. Sin embargo nuestra sociedad actual no es tan fácil de engañar. Somos una población formada y es más, ¡tenemos Internet! Cabe pensar que cualquier tipo de engaño que nos quieran servir para que no pensemos que estamos siendo fruto de la manipulación, será percibido gracias a nuestra amplia gama de conocimientos. Pero esto no es así. La desinformación se ha convertido en la principal arma de control de los poderes político financieros.

Desinformación y control en educación.


Siempre he defendido que el academicismo ha tenido su apogeo, pero ahora es tiempo de un sistema educativo diferente. Sin embargo esta transformación tan ansiada por tantos debe tener un carácter científico y estar arropado por bases fundamentadas del estudio de diversas disciplinas generales (desarrollo infantil, psicopedagogía, psicología evolutiva y del aprendizaje, etc.), así como específicas. Este cambio no puede caer en la desinformación.

Con desinformación, como cabe suponer, me refiero a leer un artículo en Internet o dejarse llevar por una corriente que está de moda. Desinformación supone creerse con la suficiente superioridad moral de considerar que la metodología que uno usa en el aula es mejor que la del compañero, sin pararse a suponer que pueda tener parte positiva en el desempeño de su ejercicio docente. Desinformación es emplear una corriente metodológica porque está dando buenos resultados en el país X, sin tener en cuenta que la inferencia con nuestro propio contexto no tiene por qué darse. Desinformación es hacer lo que dice el influencer, o esa compañera que tiene tantos años de experiencia, o lo que te dice la entidad financiera.

Y es curioso, porque estas últimas están cada día más vinculadas a lo educativo, y concretamente a las pedagogas emergentes. No sé exactamente cuándo la educación pasó de ser un bien social a un activo, pero todo parece apuntar a que cada día más empresas y particulares se irán sumando a vivir de la educación. Y bueno, yo no tengo nada en contra, mientras no me llegue el humo.

La habituación que mantenemos ante la desinformación no es un hecho aislado, sino un fenómeno social que trasciende países y culturas. Quizás con la influencia de la habituación que produce la exposición de los mass media haya hecho subir la marea hasta lo educativo. Cada día surgen nuevos términos educativos a los que nos sumamos sin realizar un análisis claro de su fundamentación. No hace mucho tiempo, esto ocurría en Twitter:

https://twitter.com/PsicEduM/status/1016714687893966848
FUENTE: Twitter de @PsicEduM


Visual listening (me da vergüenza ajena darle más publicidad) es un ejemplo algo estrambótico, pero lo cierto es que he perdido un tiempo, para mí muy valioso, investigando sobre pedagogías o metodologías que provenían de gente muy preparada y he acabado descubriendo que están relacionadas con lo económico, lo jurídico o lo estrafalario incluso. Y este es el panorama con el que nos topamos los docentes en la actualidad, el ejercicio de una serie de prácticas fundamentadas en el negocio que sin ánimo de caer en la conspiranoia me dan qué pensar.

¿Y si realmente este no es más que un sistema de control? Mientras vaya nadando entre el visual listening y el "ponga usted un anglicismo que suena mejor", probablemente dejaré de lado aquellas metodologías que sí tienen un fundamento teórico dentro de las bases del aprendizaje, metodologías que sé que funcionan pero no son tan innovadoras.

Lo sé, sigo siendo la misma, la que cree en la educación emocional y en el lenguaje del coaching. La que prueba, la que lee y que se informa, pero ojo, también la escéptica. Y ahora mismo más que nunca.


No nos dejemos inducir a error: los grandes espíritus son escépticos. Zaratustra es un escéptico. La fortaleza, la libertad nacida de la fuerza y del exceso de fuerza del espíritu se prueba mediante el escepticismo.

✔️Friedrich Nietzsche.

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