coaching domingo, 21 de mayo de 2017

LA SONRISA, UN SALVAVIDAS UNIVERSAL.

Recientemente me he fijado en cómo sucumbimos a la sonrisa de un niño. Nos cuesta, realmente, no dejarnos llevar por ese sentimiento desencadenado de alegría, por ese contagio. Cada día, millones de bocas desdentadas se muestran acompasadas a mandíbula batiente, pero este no es el caso de todos los niños. Por este motivo, debemos reflexionar sobre la importancia de la risa y de los estados emocionales alegres tanto en niños como en adultos, pero especialmente en los primeros, que atraviesan un momento decisivo en la formación de su futura personalidad y autoconcepto. Una sonrisa lo puede cambiar todo, por eso es esencial que seamos conscientes de su poder a la hora de dirigirnos a los demás. Pero debemos realizar un esfuerzo extra si cabe, en el modo en el cual interactuamos con los niños, pues la falta de un clima alegre en la infancia puede generar daños irreparables.

Cuando sonreímos, manifestamos externamente nuestro sentimiento de alegría, y aunque no todas nuestras sonrisas son verdaderas (de esto ya hablamos aquí, en esta entrada: Mentirosos emocionales), sí es cierto que cuando lo hacemos de verdad, reímos con el alma. Esta expresión facial que mostramos cuando estamos alegres es una de las más reconocibles y universales, pues es la misma en todas las culturas y épocas históricas de ser humano. Se produce con una inmediata y casi repentina elevación de los pómulos que activa un estrechamiento en la apertura palpeblal y un retraimiento de las comisuras labiales que dejan entrever nuestros dientes. En menos de un segundo, la alegría pone en marcha la maquinaria necesaria para mover todos los músculos que hacen de nuestra cara, un salvavidas universal.

La risa se contagia.


Probablemente al ver esta imagen, se te haya venido una sonrisa a la boca, porque efectivamente la sonrisa es contagiosa e intentar engañar a tu cerebro para no reírte es toda una hazaña. De hecho hay estudios que indican que esta no es voluntaria siempre y que en relación a determinados estímulos es imposible de controlar. Por este motivo, cuando tratamos de disimular una sonrisa o carcajada, tenemos que hacer esfuerzos sobrehumanos.

La expresión vocal, también se modula en torno a la emoción de la alegría y con la risa, alterando la sonoridad y el tono de la voz, las modulaciones. De repente nos transformamos en un carrusel de jos, jas y jis que bien ensartados pueden llegar a acompasarse hasta con lágrimas.

La sonrisa es ese elemento que modifica todo nuestro cuerpo y que desencadena respuestas que palían los estados emocionales tristes. No en vano, el creciente estudio de la risoterapia nos muestra que es posible cambiar un estado emocional si ejercitamos la risa, especialmente si lo hacemos en grupo por su efecto contagioso.

Además, es una de nuestras primeras expresiones y métodos de comunicación, junto con el llanto. Es nuestra principal herramienta para comunicarnos y socializar, que irá tiñéndose de complejidad cuando surga el sentido del humor. De este modo, la sonrisa se eleva a su Nirvana cognitivo, pues cuando comprendemos el humor de los demás, desarrollamos también nuestra inteligencia. Pero no solamente de la risa depende nuestro intelecto, sino que a día de hoy se conoce que gracias a ella desarrollamos un mejor sistema inmune y que es beneficiosa para la musculatura y el aparato cardiaco. Sonreír nos hace más saludables porque gracias a este acto reducimos los niveles de hormonas que aumentan el estés, como el cortisol y elevamos los niveles de endorfinas, que reducen la presión sanguínea.


La importancia de mostrar nuestra sonrisa a los niños.

 

El Doctor y profesor de psicología, Edward Tronick, realizó un estudio en 1975 en el que probó la importancia de interactuar mediante la sonrisa en los períodos críticos de la infancia. En su conocido experimento "Still face", trabajó con una situación experimental en la que manipuló la respuesta afectiva de madres de niños muy pequeños para estudiar el efecto de la depresión parental en la infancia. Esta situación consistía en mostrar a niños entre los tres meses de edad y el año, a su madre con un rostro impasible, falto de toda emocionalidad, voz, calor. La reacción de los niños ante esta manipulación de la realidad probó la importancia de la bidireccionalidad de las emociones de alegría y afecto mediante el gesto.






Como has podido contemplar en el vídeo, la falta de emocionalidad, de respuestas de sonrisa, de acción de humor y de afecto por parte de los adultos, genera estrés y ansiedad en los niños que toman como referencia al adulto para señalar un ambiente positivo y seguro. Sin embargo, algo que parece tan obvio, no lo resulta en todos los casos. De hecho son muchos los niños que crecen en situaciones desfavorecidas, sin ningún tipo de afecto o apego. Y es más, el ámbito educativo tampoco se libra de esta situación, pues por desgracia no siempre existe un buen clima de aula en todas las circunstancias.

