DE SESGOS PERCEPTIVOS, DE INFORMACIÓN, FOTOGRAFÍA E INFANCIA.

El tema que he escogido hoy, lo sé con certeza, es más que polémico. Pero no me gustaría confundirte. No lo he escogido para que te enfades, o para intentar convencerte de que dejes de hacer algo que te gusta. No lo escribo para cambiar tu opinión, lo escribo porque es un pasatiempo para mí, lo hago para aportar y no para machacar. Con un pequeño toque de humor y algo de ciencia..., ¿es positivo mostrar imágenes de niños en las redes?

Si eres de las personas que crees que sí lo es, me reitero, no es mi intención que cambies de parecer. De hecho yo a ti te envidio. Envidio cómo sacas a tu pequeño que es tan bonito y tan gracioso en tus redes sociales. Te envidio cuando te marcas un selfie familiar con tu niña y con sonrisas profident que iluminan una tarde de otoño en el parque. Te envidio a ti, que compartes a tus gemelos jugando y correteando por la casa llena de algarabía.

Y te envidio porque, me vas a perdonar la arrogancia, miro a mi niño y ¡es tan guapo! Lo veo, y seguro que adivinas lo que pienso:

Este es el bebé más guapo del mundo.


Este no. Este niño no es el mío, pero ¡mira que mono!



Lo creo. Me lo creo. Lo veo tan grande, tan lleno de vida, con esa mirada abierta de mil brillos y con esa sonrisa tan mágica que puede hacer que el peor de mis días se convierta en el paraíso terrenal. Y, ¿qué quieres que te diga...?


Te envidio. 


Y lo hago porque me encantaría compartirlo con toda la humanidad. Me encantaría llamar a las puertas de todas las casas, pisos, habitaciones, mansiones, moradas, hoteles, ... abrir las puertas de pensiones, las puertas de oficinas, de viejos salones, de anfiteatros, del tiempo, del bien y del mal, del infinito supremo y decir:

¡Mirad qué guapo es mi niño!

Luego, me doy cuenta de que estaría cayendo en un sesgo perceptivo más y se me quita la idea de la cabeza. Pero no sin la certeza de que tú que eres madre, de que tú que recientemente eres papá, has pensado lo mismo en algún instante.

Sesgos perceptivos.


Como seres humanos que somos, fundamentamos nuestra realidad en el hecho de la comunicación. Este gran invento del que podemos presumir, ha hecho que marquemos una diferencia evolutiva en nuestra especie. Pero en pleno S. XXI, el hecho comunicador es rematadamente complejo. Recibimos información sistemáticamente y sin descanso, con lo que nuestra memoria RAM, nuestro cerebro, llega a un momento en el cual echa humo. Necesitamos resumir y almacenar toda la información que procesamos y para esto empleamos los heurísticos.

Un heurístico es un atajo mental que empleamos para no almacenar información de más y sobre saturar el sistema (nuestra memoria). De este modo, los heurísticos nos sirven para resolver problemas, para hacer evaluaciones de las posibles consecuencias de nuestras acciones, para atajar información sobre personas o situaciones, acontecimientos,...



Cuando estos heurísticos suponen atajos demasiado rápidos para hacernos a la idea de este tipo de evaluaciones y cometemos algún tipo de fallo en nuestras percepciones, recurrimos a los sesgos

Los sesgos perceptivos nos sitúan en el centro de la diana, realizando interpretaciones equívocas de la realidad. Generalmente, este tipo de sesgos están relacionados no con los conocimientos previos que tengamos sobre los asuntos pertinentes sino más bien por la influencia de nuestros sentimientos. De este modo creamos perspectivas personalizadas que están fundamentadas en opiniones personales, y que como siempre no tienen porqué (y no suelen) coincidir con la realidad.

Es por esto que tan fácil resulta creer que tu hijo es el más maravilloso ser del mundo. Si cada vez que lo abrazas te sientes en las nubes, es más que razonable que caigas en un sesgo perceptivo. Y sé que te pasa, porque a mí me ocurre también. Estar en un momento tan especial, tan emotivo como lo es la maternidad temprana (y no tan temprana) te sume en una serie de sensaciones que hace que pierdas la percepción de lo que es real. Porque siento ser yo quien te lo diga, yo que peco de lo mismo que todos: nuestros niños no son los más guapos del mundo, aunque así los veamos.


