psicología lunes, 27 de julio de 2015

RUMIACIONES, ENGANCHARSE A LOS PENSAMIENTOS

Nuestra sociedad es un grupo que debe una buena parte de su esencia a su volatilidad. Son numerosos los factores que la hacen cambiante, pero es sobre todo el paso del tiempo, el factor que más la modifica. La historia ha hecho de la sociedad, un ente de gran adaptabilidad al cambio. Nos hemos adaptado al fenómeno industrial, a la era tecnológica, a los fenómenos del marketing y dominio de los mass media, a las redes sociales una y otra vez, a vivir deprisa,...

Y con esta rapidez para todo, se ha venido estableciendo un patrón de vida, que se basa fundamentalmente en acumular preocupaciones.

Las facturas e impuestos, 
la familia y los amigos,
las relaciones de pareja,
el trabajo, 
la crisis financiera, 
el recorte de derechos,...

Por eso es bastante normal que en estos tiempos que corren, se escuchen expresiones como:

Pensar demasiado,
darle muchas vueltas a las cosas,
comerse la olla,
o el tarro,
rayarse.



Como norma general, gastamos bastante coco, pues nuestra vida así lo requiere muchas veces. Y es común en la sociedad actual, un fenómeno que se produce en torno al 12% de incidencia en la población. Las rumiaciones.

Rumiaciones. Cuando vivimos por y para nuestros pensamientos.

Rumiaciones son pensamientos recurrentes de preocupación o culpa que generan una frustración causante de un círculo vicioso de mal estar. En este sentido, cuando rumiamos, cuando sufrimos de rumiaciones, no buscamos una salida positiva a nuestros conflictos o problemas, sino que rememoramos el pensamiento negativo que nos produce una situación dada, una y otra vez.

Padecer de rumiaciones es muy negativo, pues una vez se inicia esta espiral de pensamiento negativo que es tan difícil de parar, si no se presenta una solución al problema que las origina, podemos caer en la ira, la depresión o la frustración.

Las rumiaciones se pueden presentar por cualquier motivo y serán dependientes de lo que a cada uno de nosotros nos preocupa en un determinado momento. Una discusión de pareja, un enfado con algún familiar, un malentendido en el trabajo, la pérdida de alguien, una ruptura sentimental, problemas de índole económica o de salud, etc. Todas estas causas y muchas más pueden ser el objeto de una rumiación, que a su vez se puede producir en cualquier contexto. Desde el momento de hacer la compra hasta al acostarnos a dormir, las rumiaciones nos persiguen y es muy difícil deshacerse de ellas.

Si a mayores sumamos el "lo que hubiera hecho si...", la frustración está más que garantizada.


El peligro de vivir enganchado a las rumiaciones.

Cuando los pensamientos se apoderan de uno, de modo que no se puede volver atrás; cuando se cae en el círculo que supone rumiar, se produce una dependencia. En este momento, sentimos que necesitamos recrearnos en nuestros pensamientos en lugar de buscar soluciones o el porqué, el motivo por el que se producen. 

Además, el hecho de padecer de rumiaciones puede estar relacionado con el consumo de alcohol y/o drogas, con la depresión, con trastornos alimenticios, etc.

Las rumiaciones son especialmente peligrosas en aquellos que tienden a magnificar sus preocupaciones o problemas, manteniendo un estado de ánimo siempre negativo y recurrente.


Para eliminar las rumiaciones de tu vida.

Primero que nada no debemos confundir rumiar con pensar. El pensamiento es algo positivo siempre y cuando sea reflexivo, siempre que tenga una intención. Por el contrario, rumiar, no sólo es negativo sino que también es perjudicial para aquellos que no son capaces de salir de este círculo.

Por tanto, el primer paso para detener una rumiación es identificarla, diferenciándola de un pensamiento racional y reflexivo.

Una vez detectada la rumiación, lo mejor será reducir los pensamientos negativos. Cualquier tipo de distracción nos puede ayudar a dejar de pensar en el mismo concepto una y otra vez. Pero este tipo de distracciones deben fijar toda nuestra atención. Puede parecernos que ver una película hará que nos distraigamos fácilmente, pero lo cierto es que es bastante probable que perdamos el hilo del film ahogándonos nuevamente en el acto de rumiar. Por el contrario, realizar crucigramas o sudokus, es un ejemplo de actividad que minimizaría nuestros pensamientos de manera que poco a poco se irían reduciendo, y por tanto debilitando.

                    

En esta fase en la que las rumiaciones se hacen menos frecuentes, podemos intentar escribir nuestros pensamientos para transformarlos de rumiaciones a pensamientos reflexivos, analizando poco a poco cual sería una posible solución a nuestro problema o el porqué de la repetición sistemática del motivo rumiante.


A grosso modo, se trataría de reeducar el pensamiento, formarnos en un etilo analítico de la introspección.


Aprender a pensar.



Colectividad que no sabe pensar, no puede vivir.

Concepción Arenal.




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