ESTE ES EL MEJOR MOMENTO PARA HABLAR DE CONSUMISMO.

Lo has visto en los escaparates de las calles, con la llegada del turrón a los supermercados, con los anuncios publicitarios y, te lo has preguntado... ¿Navidad, ya? Pero si hace dos días que fue octubre...

Un año más y llega la fiesta más popular del año con sus cosas positivas y sus cosas negativas, pero como siempre con esa fanfarria a la que nos tiene acostumbrados. El anuncio de la lotería, el juguete de moda por la televisión, la ropa de fiesta,... A mí me encanta la Navidad, a pesar de no profesar ningún tipo de religión o creencia, pero creo que no le otorgamos todo el protagonismo que se merece en las aulas. Y no me malinterpretes. No estoy hablando de más belenes vivientes o actividades por el estilo. Me estoy refiriendo a hablar de consumismo con nuestros alumnos. Me refiero a hacer notar lo que hay detrás de esas luces, detrás de la fiesta, detrás de la tradición familiar por antonomasia.

Pero antes de comenzar, quizás con este vídeo entendamos mejor esta queja.


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Este emotivo vídeo recorría las redes sociales esta semana junto al siguiente mensaje: 

Cuando tu hijo se enfade por no regalarle el iPhone 7, o bien el último juego de la Play... Entonces: enséñale este vídeo. #EducaEnSobriedad (del Twitter de Álex Porqueras, @porqueras)


Consumismo.


El consumismo de nuestros tiempos no consiste únicamente en el consumo sistemático y sin medida de nuestros recursos. El consumismo de nuestra sociedad actual, consiste en un planteamiento de las desigualdades sociales del planeta. Cuando compramos ese jersey de más, ese juguete que no necesitan los niños, ese objeto (porque sólo lo material es agotable desde el punto de vista del consumismo más radical); no sólo gastamos recursos sino que los sacamos. Se los sacamos a los otros. Eses otros a los que no vemos todos los días, con los cuales no nos topamos a la vuelta de la esquina o en el vecindario. Se lo quitamos a ese mundo sin categoría, al que hemos dado en llamar tercer, desfavorecido, subdesarrollado, pobre.

Nuestro actual sistema capitalista promueve una sociedad hedonista que genera nuevas necesidades, lo cual se traduce en una infancia sobre estimulada, que no sabe tener tiempos de ocio sin elementos materiales, que no sabe aburrirse, que necesita. Pero además, el consumismo es la receta del medio publicitario, de los elementos de producción al servicio de las entidades financieras, lo cual se traduce en otra infancia olvidada, explotada, carente de derechos sociales, que entrega.
 
No es tan sencilla pues, la idea de este consumismo, como pensar en los recursos que agotamos, en la ecología o en que hacemos gastos superfluos o innecesarios. No es tan sencillo como pensar en toda esa comida que sobra y que se tira, en todos los regalos de los niños amontonados en la habitación cuando ellos juegan con la caja, no es tan sencillo como pensar en lo que nos sobra. Porque al niño indonesio que trabaja haciendo la ropa que se vende en Zara, le restan horas de educación, de infancia y de vida. Pero además, le restan de sus propios recursos, pues cuando nosotros compramos ese vestido de Inditex; generamos una espiral consumista que hace que su pobre estilo de vida, se empobrezca todavía más.

Consumo y felicidad.

 

Seguramente a esa infancia tan desfavorecida no sea necesario explicarles algo tan obvio como que los bienes materiales no nos dan la felicidad. Pero esto no sucede con nuestros hijos y alumnos. De hecho, si nos comparamos con ellos, si comparamos nuestras infancias; pronto notaremos una diferencia clave en el proceso de aprendizaje de lo valioso en nuestra sociedad. Mientras que nosotros tuvimos niñeces llenas de movimiento y juego espontáneo, ellos son más sedentarios y más dependientes del juguete. Mientras nosotros éramos felices con poco, ellos tienen una infancia muy distinta (que no digo infeliz) con todo un mundo de posibilidades. Ahí radica el espejismo de la felicidad. A mayor número de opciones para ser feliz, a mayores posibilidades a la hora de consumir, menor es el disfrute. Esto sucede porque a pesar de que creemos ser libres para decidir, para escoger; cuanto más tenemos, más nos frustramos por conseguir algo mejor. Así, nuestra infancia quiere el juguete, pero de marca y quiere más que su amigo, quiere lo mejor.