Era de la información, fotografía e infancia.


Y si de algo estoy segura es de que este tipo de sesgos han sido determinantes junto con el avance de las nuevas tecnologías, en el establecimiento de esta perspectiva actual en la que la imagen de los niños y de las niñas pequeñxs se está haciendo masiva en la redes. Facebook, Instagram, Google +, Pinterest y demás plataformas de entretenimiento social están cargadas de fotografías de niños y sus familias, los cuadros del S. XXI. El costumbrismo de nuestra era consiste en la narrativa del día a día mediante el soporte visual. Lo cuento pues sucede y el protagonista es mi hijo.


Y lo cierto es que te paras a pensar cómo evolucionará este modo de compartir una información tan personal, tan íntima, en el marco de las comunicaciones actuales. 

¿Qué sucederá cuando estos niños sean adultos? ¿Acaso se les está preguntando directamente por esa parcela de intimidad que mostramos al mundo? O simplemente, ¿entienden la trascendencia de una imagen, de su imagen, con el paso del tiempo en este loco mundo 2.0?

Si es algo que a priori no te preocupa, te propongo que lo veas de otro modo más empático. ¿Te imaginas esta locura hace unos 25 o 30 años? ¿Te imaginas a tu madre, por ejemplo, colgando en Facebook esa fotografía con tus ciclistas fosforitos y ese cardado con flequillo a lo Salvados por la campana  enlacado que estilabas? ¿Te imaginas a tu padre orgulloso de su Instapic con tu foto de camiseta de Naranjito bien "apretá", enseñando parte de la barriguita y unos mínimos shorts azules a juego con calcetines de rombos multicolor?

Si veo fotografías de mi niñez ahora mismo, ni loca querría formar parte de este tipo de comunicación en la que tu intimidad es el principal protagonista. Al menos, me gustaría tener la edad necesaria para poder opinar sobre mi imagen. 

Sé que probablemente te dará igual, que consideras que es bonito mostrar a tus hijos, cómo crecen, sus hazañas, pero simplemente por aportar algo de pensamiento inverso... ¿Qué crees que quiere tu hijo en estos momentos? Y también, ¿qué querrá cuando sea mayor y pueda acceder a las mismas redes que tú?


Probablemente te quiera tanto que toda decisión que tomes le parecerá correcta, pues también ellos incurren en sesgos perceptivos. Y tengo buenas noticias: para ellos tú eres perfectx. Aunque recuerda que...


...Todo parecido con la realidad es pura coincidencia.


6 comentarios:

  1. Oh, me ha encantado el post!! Super completo y muy bien explicado!! Estoy de acuerdo en mantener en el anonimato a nuestrxs peques! pero además aportas una información de lo más curiosa!!
    Muchísimas gracias por tu aporte! :)

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    1. Gracias a ti por pasarte, Mónica, y especialmente gracias por tu buenrollismo! Da gusto encontrarse con gente como tú en este 2.0. Por cierto, que me enterado que eres gallega por el grupo bloggers galegos, si somos paisanas!!! Jajajajjajaj Vamos, que me he pasado por tu blog recientemente y me encanta el cambio de look!! Felicidades!! Y aprovechó desde aquí para recomendarlo: Objetivo Tutti frutti http://www.objetivotuttifrutti.com/?m=1

      Un besote!

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    2. Muchas gracias! Me sonrojas jaja simplemente valoro tu trabajo! Porque lleva chollo! Y el tema mezclado con tecnicismos y a la vez vanalidades, me encanta! 😉 suscrita me tienes! Jaja nos leemos!

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    3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Gracias a la entrevista de Mónica Lemos te acabo de descubrir y me parece muy interesante este artículo y todo tu blog. Así que ya tienes seguidora. Un abrazo!

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    1. ¡¡Pero cómo me alegro!! Yolanda, ¿verdad? Ya conocía tu blog, ¡¡y sus dibujos!! Me alegro que te haya gustado y celebro este encuentro virtual. ¡Otro abrazo y bienvenida!

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