psicología lunes, 10 de agosto de 2015

LA ZONA DE CONFORT DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL SESGO DEL FALSO CONSENSO.

A menudo me sorprende como en esta era de la información, hasta la terminología (ya sea científica o específica de cualquier área del saber, como lingüística) se pone de moda. Hace poco hablábamos del efecto bandwagon o efecto de arrastre, para reconocer el dominio que producen las modas en nosotros. El hecho de como repetimos esquemas que reconocemos en otras personas que han llamado nuestra atención en un momento dado, o simplemente por la sensación de pertenencia que implica el seguir una moda; no resulta exclusivo de un perfume, unas zapatillas o un vestido.

En este momento de nuestras vidas acostumbramos a acceder a la información por diversos medios. No es extraño entonces el encontrarnos un post, un blog, una revista o diario, en la tele, en internet, una página, una conversación en un foro que aluda al término de moda. De lo que todos estamos hablando. De lo que todos leemos. Incluso de lo que todos escribimos.

Así de este modo, seguramente te sonarán conceptos como los siguientes:



Resiliencia
Empatía
Inteligencia emocional
Asertividad
Empoderamiento
Habilidades sociales
Competencias
Coaching
Comunicación afirmativa
...


Mi favorito es el siguiente:

Zona de confort.


No sé si sabréis lo que es la zona de confort, pero estoy segura que al menos lo habréis podido leer en alguna ocasión. El efecto arrastre se ha cebado con este término, al que todos se apuntan sin vacilación. De hecho en el mismo momento en que lees estas letras afirmas categóricamente que tú ya has salido de tu zona de confort. Y probablemente sea así. Pero antes que nada, vamos a recapitular.

Qué es la zona de confort.

Como zona de confort entendemos no un lugar sino una situación personal de vanos límites imprecisos. Esta situación que percibimos con comodidad no nos deja avanzar para alcanzar nuestros auténticos objetivos en la vida. Así, preferimos ceñirnos a una situación sin riesgos, que nos suponga un bienestar relativo, antes de dar un paso hacia lo desconocido aunque esto suponga el auténtico triunfo.

Hay muchas maneras de salir de la zona de confort. Viajar, aprender un nuevo idioma, solicitar ese puesto de trabajo con el que siempre soñaste, apuntarse a una nueva actividad como por ejemplo el teatro o algún deporte, realizar una experiencia nueva como el paintball o el parapente, acercarte a esa chica o ese chico que te gusta y pedirle su número de teléfono, etc.

Existen numerosos ejemplos de formas de salir de la zona de confort que dependerán de lo que busques en tu vida, del sentido que le otorgues, de aquello para lo que estás hecho o crees haber nacido.

Pero cada zona de confort es un mundo y lo que para mí es comodidad quizás para otros sea puro riesgo. Del mismo modo hay pasos para salir de la zonas de confort y maratones. Así que lo primero que me gustaría aportar a todo lo que ya hayas leído sobre la zona de confort, es lo siguiente:

No dejes que nadie te diga dónde acaba tu zona de confort.


Te podrá parecer una tontería, pero lo cierto es que somos tremendamente pesados a la hora de decirles a los demás lo que deberían hacer con sus vidas. Estoy segura de que habrás estado en esta situación muchísimas veces, escuchando consejos o críticas a veces positivas, otras no tanto. Y este tipo de comportamientos son de lo más normales. El ser humano necesita tener una confirmación constante de que lo que hace es consonante con sus ideas, de que existe un orden entre sus creencias y su manera de pensar. Del mismo modo, también necesita tu aprobación. Sí, tu aprobación para sentirse mejor consigo mismo y así reafirmarse y aumentar su autoestima. No es que seamos cabezones por naturaleza, sino que necesitamos que los demás nos den la razón para autoevaluarnos de un modo coherente con nuestros pensamientos (sean o no acertados).

Por este motivo, es muy normal también, que personas allegadas nos indiquen los límites de nuestra zona de confort. Entra dentro de lo habitual que te aconsejen y te hagan ver lo que haces mal o lo que deberías cambiar en tu vida. Seguramente sin mala intención y de un modo automático y te voy a explicar por qué.


Todos tendemos a creer que tenemos razón. Todos. Es un mecanismo cerebral que cuando hace clic es imparable. Quizás algunos cedan antes ante evidencias de que puedan estar equivocados, quizás otros no tanto, pero TODOS, tendemos a pensar que nuestras opiniones son las correctas. Y este modo de pensar es un sego (como explico en varias ocasiones: atajo mental, prejuicio, equivocación,...), que se produce como resultado de una autoevaluación positiva. El sesgo del falso consenso.



El sesgo del falso consenso, cuando todos estamos en lo cierto. 

El sesgo del falso consenso es un proceso psicológico por el cual las personas tendemos a creer que nuestras opiniones son tan ciertas que la mayoría de las personas las toman del mismo modo. Es decir, todo el mundo se comportaría como nosotros, en tanto en cuanto nuestras opiniones son las correctas. La mayoría hace el sentido. Este sesgo, este atajo mental, está relacionado con el mantenimiento de nuestra autoestima, ya que el consenso al que llegamos (o la exageración de éste) nos ayuda a creer que nuestras creencias y comportamientos son los adecuados. 

El sesgo aparece en el momento en que subestimamos el número de personas que actuarían como nosotros, o que simplemente opinarían del mismo modo, pues no siempre somos parte de esta mayoría. En este sentido, el sesgo actúa como un mecanismo de defensa, pues aumentaría automáticamente nuestra confianza en nosotros mismo y por ende, nuestra autoestima.

Este es un sesgo con una amplia aplicación en materia de política y encuestas, ante la idea que muchas veces tenemos de lo que supone una mayoría. Sin embargo su trascendencia va más allá pudiéndose aplicar en otros muchos terrenos de la vida social.





Pues bien, si no lo has leído en ningún lugar, yo me atrevo a contártelo aquí, en La atención selectiva. Lo primero que tienes que hacer para salir de tu zona de confort es librarte de prejuicios, tanto propios como ajenos, sólo así podrás salir sin arrastrar nada por el camino.

Tú y solamente tú delimitas tu zona de confort. ¿Has decidido salir? ¡Adelante! Pero no dejes que nadie te indique la dirección o el proceso de cambio. La elección es sólo tuya, aun cuando creas que nadie aprueba tus ideas, aun cuando supongas que lo que haces puede ser un error. Tienes derecho a equivocarte, pero no dejes que se equivoquen por ti. Si consideras que los que te rodean piensan diferente a lo que quisieras hacer con tu vida, recuerda que todos actuamos cegados por el falso consenso. Toma los consejos de buena gana, analízalos y luego toma tus propias decisiones. Sólo así saldrás con éxito de tu zona de confort.

Del mismo modo, piensa a la inversa. Tu zona de confort no es como la del resto de las personas que te rodean. No es más válido como tú salgas, no es mejor, no eres mejor. Si no quieres que intercedan en tu vida, tampoco lo hagas en la de los demás.



Y por último, después de leer este artículo que se sumará a todos aquellos de moda, uno más impulsado por el efecto bandwagon, uno más sobre la zona de confort, simplemente uno más,...





Haz caso omiso de lo que has leído porque el efecto del falso consenso nos afecta a todos, a mí la primera.

                                       Construye tu propia historia. 


                                Toma tu decisión. 








No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría.

Jean Coctau.
 




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