EL AMOR DE PAREJA Y LA DISONANCIA COGNITIVA

Hay temas que generan una proliferación de ideas y teorías.
El amor de pareja es uno de ellos.
Siempre habrá tiempo
para quien se erija como gurú,
experto
o entendido
 de una de las mayores incógnitas
del ser humano.
Cómo funciona el sentimiento
más universal.
Por eso, antes que nada,
me gustaría explicar,
que más allá de los datos científicos,
 esta entrada es
una humilde percepción personal 
como ejemplificación del fenómeno
 a describir.

Vamos allá:


Lo he visto en multitud de ocasiones, tantas como yo misma lo he vivido. Miedo a amar, miedo a ser amado.

Se podría decir que es un mal de nuestros tiempos, una pandemia, una idea irrevocable que se ha extendido más allá de países, culturas, edades, clases sociales, etc. Seguro que sabes de qué te hablo.


No me interesa tener una relación en este momento. 
Todos los hombres son iguales.
Yo no quiero una mujer que me ate.
Con lo bien que estoy soltero.
Odio a los hombres.




Como consecuencia, parece una tónica general el hacernos los fuertes en aras de salvaguardar nuestro bienestar. Amar, viene siendo hoy por hoy, sinónimo de peligo, de que puedan herirnos y lastimarnos, de mostrarnos débiles ante los demás, de parecer vulnerables. Y parecer vulnerable en esta sociedad no está permitido.

Conductas tan antisociales o antipersona como tener relaciones con aquellos con los que sabemos de antemano que no tenemos un futuro, personas que sabemos nos herirán, o lo que es peor, herir nosotros mismos a nuestras parejas mediante desplantes, desprecios, faltas de respeto,... Un sinfín de maneras de boicotear nuestras relaciones. ¿Te suena? 

Pues si te has sentido identificado o identificada con una mínima parte de lo anteriormente dicho, esto es lo que tienes que saber: 

El ser humano siempre intenta que su conducta  sea coherente con sus creencias personales, con sus actitudes. Pero existen ideas en todos nosotros que no son consonantes con nuestras acciones. Estas situaciones nos hacen sentir incómodos, por lo cual tendemos a intentar que esas percepciones que tenemos de la realidad concuerden más con nuestras creencias. 

Este fue el gran descubrimiento de Leon Festinger,

(psicólogo social, 
discípulo de Lewin)

al que llamó "Disonancia cognitiva". Festinger, que fue pionero en estudios sobre la motivación humana, considera que la disonancia cognitiva es una de las motivaciones más vivas del ser humano. Pongamos algún ejemplo para entenderlo mejor.

Me he propuesto como objetivo
con el año nuevo ir al gimnasio,
pero me quedo en casa
viendo la televisión
y sintiéndome culpable por no cumplirlo.
También decidí hacer dieta,
pero me sobró turrón de chocolate,
así que me lo como sintiéndome mal
por fracasar una vez más en mis propósitos.
Igualmente,
me he propuesto dejar de fumar,
pero he tenido una reunión social, y,
ante los nervios,
me he fumado un cigarro.
Lo cierto, es que no me ha hecho sentir mejor,
pues ni me he dado cuenta al fumarlo,
y ahora me siento todavía peor,
por no conseguir ninguno de mis propósitos.



video


Hasta ahora tenemos una situación que nos hace sentir incómodos con nuestras creencias. Tenemos unos propósitos que no hemos logrado cumplir, lo cual genera malestar, sentimiento de culpa. La disonancia producida es psicológicamente incómoda, por lo que tratamos de reducirla para lograr consonancia, o bien evitamos situaciones en las que ésta pudiera aumentar.



Y me repito. Lo he visto tantas veces como lo he vivido, la disonancia en el amor de pareja.

Tantas veces una herida nos ha cerrado el camino para sentirnos seguros en el sentimiento amoroso. Tantas veces hemos salido lastimados que nos ha condicionado en seres que desterramos el amor de nuestras vidas, que incluso lo asociamos a lo más pueril y sentimental, ¡¡a lo ridículo, incluso!! Tantas veces nos ha salido mal, que acabamos detestando el sentimiento.

Pero, ¿queremos enamorarnos? ¡Ah! ¡Eso sí! Queremos. Siempre queremos. Es nuestra naturaleza, y nos vemos de repente empujados a caer en los remolinos del sentimiento. La montaña rusa. La vida apasionada, complicada, revuelta... El riesgo.

He ahí la gran disonancia. Queremos que nos quieran y querer porque ese sentimiento nos llena de vida, porque nos droga, nos vuelve locos y más jóvenes. Pero tenemos miedo. Miedo al fracaso, al rechazo, miedo a que nos hieran, a pasarlo mal. Por eso cuando decidimos dar el paso y mostrar una actitud positiva ante una relación, ésta choca con nuestras creencias previas y acabamos auto destruyendo los cimientos del sentimiento.

Y mientras tanto, millones de parejas no se encuentran, o sí, amparados en la disonancia cognitiva. Bendita disonancia, la que boicotea tus relaciones. Si. La que hace que tus creencias (recuerda al principio de la entrada: todos los hombres son iguales, yo no quiero a una mujer que me ate,...) choquen con tus actitudes (hoy le pedí el teléfono, un beso de película, te quiero,...). Benditas las inconsistencias, porque si las tienes y eres consciente de ellas, estás enamorado.




 


(Nota: la disonancia cognitiva suele relacionarse con los casos de maltrato y dominación de la pareja, pero me parecía interesante mostrar otra cara de la moneda. La disonancia del que quiere enamorarse pero se frena ante el miedo).
 




Y dedicado a la mayor disonancia con quien he tenido la suerte de toparme en esta vida:


Cualquiera en su sano juicio se habría vuelto loca por ti.


De Jane Austen, Orgullo y prejuicio.





Lo único que me duele de morir, es que no sea de amor. (El amor en los tiempos del cólera).
Lo único que me duele de morir, es que no sea de amor. (El amor en los tiempos del cólera).
Lo único que me duele de morir, es que no sea de amor. (El amor en los tiempos del cólera).
Lo único que me duele de morir, es que no sea de amor. (El amor en los tiempos del cólera).

4 comentarios:

  1. Un hombre que perdió a su esposa siendo aún joven, puede volverse filofóbico?

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  2. Hola, Marielen. Primero que nada, perdona por la tardanza. He tenido bastantes problemas con los comentarios en la página. Espero aceptes mis disculpas.

    Verás, en un primero momento querría decirte que si esa paersona a la que te refieres es algún familiar conocido o ser querido, lo mejor para solucionar este tipo de problemas es acudir a un especialista.

    Ahora en cuanto a tu pregunta te digo claramente que es obvio que podría darse el caso, en tanto en cuanto la filofobia suele ser resultado de grandes traumas no sólo en la vida adulta sino también en la niñez con relación a las relaciones personales.

    Espero haberte servido de ayuda y gracias por leer La atención selectiva.

    Saludos.

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