En este punto, la educación juega un papel clave. Si no ofrecemos a los nuestros la posibilidad de disfrutar con lo que poseen, les estaremos negando el conocimiento de la auténtica felicidad. Disfrutar con lo que poseemos sin generar expectativas de superación a través de lo material.

Debemos enseñar a los niños que el consumo genera cultura, promueve un tipo de vida, construye y diseña nuestro prototipo de sociedad.



Demora del incentivo y autocontrol.

 

 

Para el público infantil, resulta claramente difícil no caer en las constantes tentaciones consumistas que en estas fechas se producen en clave publicitaria. Los anuncios de televisión, los escaparates, las luces, etc. Esta situación, genera una acción de inmediatez en los gustos de los niños. 

Lo quieren todo y lo quieren ya. 

El acto de esperar, de conseguir una recompensa a largo plazo, de ahorrar para ese bien deseado, del camino sinuoso del tiempo que les lleva a una meta concreta, están desapareciendo. Desde nuestro mismo modelo de vida rápido, nuestros niños tienen el peor de los ejemplos. Vivimos en lo inmediato, lo efímero de la posesión, sin dar valor al trabajo diario por una meta, un sueño difícil de alcanzar. 

No es de extrañar por esta causa, que surjan nuevas patologías en mi parecer hasta algo ridículas, como la procastinación; resultado de esa incapacidad de trabajo espaciado en el tiempo, de conseguir esa recompensa más difícil pero a la vez más sustanciosa. Por otro lado, nuevas formas de negación a la recompensa surgen en detrimento del esfuerzo que requiere trabajar por esa meta más codiciosa. Los cuando. Cuando pueda lo hago, cuando sea mayor seguro que puedo, cuando acabe de jugar lo intento, cuando tenga un rato,...

La demora de la gratificación, de la compensación, del refuerzo; es un elemento ampliamente estudiado en la psicología positiva. Se sabe que esta capacidad de espera y esfuero, es una habilidad adaptativa que se genera en la infancia. Es un acto eminentemente cultural, esa lucha contra el deseo primitivo de posesión de los bienes, ese aprendizaje a tomar en su justo momento

A colación de esto, seguramente conocerás el experimento de la nube de azúcar. En el bautizado como "marshmallow test", que tiene numerosas revisiones actuales a modo de vídeos que con regularidad se han hecho virales; se propone a niños y niñas en torno a los cuatro años de edad, que se sitúen en una encrucijada muy dulce. En 1970, Walter Mischel, el conocido psicólogo austríaco que estudia la personalidad y sus desencadenantes; realizó un estudio sobre la capacidad de autocontrol de los niños para la Universidad de Stanford. El experimento consistía en situar a un niño frente a una nube de azúcar. El experimentador proponía al niño lo siguiente: 

Puedes comerte ahora esta nube de azúcar, pero si esperas un rato sin comértela te daré otra más.

Entonces se iba de la habitación. ¿Qué crees que harías tú mismo en su lugar?

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Tremendo, ¿verdad? Pues los resultados de este experimento con el tiempo fueron igual de sorprendentes. Aquellos niños que demostraron autocontrol y no se comieron el tan ansiado malvavisco en el experimento de Mischel, demostraron no sólo tener carreras más exitosas, sino también tener ahorros, vidas planificadas e incluso mejoras en la salud en comparación a aquellos que no se podían controlar.

Conclusión.


Es necesario hablar con los más pequeños sobre consumismo, es necesario hablar sobre identidad del consumidor, sobre las desigualdades que genera el consumo y sobre felicidad, también sobre la felicidad y el mercado. No podemos dejar pasar otra Navidad más sin tener en cuenta que está en nuestras manos formar a una sociedad más justa, más equitativa, más formada y más feliz

Por este motivo y desde La atención selectiva, en esta Navidades que vienen nos queremos unir a este hashtag que resume todo lo que entiendemos como consumo responsable. Por ellos. Por todos.

#EducaEnSobriedad





“La sociedad paga para tener un sistema educativo de mierda, porque mientras mas idiotas salgan, más fácil de venderles algo es, hacerlos dóciles consumidores, o empleaduchos. Graduados con sus títulos y nada en sus cabezas, que creen saber algo, pero no saben nada. ¿Qué música escuchan? Mis discos seguro que no.”

Frank Zappa

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