Educación domingo, 19 de julio de 2015

EL LENGUAJE UNIVERSAL, LA MÚSICA. INTELIGENCIA MUSICAL (PARTE II)

Como docente que soy y que tuve claro desde muy temprana edad, quería ser; recuerdo con gran precisión algunas de las clases magistrales que disfruté cuando era una niña. Pero, de todas ellas, recuerdo con especial exactitud las palabras de uno de los mejores profesores de los cuales he tenido el placer de ser alumna. El profesor Blanco.

Poco más recuerdo de él que su imagen de cara cadavérica hundida en un gran par de gafas, las cuales eran sostenidas por una delgada gabardina sin mucha vida. A Blanco no le hacía falta ser dinámico o vivaracho, pues la mayor de las energías manaba de sus palabras (y estas sí las recuerdo). Era profesor de Lengua Castellana en mi Instituto de Educación Secundaria, a pesar de que su especialidad era el Griego. Supongo que ya de aquella habría algún que otro recortillo. El caso es, que nunca un profesor de Griego fue tan bueno impartiendo Lengua Castellana. Todavia recuerdo a día de hoy, como si me pudiese transportar de inmediato a aquel pasado tan lejano, su clase magistral sobre el esperanto.

El día que Blanco nos habló del esperanto, me quedé maravillada con la idea romántica del lenguaje universal. No podía creer, inocente de mí, que una lengua con unos ideales tan nobles y común a todos y cada uno, se hubiese quedado en esa efímera idea de la comunicación sin fronteras.




Lo que  Lázaro Zamenhof, autor de la lengua auxiliar, no sabía, es que ya poseemos un lenguaje universal más antiguo que cualquier otra lengua. El lenguaje musical.

El lenguaje musical y la inteligencia musical.

Cuando nacemos, tomamos como lengua (o lenguas) materna, aquella en la cual nos hablan. Aprendemos mediante aprendizaje vicario a hablar y desarrollamos esquemas lingüísticos que emplearemos durante toda nuestra vida. El aprendizaje de una lengua tiene el despertar en nuestra especie sobre el primer año de vida, pero no es hasta cuando somos adultos que se perfecciona. De este modo, comenzamos realizando imitaciones interválicas de los cantos de cuna que nuestras madres entonan para dormirnos, o bien de sus charlas aniñadas guiadas por contrastes interpretativos. De los pirmeros sonidos, pasamos a las primeras palabras. Al principio no intencionales, más tarde con todo el significado propio. Aprendemos a leer y escribir en nuestros primeros años escolares. Y perfeccionamos la técnica con nuestras propias creaciones, aumentando progresivamente nuestro vocabulario.

Es un proceso fantástico, que nunca tiene un fin concreto, pues durante nuestra etapa más adulta todavía necesitamos tirar de diccionario (o en nuestro caso, San Google) para aprender más.

Pero, sigue siendo un gran misterio para mí el hecho en el cual desaprendemos una de nuestras lenguas maternas. Estoy hablando del lenguaje musical.

Todos nacemos con capacidades musicales que se van desarrollando con la edad. En claro paralelismo con cualquier idioma, el lenguaje musical se aprende desde que somos muy pequeños con las primeras entonaciones que repetimos mientras exploramos nuestra habla. Los sonidos guturales y repetitivos que emitimos cuando somos bebés son el preludio de un aprendizaje que se da en todo individuo. Pero además, como legua interdisciplinar, entendemos el ritmo, pues reconocemos patrones de simetría en la música que nos rodea y generalmente tendemos a reaccionar con el baile improvisado ante cualquier estímulo musical. Nuestras reacciones ante la música cuando somos niños son espontáneas, pues parten de nuestro yo más primitivo. Nuestros ancestros ya cantaban y bailaban de un modo adaptativo (la música reunía a la sociedad primitiva, la unión hacía la fuerza, la fuerza es supervivencia).





¿Qué nos sucede entonces, para perder las capacidades musicales, para deshacernos de nuestra lengua musical? Esa lengua materna que poco a poco se va convirtiendo en lengua extranjera de la que ya no recordamos nada. ¿Qué nos puede suceder para ir contra natura?

Te lo anticipaba en la primera entrega sobre inteligencia musical: el prejuicio musical en el marco de la inteligencia musical. En esta entrada, comento de dos factores por los que dejamos de emplear la música como medio de expresión: el prejuicio al músico y la vergüenza


Entre la poca valoración que en nuestra sociedad se hace de la música y la vergüenza que nos da emplear este medio de comunicación, nos perdemos un importantísimo medio de expresión. 


Ya en las dos anteriores entradas te comentaba en qué consistía la inteligencia musical. Cuáles son las capacidades de los que la tienen altamente desarrollada. Pues bien, en esta entrada voy a hacer hincapié en lo que debemos hacer para ejercitarla, para poder dominar la lengua universal, nuestra lengua más materna.




Céntrate. Lo primero y más recomendable, elige tu estilo. ¿Qué quieres aprender? Géneros, tipos, subtipos, estilos, clases, etc., son típicos en el mundo musical. Fija un objetivo sobre el que te gustaría aprender.

Escucha. Escucha, escucha y vuelve a escuchar un tema que te encandile y busca en todos sus rincones. Cada pieza se escucha diferente cuando empiezas a apreciar sus matices. Interioriza los diferentes instrumentos según las audiciones. Ten oído de piano, de voz, ¡¡¡de bajo!!!

Explora. Sigue el ritmo con golpes en tu cuerpo, con palmadas, canta. No tengas miedo ni vergüenza. Si para aprender un idioma tienes que hablarlo, para aprender música debes cantar, bailar, tocar.

