Educación domingo, 1 de octubre de 2017

CUÁNDO EMPEZAR A HABLAR A LOS NIÑOS DE POLÍTICA

Creo que el momento en el que empezamos a hablar de crisis económica en la sobremesa y delante de los niños, es que normalizamos el hablar de política a los más jóvenes. 

Ya desde las antiguas civilizaciones grecorromanas y gracias al influjo del desarrollo de las ideologías democráticas,  se comenzó a instruir a los niños en el conocimiento político. Esa democracia, proveniente de la palabra griega demos, "pueblo" y kratein, "gobernar"; se ha venido reinventando con el paso a épocas menos gloriosas en el aprendizaje de la política y su repercusión y organización sociocultural. Como sociedades (las clásicas), que tenían su fundamento cultural enfocado en la educación; el aprendizaje tanto desde el hogar como desde las escuelas de instrucción, contemplaba un amplio abanico de conocimientos que iban desde la literatura al deporte, pasando por la política.

Sin embargo, con el paso de los años, con el énfasis en la protección de los más pequeños, el hablar de política se ha convertido en un tema tabú, considerando la formación en el hecho diplomático político una manera más de estropear la inocencia. Y es que el problema que tienen nuestros hijos y alumnos a día de hoy es que los referentes políticos no son como los antiguos demócratas, o como los líderes de revoluciones históricas, como aquellos respetables ciudadanos que creían en una transmisión de valores en torno a la política.

Por otro lado, la delgada línea entre educación y adoctrinamiento nos lo pone más difícil a aquellos que consideramos que debe haber una alfabetización en las cuestiones básicas políticas en las casas y en las aulas. No nos podemos olvidar de que vivimos tiempos de ignorancia financiero económica, que los medios de comunicación no apuestan por hacer labor didáctica de la política y que se legisla muchas veces en contra de la mayoría ante nuestras incultas narices.

Pero, ¿cuándo empezar? O, ¿por dónde? Muchas dudas en torno a abordar una temática que no dudamos en mostrar muy comúnmente en reuniones familiares, en las redes sociales o en el bar con los amigos; pero que limitamos a la hora de tratar con los niños aún a pesar de su interés.



Hablar con los niños de política.


Como docente llevo un par de años introduciendo la expresión oral en las lenguas (lengua castellana y lingua galega, en mi caso) a modo de asamblea en Educación Primaria con niños entre los 10 y los 12 años. Les pido a mis alumnos que seleccionen el fin de semana noticias de su interés para hablar y dialogar durante unos minutos sobre cuestiones que procuro encauzar hacia el debate filosófico y el trabajo de la opinión crítica. Es sorprendente cómo surgen temas de política casi siempre, razón por la cual es evidente que importa a los más jóvenes. Desde Trump, Corea, el conflicto sirio o los atentados de París o Barcelona, hasta la dialéctica comprensiva de muros y fronteras o el racismo; pasando por un largo etcétera de temáticas que probablemente creas que no son las más idóneas para tratar con niños, pero que forman parte de sus centros de intereses.

No me cabe la menor duda de que mañana muchos de mis alumnos querrán hablar del Referéndum, que ha polarizado nuestra opinión de un modo radical en las últimas semanas. Es algo de lo que ya hemos hablado, desde la metáfora de separarse nuestra clase del colegio y de otras formas análogas. Hemos comentado qué beneficios tendría y qué desventajas, quién saldría perjudicado, quién beneficiado y siempre de un modo respetuoso con las opiniones de todos. Hago realmente esfuerzos no por no mostrar mi propia ideología, sino por mostrarlas todas y que entiendan que nada debiera ser asimilado sin analizarlo antes. El abogado del diablo que he desarrollado es muy bien recibido entre risas y ojos muy atentos que cambian de argumentos o los endurecen ante mi asombro y mi complacencia.

