REGALAR TIEMPO, UN RECUERDO IMBORRABLE.



Mañana del 25 de diciembre, una fotografía para el recuerdo.

Cuando eres niño, ésta es una de las fechas más especiales y memorables del año. Levantarse con la ilusión de la magia, de disfrutar de los días de vacaciones y de fiesta, de jugar con los regalos en familia,... Sin embargo, este momento ha ido cambiando con los años, paralelamente a cómo ha ido cambiando nuestra sociedad. Las mañanas navideñas en familia se han  ido transformando en las montañas de juguetes y regalos que parecen no acabar nunca. Lo material ha sustituido a lo emocional y ahora demostramos el cariño, en muchas ocasiones, con el objeto; sin hacer un balance sobre la incidencia que lo material muestra en nuestra infancia. Por este motivo, una corriente impulsada inicialmente desde el mundo de la psicología, nos recuerda algo que aunque ya sabíamos, ha permanecido oculto en nuestros corazones durante bastantes pascuas:


Regala tiempo.




Es una realidad innegable, que a pesar de los cambios sociales que presenciamos, la familia sigue siendo el principal sustento de la sociedad, más allá de sus variedades y estructuras. Por este motivo, el apego, la cultura y los estilos de crianza definen toda una serie de tradiciones que aunque se transforman, no pierden su esencia. Este es el caso del día de Navidad, que pretende aunar un espíritu de felicidad mediante los presentes, las costumbres, las historias, la magia y el misterio. 

Esta semana nos hacíamos eco en nuestra fanpage en facebook de este vídeo que muestra cómo las prioridades en los regalos han cambiado, aunque nunca dejaron de estar presentes. El tiempo se convierte en nuestro regalo más preciado.





Evidentemente, nos es imposible ponernos en la situación que propone el vídeo con los niños. Pero igualmente, sí nos sirve para concienciar de la importancia de disfrutar de los nuestros por encima del regalo material, del objeto.

Los niños no recordarán aquel juguete que tenía luces y colores ni aquella videoconsola más de lo que recuerden aquella nochebuena que encendisteis las bengalas, más que aquella Navidad que os fuisteis de viaje, más que aquella tarde de risas jugando todos juntos al fútbol después de la comida familiar. La apuesta actual para que los niños recuerden los regalos es ofrecer emociones. 

La tradición de regalar juguetes era básica en años de dificultades económicas, en las cuáles un regalo muy de vez en cuando era instantáneamente relacionado con el contexto cultural de una fecha señalada. Pero en momentos en los cuáles los niños tienen de todo, las emociones que conectan con la memoria a largo plazo, tienen que ir más allá del simple materialismo. Los recuerdos se gestan con lo emocional y significativo.

Así que estas navidades, te proponemos no que cambies los regalos de toda la vida, sino que sumes. Que sumes regalos no materiales para pasar tiempo con los niños que hagan de tus propuestas recuerdos imborrables.


1. Día sin tecnología



En muchas ocasiones los más pequeños de la casa nos ven conectados en exceso, sin prestar atención a lo realmente importante, ellos mismos. Un día con los móviles apagados es difícil, pero vale la pena intentarlo. Ir a pasar el día al monte o a la playa, aunque haga frío, sin dispositivos electrónicos, sin wi-fi, sin ordenadores, sin televisión. Un día sin videojuegos y sin informática, dedicando tu tiempo a ellos. Impagable.


2. Carta de agradecimiento.


Para toda la familia, puede ser un buen recurso escribir una carta de agradecimiento. Dar las gracias es terapéuticamente positivo y nos ayuda a fijar valores. Dar gracias a la vida, a la familia, nos puede acercar a momentos lúdicos pero también formativos, donde el aprendizaje se fusione con la parte emocional de agradecer la dicha de estar juntos.


3. Componer una canción juntos. 


Componer unas rimas pedadizas está al alcance de todos. Y si alguien en casa toca la guitarra o algún instrumento para acompañar, la fiesta está asegurada. Esta actividad creativa puede hacer de una tarde de Navidad algo memorable, todos juntos entre risas y trabajando en equipo. Además lo que uno compone, perpetúa. Siempre puedes volver a cantarla, como una tradición.


4. Visita a los abuelos.


Una tarde en casa de los abuelos como visita de Navidad es un regalo para todos. Compartir momentos de barullo y risas contando anécdotas y recuerdos de miles de años atrás. 


5. Una tarde de voluntariado.


Conocer realidades distintas a la nuestra puede ser un regalo perfecto en nuestras fechas, más si se hace en familia. Acompañar a nuestra infancia en actividades de voluntariado, marcará valores sociales de por vida. Si pasar tiempo de calidad con los nuestros es la consigna, haciéndolo mientras ayudamos a quienes más lo necesitan será un regalo irremplazable.


6. Cine, música, teatro y más.


Acompañarlos al cine, a un concierto o musical, al teatro,... Hay cientos de opciones de emplear tu tiempo en ellos. Estos son recuerdos imborrables que perduran por siempre. La primera película en el multicines, el concierto de su grupo favorito. Si los acompañas en estas actividades formarás parte de la CPU de su memoria seguro.


7. Mannequin challenge.


¿Por qué no ponerse algo frikis en estas fiestas? Me considero fan de este modo de hacer piña artístico y que aúna tantas destrezas. Concentración, atención, dramatización, equilibrio, etc. Les encantará.


8. Ese largo etcétera. 


Y como esto mil ejemplos, nada que no conozcas. Una excursión, un juego de mesa, hacer sombras chinas, un teatrillo improvisado, una tarde de loca repostería, una manualidad en equipo, un paseo en tren, jugar al escondite, jugar a los gestos, bailar hasta agotarse, una gimkana, disfraces, repasar esas viejas fotografías,... Actividades todas ellas con un punto en común, un regalo imborrable. Tu tiempo.





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