Vive. Ve a un concierto y canta. Sal a bailar. Siente la música de una película y asóciala a un estado emocional. Improvisa. Canturrea, en cualquier momento y situación.

Aprende. Empápate de literatura, de investigación en la red, de la música en sí misma.

Aprender música es como aprender cualquier idioma. Desarrollar tu inteligencia musical es aprender a vivir la música, a vivenciar desde dentro.





El lenguaje universal.

Los beneficios de la inteligencia musical son incontables. La música nos acerca a otras muchas inteligencias, pero es quizás, a la inteligencia lingüística, al prototipo de inteligencia que más se acerca. Existe de hecho una gran correlación entre la destreza musical y las destrezas lingüísticas. Pero esto es de sentido común. El desarrollo del oído musical (el cual veremos en posteriores entradas, se puede educar y no necesariamente es innato) nos faculta para la interpretación auditiva y posterior reproducción de diferentes lenguas extranjeras. De este modo, cuanto más desarrollado esté el oído, más fácilmente podremos adquirir una nueva lengua. 

El empleo de la música es esencial en los aprendizajes a largo plazo. Suele ser normal el recordar canciones de la infancia habiendo pasado muchos años sin interpretarlas. Asociado al aprendizaje, los avances en la enseñanza de un nuevo idioma son claros. La falta de registros en una nueva lengua precisa de la ejercitación del oído para reconocer timbres, entonaciones e incluso fonemas o grupos fonéticos que nos son ajenos. 

Esto, como comentaba en la anterior entrada que menciono más arriba, es chocante cuanto menos, si analizamos las políticas educativas en España durante los últimos años. La importancia que se le da a las lenguas (bueno, no a todas, quitando las autóctonas y otras que no consideran importantes. Es decir, inglés y poco más) es directamente proporcional al desmerecimiento que se hace de la Educación artística y más concretamente de la educación musical. Pero no hace falta que sea yo quien diga, que esto es una perogrullada. Como tantas otras que proponen aquellos a los que no les importa lo más mínimo la educación.

Pero esto no es todo. El aprendizaje de nuevos idiomas mediante la utilización de la inteligencia musical mejora la autoestima de los educandos y la motivación por el aprendizaje. La música nos acerca a los demás, mueve fronteras en su aprendizaje y en los de otras disciplinas. La música es nuestra lengua universal, nuestro esperanto.

Y con esta idea personal de la lengua universal, no tan bien redactada como lo haría mi admirado profesor Blanco, os dejo con esta escena de la película Copying Beethoven. Ambientada en los últimos años de vida del genio, cuando su sordera era más profunda. Para dirigir, tiene que recurrir a su alumna más aventajada, la cual se comunica con él mediante el lenguaje de la dirección orquestal. Un idioma que no tiene fronteras.





"En la mayoría de las áreas de desarrollo, los alumnos simplemente mejoran con la edad. En diversas esferas artísticas, sin embargo, los datos sugieren un grado de competencia sorprendentemente alto en alumnos pequeños, seguido de un posible declive durante los años intermedios de la escolaridad."

Howard Gardner.








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2 comentarios

  1. Hay prejuicios de todo tipo respecto a la educación musical, incluso sexistas, por ejemplo para algunas generaciones pasadas al menos en la sociedad argentina estaba el prejuicio de que estudiar piano era solo para niñas y si un varón lo hacía podía recibir muchas burlas, por suerte se ha avanzado bastante respecto a ese prejuicio. Pero como decís la educación en los colegios aún deja mucho que desear, aunque se enseñe música si no se lo hace de una manera estimulante y atractiva para los estudiantes jamás les despertarán interés por ella. Cuando yo iba a la escuela primaria una profesora nos enseñaba a leer música pero lo único que nos enseñaba eran canciones religiosas para cantar en misa, eran un embole total las clases y no era muy estimulante aprender de esa manera. Ya un poco después en el secundario tuve un profesor de música con el que tuve mucha más empatía, una vez por ejemplo nos pidió que hiciéramos un trabajo sobre los Beatles y Queen y yo fui el único de mi curso que lo hice (incluso recuerdo que llevé unos videos para ver en clase y al resto no les interesó para nada, mientras los veíamos le tiraban tizas a la pantalla). Y por supuesto que hay una gran correlación entre la inteligencia musical y la lingüística, mi gusto por los Beatles justamente empezó en mi adolescencia por un amigo de mi papá que me los recomendó para aprender inglés. Era un tipo muy culto y algo excéntrico (recuerdo que vivía en una casa redonda y hasta se hacía sus propios medicamentos), siempre le voy a estar agradecido y aún conservo los cassettes que me grabó de sus vinilos, ya en esa época la calidad de la grabación no era la mejor pero igual no impidió que me despertara totalmente pasión por la música.
    Bikos Elvi!

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  2. Totalmente de acuerdo y suscribo todas tus palabras. Fíjate, aquí el preuicio sexista también era llamativo y más concretamente con los niños!! Parece mentira que se considere algo que va mucho más allá del género como "algo sensiblón para niñas". Yo todavía lo veo a veces en mis clases, pero más relacionado con el baile. Te puede gustar más o menos, pero lo cierto es que todavía hay muchos niños a los que les de vergüenza bailar, pues lo consideran femenino o así se lo ha hecho creer la sociedad.

    Es genial encontrar a alguien que te destierra todos esos prejuicios, más cuando te enseña lo que es música como Beatles o Queen, cuyas letras son himnos que todo el mundo debería estudiar, pues forman parte de nuestra historia cultural.

    Gracias por pasarte por aquí y sobre todo por deleitarnos con esos comentarios, Benja!! Para mí hubiese sidfo un honor asistir a esa exposición sobre los Beatles! Insisto en lo del blog! Bikos!

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