coaching domingo, 23 de abril de 2017

JUSTIFICACIÓN DE LA TAREA EN LA INFANCIA

Cuando requerimos esfuerzo a un niño, éste, como es lógico, demandará una justificación

Cualquier actividad que le propongamos que requiera un coste, especialmente si no es agradable para él, pasará a ser evaluada inmediatamente. Con total independencia de si este esfuerzo es necesario para llegar a una meta personal o para conseguir algo deseado, los niños se acostumbran a reproducir disonancias cognitivas (puedes ampliar información sobre este concepto en relación con el esfuerzo AQUÍ) a pesar de que a mayor complejidad para conseguirlas, mayor será la percepción de éxito.





El caso es, que este tipo de distorsión de la realidad que nos produce la disonancia entre tener que esforzarme y la procastinación dirigida a realizar actividades más atractivas o lúdicas; genera tensión y malestar. Atender a un cambio, a un proceso de trabajo que requiera de un esfuerzo específico, me sitúa en esa evaluación interna acerca de los costes y los beneficios. Si hago esto tendré que esforzarme, ergo; ¿me compensa el trabajo que tengo que realizar para lo que voy a conseguir? 

Así de simple. Los niños también evalúan aquellas actividades que les suponen un esfuerzo y necesitan una justificación para entender el coste que produce este trabajo. Un ejemplo claro de este tipo de justificación son las tablas de multiplicar. Para un niño al que le cueste memorizar, tener que estar cantando y repitiendo una serie de números sin entender los beneficios que de ellas se derivan, supone una actividad que genera una gran disonancia cognitiva. Por un lado sabe que lo tiene que hacer, porque así se lo demanda su profesor, sus padres; pero por otro lado, si no comprende de su necesidad, su aprendizaje supondrá una meta poco atractiva y por tanto, comenzará la disonancia. El malestar se produce en el punto en el cual se percibe la necesidad del aprendizaje, pero no se entiende su propósito, es decir, no está justificado el esfuerzo en la tarea.

Evidentemente el papel, tanto del docente como del padre, es fundamental en este momento para transformar las creencias iniciales en una actitud coherente con la meta a alcanzar. Esto es, la justificación de la tarea. En el caso de que esta justificación, de que este sentido de la tarea no exista o sea vano (como en el ejemplo del aprendizaje memorístico de las tablas de multiplicar),  se puede recurrir muy cautelosamente a un sistema de premios para facilitar el cambio de actitud, pero nunca al castigo.

Premios, castigos y justificación.


La teoría de la motivación intrínseca nos dice que aquellas actividades que se realizan por placer, tienen mejores resultados que aquellas que se realizan mediante premios. Es decir, una motivación intrínseca (fundamentada en el lado hedónico de la actividad) siempre será más productiva. Pero, ¿qué hacer cuando la tarea no demanda de este tipo de motivación que procede del interés personal? 

Si queremos premiar para conseguir una conducta habrá que tener en cuenta algunos preceptos. Para empezar,  

  • si la recompensa no es suficiente, la justificación se realizará en favor de no realizar la conducta, pues la evaluación costes beneficios no es congruente.  
Pero además, 
  • a menor recompensa o premio que se ofrece por la realización de una tarea, más intensa será la voluntad a la hora de realizarla. 





En un primer momento esto parece una incongruencia, pero lo cierto es que numerosos estudios demuestran que las recompensas en materia de educación deben ser lo suficientemente grandes como para que los niños realicen la tarea, pero no lo suficientemente grandes como para que crean que la realizan por el premio. Para comprender esta casuística hay que entender que la justificación actúa como un diálogo interno en el cual el niño se dice a sí mismo, realizo esta tarea porque... Premios demasiado elevados pueden dar lugar a que se extinga la motivación intrínseca de la actividad o tarea, es decir, la motivación por el beneficio a la hora de aprender básicamente.


En una situación experimental realizada por Lepper, Greene y Nisbett en relación a los experimentos sobre la realización de tareas de Deci y alumnos; los psicólogos sociales observaron el interés intrínseco de un grupo de escolares en la realización de puzles como tarea escolar lúdica. Entonces les brindaron a este grupo de niños una serie de puzles y les dieron que tras realizarlos les dejarían jugar con algo mejor. En otro grupo de niños con iguales condiciones no aportaron ninguna recompensa. A continuación, se les dejó que todos jugasen a algo mejor o más divertido, aunque sólo el grupo experimental con instrucciones creía que esto era "mejor". Al terminar con el juego dirigido, se les requirió a los niños que jugasen con lo que quisieran. El grupo con instrucciones demostró menos interés en la realización de puzles, actividad que en un principio generaba una respuesta intrínseca.


Este experimento, entre otros ejemplos, nos muestra que el uso de recompensas debe ser medido rigurosamente y estar siempre en concordancia con la actividad a realizar

Por otro lado, en cuanto al castigo, éste también puede generar disonancia. Los castigos, especialmente si son duros, sirven para que el niño deje de realizar una tarea, pero no transforman la actitud. Para hacer comprender a un niño que hacer algo está mal, el castigo no nos sirve de nada, pero el diálogo moral enfocado a una visión sobre lo que puede estar mejor sí. De este modo, los niños dejan de realizar una conducta por el castigo y en su lugar buscan justificaciones en ese diálogo interno: no lo hago porque sé que está mal...


En otra situación experimental, en este caso de Aronson y Carlsmith, se le prohibió a un grupo de niños que tocaran un juguete que les resultaba muy atractivo de entre varios de una habitación. Igualmente dividieron a los sujetos experimentales en dos grupos. A uno de ellos se les explicó simplemente que si tocaban ese juguete el experimentador se enfadaría mucho, pero al otro grupo se les amenazó con un castigo, quitarles todos los juguetes. Al cabo de un rato interactuando en la sala, se midió la resistencia de los niños a la hora de jugar con el juguete señalado. Los experimentadores descubrieron que los niños a los que se les había hablado de consecuencias negativas desde el lado moral se sintieron menos atraídos por el juguete. En cambio, aquellos a los que se les propuso el castigo, no pudieron resistir la tentación de cogerlo en la mayor parte de los casos.

En conclusión, los esfuerzos requieren justificaciones que no siempre nos convencen, teniendo en cuenta nuestro diálogo interior. Por este motivo, la motivación se nos muestra como la piedra angular en el aprendizaje. Una actividad motivadora no necesitará de premios o castigos, pero, ¿lo son todas las que proponemos tanto en el hogar como en el colegio? Evidentemente no, pero no por ello debemos dejar que nuestra infancia deje de realizarlas. Por tanto, la medida de lo requerido junto con la medida de lo ofertado será la clave para conseguir unos frutos que cuando florecen son la mejor recompensa


La satisfacción radica en el esfuerzo, no en el logro.

Mahatma Gandhi.
 

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2 comentarios

  1. Muy buena reflexión, a veces es muy complicado motivar en según qué ocasiones...
    Muack!

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    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias, Mónica! La motivación, me parece, es la clave tanto para adultos como para niños. ¡Un besote!

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