Pero además, estas conclusiones son extrapolables a un rango más amplio de la edad de los infantes. Si bien es cierto que los bebés, atraviesan un período crítico en el que tienen más necesidades de regulación tanto fisiológica (sueño, digestión, respiración,...) como emocional (irritabilidad, sociabilidad,...); los niños de una edad avanzada van superando las regulaciones fisiológicas, pudiendo tener carencias en las emocionales. Incluso nosotros como adultos, no llegaremos a un nivel óptimo de regulación emocional si tenemos sobre nosotros las carencias de una infancia falta de afecto.

Para Tronick, este fenómeno relacional entre la madre y el bebé es puramente didáctico. Dicho de otro modo, aprendemos a ser felices y a mostrarnos así al mundo por imitación, y estamos genéticamente diseñados para crear sinergias de felicidad. Un ambiente contagiado por la risa será un lugar donde habite la felicidad. Uno en el que reine la apatía, nos traerá desencuentros, conflictos, miedos pesadumbre, sentimientos de culpa,... Y esto sucederá en el hogar, pero también en la escuela, también en las actividades extrescolares, también en el parque.

Por este motivo debemos proteger a los niños de todo mal innecesario, de todo momento desagradable sin caer en la sobreprotección. Enseñarles a manejar su alegría, a regular sus sentimientos para que no les dominen, a concebir el valor de una sonrisa, de esa ventana a un mundo lleno de positivismo y paz.

Que todos sonrían, una obligación.

 

La sonrisa, un salvavidas universal.

Que todo niño sobre la faz de la tierra sonría debería ser nuestra principal obligación, nuestra causa más importante. Resulta curioso como hemos desarrollado todo un lenguaje de emoticonos para mostrar nuestros estados de ánimo, pero todavía no hemos sido capaces de conseguir generaciones de niños felices. Y me refiero con esto a que todos sin excepción, lo sean. La semana pasada varias publicaciones y medios de comunicación se hacían eco de datos tan debastadores como este: 1 de cada 5 españoles está en riesgo de pobreza o exclusión social. Datos que siguen en la línea de los últimos años. En 2016 y según estudios de UNICEF, se llegó a afirmar que 1 de cada 3 niños españoles estaba en las mismas circunstancias de alarma y pobreza. No pretendo frivolizar con estos datos añadiendo que una sonrisa pueda curar esta situación tan escabrosa, pero sí hacer un justo contexto del momento que vive nuestra infancia en la actualidad.

Si existe alguien en nuestra sociedad que no debiera estar pagando por los errores de la mala gestión política, de nuestro país y de tantos, estos son los niños. Es nuestra obligación que crezcan felices y plenos, seguros y amados. Tanto en la escuela como en el entorno del hogar y de la misma sociedad, tenemos el deber de pelear por su bienestar tanto físico como emocional. Por este motivo, cuando pienso en los niveles de desprotección a los que exponemos a millones de niños de la actualidad, no puedo más que pensar en el experimento de Edward Tronick. 


Los niños aprenden del mundo que les rodea mediante su interacción con los adultos. Les debemos el aprendizaje más importante, el de la felicidad. Les debemos la sonrisa, ese salvavidas universal.




Lo mejor de la vida todavía es gratis (el Sol, el mar, tu sonrisa...).

~ Anónimo. 


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3 comentarios

  1. Genial Elvura, se nos olvida o simplemente no somos conscientes de todo lo que significamos para esas criaturas. Me ha encantado volver a ver ese experimento, ya lo conocía y es muy ilustrativo. Impactante incluso.
    También es cierto que en esta sociedad es difícil conseguir un ánimo optimista, pero los problemas siempre han existido. No dejo de pendar en mi abuela que sufrió en carnes la guerra civil, y cómo esas personas siguieron adelante como pudieron...

    Genial artículo Elvira, como siempre

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    Respuestas
    1. ¡Garcias por tu comentario, Mónica!

      Me encantan tus reflexiones porque las haces como yo, desde un punto de vista educativo universal, porque este post de la sonrisa es tan aplicable a un niños pequeño como a nosotros mismos.

      Sí, ¿cómo pudieron? ¿Cómo pudieron salir adelante con los horrores que vivieron? La vida es una prueba constante y somos fruto de la herencia cultural de nuestros países.

      ¡Gracias por pasarte, Mónica! ¡Un abrazo grande!

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  2. Fantástico artículo y qué cierto todo lo que dices. El vídeo fantástico, yo no sé si hubiese llegado a los dos minutos. La sonrisa de un bebé, de un niño, no tiene precio y es una de las cosas más reales y sinceras que existen en esta vida. Si transmitimos alegría a nuestros peques serán mucho más felices. Sinceramente el post me ha emocionado un poquito ya que ahora mismo mis peques tienen 4 años y 17 meses y cuando se ríen siento que es lo más grande de este mundo y no puedo evitar reir yo también.
    Un abrazo y gracias por compartir!

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