EDUCAR EN TIEMPOS DE PREJUICIO


La evolución de nuestras sociedades marca, en grandes rasgos, los modelos y estrategias didácticas a emplear con nuestro alumnado en las aulas y con nuestros hijos en el hogar. Los cambios en el pensamiento, en el contexto nómada de una sociedad típica del S. XXI, hacen que nuevos retos se nos presenten a aquellos que trabajamos en el mundo de la educación, tanto como a los que educan en el seno familiar. La escuela, el colegio, el instituto, la facultad o la familia; son microsociedades vivas y en constante acción, hecho por el cual, el trabajo en la convivencia y en los valores de respeto y tolerancia se vuelve imprescindible. Todos nos esforzamos en desarrollar un espíritu crítico en nuestra infancia y en el empleo de una dialéctica que abogue por los principios de convivencia pacífica tanto en aulas como en las casas; sin embargo, en momentos como los acontecidos en la semana pasada, mostrar actitudes tolerantes se muestra más difícil, si cabe.



Para todos aquellos que pensáis que ya no existe el prejuicio racista, que cada día es menor el antisemitismo, que vivimos en una sociedad igualitaria hombres y mujeres, que no existen razones de discriminación por tendencia sexual, que cada vez es menor el odio por causas de religión y un largo etcétera; simplemente decir que una vez más, todavía queda mucho por andar.


Con los nuevos atentados en Niza el pasado jueves 14 de julio, una vez más la brecha del prejuicio se abre para mostrarnos su cara más tenebrosa. Las redes sociales se llenan de indignación. Pero esta indignación no siempre tiene en cuenta el contexto de los atentados y una vez más, se carga contra un grupo mucho más amplio que el responsable.


¿Cómo educar, entonces, si el prejuicio está omnipresente? ¿Cómo educar desde la igualdad y el respeto con el horror a golpe de telediario? ¿Cuál es la receta para llegar como microsociedad a una convivencia pacífica, cuando se nos va de las manos la convivencia entre las razas y diferentes ideas, entre los sexos y estratos sociales, entre las edades o los lugares de origen?



¿Como educar en los tiempos del prejuicio?




En otras entradas de La atención selectiva, como recordarás si te dejas caer por aquí, ya hablamos de cómo enfocar la temática del terrorismo con niños (puedes consultar la entrada AQUÍ). Sin embargo en esta ocasión, creo que es necesario hablar de cómo atentados terroristas nos acercan más a la idea de prejuicio y de cómo el contexto será decisivo para educar en valores de tolerancia y paz.
















Prejuicio y sociedad.


La palabra prejuicio proviene de la voz latina praeiudicium, juzgado de antemano, y forma parte del vocabulario de nuestras actitudes sociales. Una aproximación más amplia al término nos la ofrece la Real Academia de la lengua. Según la RAE, la palabra prejuicio nos lleva a dos acepciones:


1. m. Acción y efecto de prejuzgar.


2. m. Opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal.


Pero ni la etimología ni la RAE, inciden en la característica principal de la palabra prejuicio, su carácter societal. El prejuicio, se forma en procesos grupales y su existencia está fusionada al contexto de las relaciones entre grupos pues tiene una orientación socialmente compartida (por ejemplo, todos los musulmanes son terroristas). La mayoría de las personas de un grupo coinciden en las evaluaciones que se realizan sobre los miembros de otros grupos, pues la actitud prejuiciosa tiene naturaleza intergrupal, al dirigirse de unos a otros. No hay prejuicio sin sociedad al igual que dos no discuten si uno no quiere.


Gordon Alport, psicólogo estadounidense pionero en los estudios de la personalidad y del prejuicio, nos deja una interesante definición de prejuicio:



anipatía y hostilidad basada en una generalización defectuosa e inflexible.

En este sentido, el prejuicio será siempre una actitud de orientación negativa (por eso discriminación positiva es una incongruencia), pero Alport no había ahondado es su componente más decisivo, el que necesitamos conocer para educar en la igualdad, el contexto.




