coaching lunes, 17 de agosto de 2015

TEORÍA DE LA AUTODISCREPANCIA EN UN MUNDO LOCO.

Nuestra identidad es un elemento complejo que va más allá de nuestras relaciones personales, nuestros gustos, sentimientos o decisiones en la vida. El conocimiento de nosotros mismos, de nuestra identidad, es necesario para garantizar nuestro bienestar social. La construcción de un autoconcepto positivo incidirá en la adquisición de mayor autoestima, que se mostrará hacia los demás mediante el comportamiento. 

En este mundo acelerado y loco en el que vivimos, existe una clave básica para el éxito (ya sea laboral, personal, social o de cualquier otra índole), el conocimiento de nuestra sociedad y de nosotros mismos, la inteligencia social.

El conocimiento que desarrollamos a lo largo de nuestra vida sobre nosotros mismos nos ayuda a comprender al otro, y por tanto, a relacionarnos con él. Pero este conocimiento no es sencillo, sino todo lo contrario. La imagen del autoconcepto se elabora a partir de esquemas de intereses personales, creencias, roles, pertenencia a grupos o clases, valores, sentimientos, acciones,... De modo que podemos tener un conocimiento propio a nivel global, pero también específico de diferentes motivos de nuestra vida.

Pero además del conocimiento propio que poseemos, también imaginamos cómo nos gustaría ser. De este modo, nos hacemos una idea de cómo seremos en un futuro (tanto cercano como lejano) en un contexto como el actual. En el marco de una sociedad cambiante, la era de la información, de las redes sociales; el modo de interactuar con los otros ha cambiado profundamente. La globalización, una sociedad cada día más compleja y unas relaciones cada día más diversas hacen que la construcción del autoconcepto sea cada vez más elaborada.


Teoría de la autodiscrepancia De Higgins.


Para E. Tory Higgins, la construcción del autoconcepto no se fundamenta únicamente en esquemas actuales, es decir, en la construcción del YO (cómo somos ahora). El psicólogo y profesor autor de una multitud de trabajos sobre el self y la motivación, sostiene que existen otros YO probables (cómo podemos llegar a ser), punto de comparación con el YO actual. Así se puede producir una comparativa entre el YO real e inmediato y los YO futuros.

Por ende existen tres tipos del YO:


El YO real

Responde a cómo creemos que somos realmente. Siempre es una percepción personal, no lo que somos en realidad. Se trataría de una representación de características que pensamos poseer, una visión de la realidad que puede ser o no ser correcta. 


El YO ideal

Responde a cómo nos gustaría ser. En esta dimensión están implícitos tanto nuestros deseos como lo que consideramos que a las personas que nos rodean y que nos son importantes les gustaría que fuéramos. Se trataría de aspiraciones y expectativas de nuestro desarrollo personal.


El YO responsable (o debería)

Responde a diferentes creencias relacionadas con cómo deberíamos ser o cómo las personas referenciales en nuestra vida esperan que deberíamos ser (siempre bajo nuestro prisma). Esta percepción estaría íntimamente ligada con nuestras obligaciones y responsabilidades.


Infografía: Teoría de la autodiscrepancia.


El YO ideal y el responsable nos marcan objetivos, metas a alcanzar en la vida. El primero de ellos se refiere a los deseos y el segundo a lo moral, lo que consideramos ético en nuestros propios contextos.

Cuando existe discrepancia entre el YO real y los demás roles del YO (ideal y responsable) se genera autodiscrepancia y por tanto malestar. Pero también motivación para resolver la autodiscrepancia, para mejorar, para el cambio, para conseguir una congruencia entre los diferentes YO.

Autodiscrepancia en un mundo loco.

Y aquí radica la discrepancia principalmente. Nuestra sociedad vertiginosa se mueve entre telediarios sangrientos y caos en la red. Queremos y deseamos ofrecer al mundo una mejor visión de nosotros mismos, pero, ¿cómo lograrlo entre crisis financiera, recorte de derechos, desánimo generalizado, frustración, etc, que gobiernan nuestras vidas? Por mayor que sea a motivación para que el YO real y el YO ideal se solapen y alcanzar así una sensación de autoestima plena, existen muchos factores contextuales que nos ponen piedras en el camino.

El caso es que la falta de congruencia entre lo que creemos ser y lo que nos gustaría ser produce situaciones frustrantes que en el peor de los casos nos llevan a estados depresivos. Pero es más, la falta de correspondencia entre el YO real y el YO responsable nos lleva a situaciones de culpa y vergüenza.

Entonces, ¿cómo luchar contra un titán llamado
paro
recorte de derechos
violencia
machismo
pobreza infantil
maltrato
desigualdad social
...?





El conocimiento de uno mismo es una ayuda inestimable para fomentar una autoestima positiva. De este modo, cuando profundizamos en aquello que queremos alcanzar como meta en nuestras vidas, nuestro objeto, nuestro camino; siempre topamos con la necesidad de introspección personal.

Conseguir la mejor versión de ti mismo siempre va a implicar un coste de trabajo duro y de tiempo. Por más inalcanzable que suponga una meta, más en estos días, no lograrás nada desde una perspectiva relajada. La acción es el mejor recurso para alcanzar los objetivos que nos marcamos. Evitar las críticas e ir a por nuestro YO ideal, sin que el YO debería nos estigmatice, es el mejor camino para la autorrealización (para más información te recomiendo ESTA entrada sobre la necesidad de autorrealización en relación a la motivación humana). 






Al socavar a demasiada profundidad nuestras almas, nos exponemos a tocar lo que tal vez pasaría inadvertido.

León Tolstói


(Si esta entrada ha sido de tu agrado, no te pierdas la próxima entrada sobre educación e inteligencia social)




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