El momento para hablar de política con los niños es ahora. Ahora que les afecta y que les repercute en su formación y en su día a día. Ya en otras ocasiones he hablado sobre la idoneidad de valorar el contexto a la hora de hablar de terrorismo o de prejuicio, y me reafirmo. Analizar el contexto en el que se producen unos hechos como los de hoy, los del Referéndum catalán, debiera ser un contenido educativo a priorizar. No, y para nada, hacer demagogia de un bando u otro; pero sí analizar ese contexto que nos ha llevado a esta situación desde un enfoque plural y comprendiendo que es parte de nuestra historia.

Por otro lado, hablar de política con los niños evita tensiones innecesarias. Esas tensiones derivadas de pequeños fragmentos de conversaciones que van pillando sin saber muy bien dónde ubicarse. Evita el pensar que una manifestación es algo malo, evita relacionarlo con el hecho violento, por ejemplo. Evita que se sientan indefensos o preocupados ante los hechos de actualidad. Evita muchos prejuicios, confusiones y opiniones sesgadas desde la doctrina o los medios de comunicación.

Por eso, en mi caso, hablaré de política con mi hijo y también con mis alumnos, siempre desde un punto de vista didáctico y de ciudadanía. Y me encantará ir a votar con la certeza de que las generaciones futuras son responsables con el ejercicio crítico de las decisiones políticas de nuestros gobernantes. 


Valores ciudadanos.



El hecho de hablar de política con los niños incide a nivel positivo en muchos otros aspectos a mayores. Fomenta las ideas democrático ciudadanas de respeto, de tolerancia, de igualdad y de lucha contra el prejuicio. Abre y tiende lazos al debate y al diálogo, huyendo del insulto y la descalificación inútil, que por otro lado, suelen ser las armas de muchos adultos que se dicen conocedores de política. Para muestra, un botón llamado Twitter las últimas semanas. También es necesario hacer ver a las nuevas generaciones que hay un modo de entender la política ligada a la ciudadanía y al respeto por el otro.

Además, el hablar de política fomenta el entendimiento de justicia, de democracia, de pluralismo; y no podemos obviar que está directamente relacionada con muchos de los estándares de aprendizaje que contemplan las Ciencias Sociales. Resulta realmente ridículo hablar de nuestro sistema electoral, de qué son las Cortes, de Justicia como entidad si no se ha hablado antes de qué es un partido, qué es la Constitución, qué es un gobernante, etc.


La libre expresión, nos afecta a todos.



Por último, me gustaría añadir y como conclusión a esta reflexión sobre la idoneidad de dar valor al aprendizaje del hecho político, que todos tenemos libre expresión (o al menos, debiéramos), por ley. Si un niño gusta de expresar su opinión sobre cualquier cuestión política ya sea mediante la palabra, mediante una reivindicación con una bandera o desde sus redes sociales, está en su derecho. A nosotros como adultos, nos puede gustar más o menos, pero lo cierto es que no hay diferenciación por edades a la hora de permitir el libre pensamiento. Y puede parecer que este libre pensamiento es el resultado del adoctrinamiento vía hogar, pero lo cierto es que nuestra joven ciudadanía no es tonta y tiene capacidad para hacerse un opinión, motivo por el cual es necesario hablar de política con ellos. Hoy más que nunca.

Y acabo por el principio. Política es una palabra proveniente de Politeia, palabra griega que representa a la polis, ciudad. Para los griegos, Politeia era la ciencia de la ciudadanía y estaba íntimamente ligada con el concepto de educación, o paideia. Pero también es cierto, que esta bella palabra está conformada por el vocablo ética, es decir, el modo correcto de gobernar una ciudad o polis. Devolvamos ese esplendor del conocimiento político, acerquemos su razonamiento a toda la ciudadanía sin excepciones y quizás con este comienzo podamos ser un poco mejores demócratas y ciudadanos al acabar el día de hoy.


La población actual no sabe lo que está ocurriendo y ni siquiera sabe que no lo sabe.



✔Avram Noam Chomsky

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