Analizar el contexto, un contenido educativo prioritario.


Una de las maneras más fáciles y efectivas a la hora de analizar un prejuicio (sea cual sea) desde el punto de vista educativo, es el análisis cultural que  lo envuelve. La importancia del contexto social en la formación de prejuicios es el campo de investigación de Amanda Diekman y Alice Eagly, dos de las psicólogas sociales más especializadas en el prejuicio sexista de las últimas décadas. Eagly y Diekman, con una visión más especializada que la de Alport, encuentran el prejuicio como una dualidad estructural. Por un lado, la estructura del ambiente social y por otro, la estructura psicológica del perceptor, es decir, sus creencias y sentimientos hacia un grupo social o sus miembros.









Para la primera estructura, relacionada con el ambiente social, es inevitable trabajar aspectos como la historia, la geografía y especialmente la evolución de la cultura.


Por otro lado y en relación a la segunda estructura, es necesario hacer una introspección, entendiendo cómo el prejuicio puede estar manifiesto en creencias, emociones y conductas dado su carácter actitudinal.


Ejemplos didácticos.



Y siguiendo las estructuras de Eagly y Diekman, algunos ejemplos didácticos para analizar el contexto, en este caso, del prejuicio musulmán, serían los siguientes:

Lo primero a analizar:
Árabe no es lo mismo que musulmán, que no es lo mismo que islámico (o islamista).


Árabe es aquel que ha nacido en un país de esta habla, el cual puede ser musulmán o no profesar ninguna religión, puede tener diferentes opciones políticas o diferentes colores en su piel.


Musulmán, es aquel que profesa la religión de Mahoma, al igual que un budista profesa la de Buda, o un cristiano la de Cristo. A su vez los musulmanes pueden profesar diferentes ramas de la religión musulmana. Al igual que un cristiano puede ser católico, un musulmán puede ser chiíta. ¿Ves por donde voy? En todo caso, se puede ser musulmán sin ser árabe y viceversa.


Por último, islamista es un concepto bastante más difícil de explicar a un niño o adolescente, pues en nuestra organización política no tenemos una asociación con lo religioso (al menos, aparentemente, pues el laicismo en nuestro país es más que discutible). Bastará con explicar que un islamista vincula a los poderes políticos sus ideas religiosas.


Pero lo realmente interesante a exponer es que se puede ser árabe, musulmán e islamista y no ser terrorista.






Imagen del twitter de






Y a partir de aquí, ya podemos trabajar mil prejuicios desde este contexto. Por ejemplo, que todos los musulmanes son violentos terroristas, pero nosotros no. Asumir responsabilidades en el conflicto del extremo Oriente, es otro modo de acercar a la infancia a la tolerancia por la opción musulmana.




Imagen del twitter de @marodriguez1971




Tomando el lado de las víctimas, otro prejuicio a superar es el hecho de personificarlas. Deberemos recordar que las primeras víctimas de la jihad, son musulmanes. El problema es que estas víctimas no son tan mediáticas como las europeas. Deberemos apreciar con nuestros alumnos e hijos, que las víctimas son todas iguales. Del mismo modo, deberemos contextualizar que la lucha contra la yihad es eminentemente musulmana, e igualmente acallada por los medios de comunicación (especialmente occidentales).

Además, otras temáticas como el tratamiento a la mujer o la ablación, no son vinculables al Islam, sino a una localización geográfica. Se practica la ablación en territorios cristianos, y la mujer no es respetada en muchos territorios de confesiones no islámicas.

En resumen, el análisis del contexto, de nuestra propia visión de los hechos es fundamental en la educación de nuestros días. Si creemos en la necesidad de transmitir unos valores pacíficos y fundamentados en la tolerancia, actos como el de Niza, no pueden ser el desencadenante para avivar la llama, sino momentos de reflexión y de prudencia.



¡Triste época la que nos ha tocado vivir! Es más fácil desintegrar un átomo que superar un prejuicio.



Albert Einstein.











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