coaching domingo, 15 de enero de 2017

DE MAYOR QUIERO SER YOUTUBER. EXPECTATIVAS Y WISHFUL THINKING.




Hay tópicos que por más que se repitan, nunca pasan de moda. Por ejemplo, la clásica y socorrida pregunta que a todos nos han hecho en nuestra infancia:


"¿Qué quieres ser de mayor?"


Y nunca falla. Ejercicios, redacciones, debates y oratorias de sesiones y sesiones se han completado con esta simple pregunta que perdura con el tiempo. Entrañable a la par que trillada, tiene sus defensores y sus detractores; pues quizás sea algo precipitado o incluso molesto para un niño o una niña, incluso para un adolescente, el preguntar de este modo por un futuro incierto, más en estos días. Pero no es de esto de lo que quiero hablar hoy. Es más bien de la respuesta a la pregunta, como te habrás podido imaginar.

Y es que ya no te encuentras con facilidad al astronauta (él o ella), al policía, al bombero o al profesor. Los niños de hoy en día son el resultado de una sociedad como la que conformamos y nos guste o no, ellos quieren ser youtubers. Recientemente no dejo de leer artículos sobre unas nuevas generaciones consentidas, a las que se les ofrece y se les da de todo, que lo tienen demasiado fácil. Generaciones que afrontan la adultez con inseguridad y desconcierto por ese tan popular en nuestros días, hiperpaternalismo. Nuestra sociedad ha pasado dificultades históricas que creemos subsanar generando un futuro mejor para los más pequeños, pero el futuro no es nuestro sino suyo y el camino suave que les profesamos parece no ser una ayuda exactamente. 

¿De qué extrañarse entonces, cuando ellos prefieren tomar ese camino fácil? El del youtuber,  el del famoso de turno,  el del que gana dinero sin mucho esfuerzo. Aquel camino que sin lugar a dudas es más atrayente, más suculento y más transitado, por desgracia, también. Está claro que somos parte responsable de esta situación, pero, ¿qué hay detrás de este modo fácil de atender a las expectativas? ¿Qué hay detrás de ese futuro youtuber?




Expectativas de futuro.


Claro está que las expectativas, y más concretamente el modo en cómo con ellas nos relacionamos definen en gran medida quienes somos. Las expectativas hacen que nos situemos en el futuro, sin prestar atención al presente, eso lo primero; pero además pueden tener un marcado carácter realista como todo lo contrario. Cuando los niños se crean expectativas poco reales sufren de decepciones que les afectarán en la medida que su capacidad de aceptar la frustración esté o no en concordancia con éstas.  

Pero las expectativas no son cosa sólo del futuro incierto,  sino que afectan a nuestras conductas en el presente.  De hecho, muchas de las elecciones que hacemos en nuestra vida cotidiana están gestadas en función de lo que nos gustaría ser,  en todos los niveles, más adelante.

De este modo,  la infancia vuelve a situarse como un período crítico en el cual toda influencia externa (ya sea social,  de crianza, educativa,  cultural,  política,  etc.) se vuelve vital. 

 

Wishful thinking.


El Wishful thinking o pensamiento ilusorio es un sesgo cognitivo y una manera emocional no reflexiva de toma de decisiones. Es en realidad un sesgo bastante fácil de interpretar por su etimología. Cuando una persona toma una importante decisión en su vida en base a lo que le gustaría que le sucediese sin tener en cuenta factores que puedan atender a consecuencias negativas por la toma de dicha decisión, está cayendo en el pensamiento ilusorio. El wishful thinking es un proceso primero de pensamiento de la situación que se genera, segundo de deducción de una manera de obrar dependiente y por último de toma de decisiones en consecuencia. De este modo, bajo el efecto de este sesgo, se conciben únicamente las expectativas favorables de que un suceso o situación ocurra. Ser youtuber es fácil,  creen nuestros chicos,  y además genera grandes beneficios económicos.  Aunque desde una visión adulta no caemos en lo que nos vende esta imagen o este personaje,  con esa fácil moraleja publicitaria de los medios (cualquiera en la red puede ser famoso) y sabemos que todo camino al éxito es complejo y requiere de grandes dosis de esfuerzo. Aún así, 

 ¿quién le diría a un niño que no luchase por sus sueños? 


En la actualidad existe una tendencia cada vez más atrayente y más confirmada de que una actitud positiva y enfocada en la metas personales es la más acertada, única y excluyente. Parece que existe una obligación implícita en el hecho de ser feliz, de mostrarnos positivos y optimistas sin atender a razones que argumenten lo contrario. Dicho de otro modo,  un nuevo modelo de sociedad que favorece un pensamiento siempre positivo,  agudiza la idea de que si piensas de este modo,  cosas buenas te sucederán. Bajo esta premisa comprobamos como gurús de las finanzas opinan que las personas que están en el paro o en situaciones desfavorecidas económicamente hablando, lo están por su supuesta falta de optimismo y de resiliencia a la hora de afrontar el mercado laboral, por ejemplo. Un modo más de control social. O probablemente habrás oído estupideces monumentales como que un estado de ánimo positivo o determinadas creencias que van desde lo religioso hasta lo esotérico, pueden curar enfermedades serias como el cáncer sin la tuya de medicamentos. 

En otras ocasiones hemos hablado de la necesidad de vivenciar estados de ánimo tristes en los niños,  de aceptar la tristeza como algo regenerador y como un aprendizaje más que nos haga valorar los estados alegres.  Pero también de su efecto integrador,  que hace comunidad (puedes leer más sobre este asunto AQUÍ). Pues bien,  como sucede con los estados tristes en los más niños,  las dificultades en el camino no deben verse como algo negativo sino como una oportunidad para superarse y crecer.  

No podemos dejar que nuestra infancia se guíe por el pensamiento ilusorio de que nos tendrán ahí para allanar sus pisadas, de que todo en la vida les será cómodo y fácil, de que aspirar a ser youtuber es un tanto que apuntarse en el cómputo de sus logros. No podemos dejar que piensen que el fracaso en sus vidas estará basado en que no han soñado lo suficiente, en que no han sido positivos o ambiciosos. Dejar un legado de realidad también es importante, brindar realismo y honestidad, contemplar los errores como un modo de apreneder desde la alerta y la concentración, desde el trabajo de las dificultades (la auténtica resiliencia).

El pensamiento positivo nos ayuda a afrontar las dificultades con facilidad, genera autoestima y autorrealización; pero olvidar o dejar aparte el fracaso, la frustración o el dolor es mentir escandalosamente y no dar la oportunidad de superación. Si queremos recuperar al astronauta, al profesor, al médico o al mismísimo soñador que cambia las cosas desde una perspectiva real de nuestra sociedad; hay un atajo que tenemos que educar, y este es sin duda, el wishful thinking.




Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.

Pablo Neruda.


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