psicología lunes, 31 de agosto de 2015

DE LA FILOFOBIA Y LOS PIRATAS.

Quiero acostarme hoy, pero algo me ronda por la cabeza. Son más de las doce y no puedo dejar de pensar en la historia de Javier Fernández. 

Así, con una simple lectura, parece un nombre corriente. De hecho, los medios de comunicación se han encargado de esto en los últimos días, de que pareciese un nombre del montón. Pero Javier Fernández allá donde esté, fue quien en su día marcaba, baqueta en mano, el ritmo de uno de los grupos más representativos del rock de los 90 en España. Los piratas. No era una cara o una historia más que añadir a la lista de sucesos de las noticias de las tres. Era un músico respetable, un docente, era padre, era compañero, era parte de mi historia y probablemente de la tuya también. 

No puedo dejar de pensar en esa familia destrozada, fruto una vez más de la violencia que nos envuelve. Vivimos en una vorágine de agresividad que alimentamos cada día un poco más, con una nueva agresión, un nuevo golpe, otra muerte. Es lamentable como se genera violencia con el simple hecho de tener un arma en la mano, pero hoy no quiero hablar de violencia, porque no me la evoca una historia como esta, no me la trae a la cabeza. 

Recuerdo más bien, ahora nostálgica, las canciones que acompañaron los años de adolescencia y juventud, horas y horas de canturreos desgarrados bajo la noche al cerrar el bar, varios conciertos inolvidables. Y, como todo elemento curioso que acaba siendo objeto de este blog, recordé inmediatamente, el tema Filofobia del disco Ultrasonica, de esta banda irrepetible.

Filofobia


Filofobia. Miedo a amar.

La filofobia es el miedo irracional a enamorarse, a sentir amor por otra persona. Consiste en una fobia a adentrarse en una relación íntima de pareja, a entregarse al otro. En este sentido, el filofóbico acostumbra a enamorarse de personas inalcanzables de las que sabe de antemano no se enamorarán de él o que lo acabarán dejando. O también, rompiendo relaciones en el momento en el cual se vuelven serias, llenas de intención y compromiso.

De este modo, se pueden producir toda una serie de circunstancias que pueden incapacitar a la persona que padece de filofobia para llevar una vida normal. Altos niveles de estrés y ansiedad son el desencadenante de un malestar físico y emocional que envuelve a aquel que tiene miedo a amar.

Pero lo que se esconde detrás del filofóbico, no es el miedo a amar en sí, sino a perder libertad o individualidad, a no cumplir las expectativas del amor de pareja (o a que no las cumplan), al abandono, a resultar heridos, etc.

Se sabe que aproximadamente el 15% de la población la padece, y este es un dato que concuerda con la realidad. Relaciones fugaces; hoy con uno, mañana con otro; miedo al compromiso; etc.

Amar a alguien complementa, hace que tengas otro punto de vista ante la vida y las cosas. Te hace sentir, te envuelve, te llena de vida. Pero tiene un precio que el que padece de filofobia no está dispuesto a pagar.
 

El 15% de la población tiene filofobia.



¿Por qué es tan común el miedo a enamorarnos?


Aunque este es un tema al que he recurrido con anterioridad (puedes acceder AQUÍ a esta entrada sobre la disonancia cognitiva en la relación de pareja), no dejo de hacer revisiones sobre el concepto. El miedo al amor.

Lo normal en estos tiempos que corren es no estar enamorado. En definitiva, alejar los sentimientos y perderlos de vista, siempre mejor que sufrir. Enamorarse significa que vamos a ser vulnerables, que nos entregamos en cuerpo y en alma a una persona que nos va a tener en sus manos. Sí, es muy difícil, y si lo piensas detenidamente, es angustioso. Además, según la edad, enamorarse puede reabrir heridas del pasado. Pero sobre todas estos puntos, el amor te sitúa en una disyuntiva personal.

Cuando el amor es sincero y verdadero, te genera una situación de reflexión sobre tu propósito en la vida, sobre tus planes de futuro y lo que quieres conseguir. Retos, metas, objetivos, sueños,... se agolpan en un momento en el que dejas de ser uno, para convertirte en un reducido grupo que toma decisiones en común.

Por esta razón es muy fácil sentir miedo al enamoramiento. Un sinfín de desafíos acometen y la pérdida de individualidad se presenta en tu puerta golpeando fuerte.

Y ahora me vuelvo a la historia de Javier, con su vida planeada, con una familia formada, planes de futuro, un camino que recorrer por delante.



Filofobia al ser humano.


Pero recientemente no nos ha dejado únicamente Javier, han muerto muchas otras personas. Algunas con nombres muy conocidos, como Javier Krahe o Antonio Pedreira, instructor de caso Gürtel en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Otros, más anónimos, como las ocho mujeres asesinadas por violencia machista sólo en el mes de agosto. Y si nos salimos de España, se cuentan por cientos los fallecidos en este mismo mes en El Salvador, rozando el genocidio. Y para genocidios, un último dato, el suicidio es la segunda causa de muerte en el mundo. Y he dicho bien, genocidio. 

Muertes de personas, con sus familias, con sus vidas, muertes que en la mayor de las ocasiones pasan inadvertidas. Tantas muertes anónimas que me hacen pensar que la filofobia ha llegado hasta límites incalculables. Me hace pensar que hemos llegado a sentir filofobia por el ser humano.

Defendemos con ahínco la injusticia en las torturas del toro de la Vega, llenando las redes sociales de imágenes representativas de amor por los animales, pero no rememoramos las muertes humanas. Muertos en pateras, Macedonia, Siria, infanticidios, o ese vecino tan normal que un día asesina a toda su familia. Tres minutos en portada y luego el olvido. Estamos en un momento de insensibilización total ante nosotros mismos. No nos importa el dolor ajeno, no somos susceptibles de empatizar con el que tenemos al lado.

¿Cómo es posible? ¿Somos entonces insensibles? No, para nada. Todo lo contrario. Pero es más fácil olvidar que tu vecino pasa hambre y tal vez mañana ya no esté, que enfrentarnos a la realidad. Es más difícil amar, que la indiferencia. En realidad somos egoístas. Sufrir no nos gusta, como es lógico, y miramos en otra dirección con la primera escusa que encontremos a mano.


Ojos que no ven, corazón que no siente. Filofobia.



Pues yo digo, que ninguna muerte es nada, ninguna muerte es menos importante que Lina Morgan y su fortuna. Ninguna muerte que no salga en las noticias, ninguna que quieran acallar o manipular. Ninguna que quieran que se olvide pronto para tapar la chapuza. Que Javier tiene familia y una legión de seguidores. Que cada vez que escuche este tema estaré más enamorada, 
de la música, 
de la vida, 
de la familia, 
de los amigos, 
de la gente,
del amor.











Te echaré de menos hoy.

Los piratas.

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